El Magazín Cultural

8 Dec 2018 - 2:00 a. m.

Antonio Miscenà, el hombre que camina por la música

JUSTO UN MES ANTES de que empiece el Cartagena Festival Internacional de Música, en su edición número XIII, el director general del evento recorre las calles de La Heroica para ultimar detalles.

El Espectador

Antonio Miscenà dice que disfruta mucho del clima de enero en Cartagena.
Antonio Miscenà dice que disfruta mucho del clima de enero en Cartagena.

En una calle del Centro Histórico de Cartagena camina tranquilamente Antonio Miscenà, pregunta en un puesto de lotería y el vendedor le dice: “Compra que ganas”, sonríe por aquello de que no es un hombre de suerte, es de realidades, de música, de espíritu y exigencia. Miscenà es el director general del Cartagena Festival Internacional de Música, que a partir del próximo 4 de enero realizará su XIII edición en La Heroica.

El encuentro fue para un café, fotos y lógicamente música. Es abierto, se ríe con facilidad y nadie imagina que duerme muy poco. Nació al sur de Italia y estudió música en el Conservatorio de Perugia, ciudad antigua, capital de la región de Umbría. Miscenà esta vestido de blanco, sus manos son delicadas y sus ojos brillan cuando habla del estilo clásico. Tiene una camisa blanca de lino y sobre ella un delicado chaleco en el cual resalta un segundo botón de color rojo.

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“Estamos aquí para promocionar un poco el festival, que todo esté listo: los preparativos, tomar contacto con las universidades y las instituciones para arreglar las últimas cosas”, sostiene a El Espectador mientras revisa unos papeles.

Su vida será, desde la primera semana de enero, la misma que supuestamente ha tenido en los últimos seis festivales de música que dirigido. Este año el tema central es la “Armonía celeste, el número, el sonido, la música”. Una edición que busca evidenciar la relación entre el pensamiento musical y la reflexión científica.

Decidimos caminar para hacer las fotos, dice que en el festival que se inicia en menos de un mes existen dos tipos de música. “En enero podemos tener dos festivales diferentes: el tradicional, entre otros con la Philharmonia Orchestra de Londres, la ópera, y también está un mundo de músicos que trabajan con la tecnología con una gran preparación, más abiertos a un mundo nuevo, un mundo del futuro que acerca más a los jóvenes”, manifiesta Miscenà.

Le gusta el pescado y el clima de inicio de año en Cartagena, diferente al caluroso diciembre que poco a poco da paso a las brisas y los vientos alisios que hacen que las noches sean frías. “El clima es muy agradable en enero para los que llegan a escuchar los conciertos; es favorable, es el ideal, no hay lluvia, la gente se puede mover sin problemas”. Y eso es muy importante para los diez días de música que tendrá Cartagena. Serán 35 conciertos, más de 363 artistas con obras de Bach, Mozart, Beethoven, Debussy, Stravinsky, Prokofiev, Gustav Holst, Béla Bartók y Philip Glass, entre otros.

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Le pregunté por el mar, las murallas y la ciudad colonial, que se vuelve un referente de la cultura musical en diversos escenarios cerrados y al aire libre como las plazas. Para Miscenà, Cartagena es fascinante, le gusta la arquitectura histórica posicionada en el Caribe. “La ciudad es más tranquila ahora, pero cuando la veo llena de músicos, periodistas y gente que le gusta el festival siempre es algo fascinante”. Afirma que con el mar a veces le va bien, otras regular, “estoy acostumbrado al Mediterráneo sobre todo al sur; el mar me gusta mucho, pero prefiero el mar Mediterráneo”.

El diálogo continuó con las obras que se presentarán, compuestas en períodos históricos diferentes, la conexión con la ciencia y los artistas que vendrán. A Miscenà, en su función de director, siempre se le ve atento y en los conciertos (antes y al terminar) por lo general habla con Julia Salvi, el alma del Cartagena Festival Internacional de Música.

En una entrevista con Gustavo Tatis, del periódico El Universal, comentó que la primera vez que oyó hablar de Julia Salvi fue en Italia, en el gremio de los luthiers y por medio de Víctor Salvi, su esposo, quien era uno de los más grandes guardianes de las arpas en el mundo. “En 2010, Julia Salvi lo invitó a Medellín, al Congreso Iberoamericano de Cultura, para que dictara una conferencia sobre su trabajo. Mi relación con América Latina empezó en Brasil, dice. Al culminar su conferencia, le preguntó a Julia Salvi, en broma, dónde estaba el mar. Y ella sonriendo le dijo que estaba muy lejos del mar. Allí nombró a Cartagena y le contó sobre el festival. Volvió a Italia y al año siguiente fue invitado a Cartagena con seis personas que lo acompañaban en su equipo técnico.

Dentro de poco, Cartagena tendrá en sus plazas y escenarios los conciertos, proyectos tecnológicos con música e imágenes, talleres de grabación de audio, conversatorios sobre la música y sus vínculos, como la matemática y la medicina, entre otras actividades, sin dejar la Ópera al Festival, con la presentación de Così fan tutte, de Wolfgang Amadeus Mozart.

Antonio Miscenà regresó al frío en Bogotá para los últimos detalles del encuentro; allí pasa entre partituras, cantatas, cuartetos, divertimentos, oberturas, sonatas, suites y variaciones. También pensará en sus viajes a Europa, ocasionalmente a la China y a su casa en Italia. Muy pronto volverá a Cartagena para seguir siendo el hombre que camina por la música en las calles de La Heroica durante el mes de enero.

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