3 Dec 2020 - 9:43 p. m.

“Balada para niños muertos”: una búsqueda que refresca a Andrés Caicedo

En entrevista con Jorge Navas, director del documental Balada para niños muertos, el realizador audiovisual habla sobre el vínculo que tiene su cine con Andrés Caicedo, sobre el por qué cree que el escritor permanece vigente y sobre la relevancia que tiene el Festival Internacional de Cine de Cali.

Juan Merchán

Jorge Navas es el director de "Calicalabozo" y "Balada Para Niños Muertos", dos historias inspiradas en Andrés Caicedo.
Jorge Navas es el director de "Calicalabozo" y "Balada Para Niños Muertos", dos historias inspiradas en Andrés Caicedo.

En un 2020 que no deja de ser paradigmático, los festivales de cine han atravesado un interesante ejercicio de comprensión de nuevas formas de exhibición y distribución. Los más reconocidos encuentros audiovisuales de Europa han pasado de organizar proyecciones, talleres y ruedas de prensa con cientos de invitados en sala, a desarrollar plataformas virtuales de una robustez tal que permita el acceso virtual a un similar número de espectadores. El desafío ha sido titánico y pocos festivales han querido asumirlo.

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El Festival Internacional de Cine de Cali, FICCALI 2020, ha enfrentado este reto de la virtualidad con el desarrollo de una plataforma oficial. Sin embargo, no ha querido dejar de ser fiel a su tradición de encuentro presencial, incluyendo así lugares emblemáticos de la capital del Valle del Cauca, como el Museo La Tertulia y el Parque de la Caña, para proyección y desarrollo de talleres con público en sala, bajo las medias de higiene necesarias.

En esta edición, que acertadamente ha sido etiquetada como #Cineparanuestrotiempo, la organización del Festival ha traído a la retina del público vallecaucano y nacional 56 películas, 45% de ellas realizadas por mujeres, en una apuesta contundente en medio del debate mundial por una presencia audiovisual más incluyente.

La apertura de este FICCALI 2020 fue el pasado 26 de noviembre con la película más reciente del director vallecaucano Jorge Navas, el documental Balada para niños muertos, una mirada nueva a la vida y obra de una figura insignia cultural de la ciudad: Andrés Caicedo. El Espectador habló con Navas sobre este documental y sobre qué aporte novedoso representa en cuanto al imaginario que ya tiene el país en torno al escritor caleño, muerto a los 25 años.

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Después del último documental de Luis Ospina (Todo Comenzó por el Fin), se habló de un cierre que culminaría las historias en torno al Grupo de Cali y, en cierta medida, en torno a Caicedo. Su búsqueda con este documental, ¿cómo enriquece la imagen que ya se tiene del autor?

Pareciera que todo sobre Andrés Caicedo, 42 años después de su muerte, ya se ha dicho, pero creo que también hay nuevas facetas, hay cosas nuevas para descubrir y entender. Es un personaje que a mí personalmente me asombra por la densidad y por la profundidad de temas en los que puede navegar, y, sobre todo, por la forma en la que se mantiene en la vanguardia. Desde los años 70, Caicedo sigue siendo un personaje vanguardia, un personaje muy interesante cada vez más por facetas diferentes.

Este documental aporta una mirada mucho más íntima de Andrés Caicedo, mucho más íntima a su familia, al contexto que lo vio nacer, al contexto que dio forma a su obra, y que ayudó a moldear su literatura y sus temáticas. Es un documental que se centra especialmente en el concepto del gótico tropical y cómo Caicedo ayudó a formar ese concepto sin proponérselo. Caicedo, a través de sus gustos por la literatura gótica, por el cine de terror, por la literatura de terror de H.P Lovecraft y la literatura gótica inglesa, junto con su vivencias en Cali, logró mezclar esos universos paralelos y generó una especie de Frankenstein que se llama gótico tropical, que es básicamente todas estas historias de fantasmas, muertes, monstruos y horror, pero en el trópico, en el sudor, en el calor, en la frontera con el mar, en la selva.

El documental también ahonda en ese mundo oscuro de su vida personal, de la muerte de sus hermanos y de su vida íntima, la relación con su madre y la violencia que rondaba en Colombia en el momento de su nacimiento.

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El documental contiene un gran material de archivo. Cuéntenos de su trabajo con ese archivo audiovisual.

El trabajo de archivo fue muy interesante. En un principio yo estaba muy preocupado porque creía que todas las imágenes de Andrés Caicedo ya se habían mostrado, pero realmente las imágenes cinematográficas, o de movimiento, que existen sobre Andrés son muy pocas, casi que un par. Hay una que no sale en el documental y que es una grabación que hizo Luis Ospina, y hay una que sí sale, que es muy conocida de Andrés Caicedo, con sus amiguitos, con sus angelitos empantanados, una imagen que muestra cuando trajeron la primera cámara de video al Teatro Colón, en Cali. En esa imagen aparecen la Rata Carvajal, Luis Ospina y Patricia Restrepo grabando a los amigos, a los niños, a los hermanos Lemos y a sus amigos en la casa de Ospina. En ese video hay un fragmento en el que sale Andrés Caicedo desnudo. Es una imagen de unos cuatro segundos, una imagen muy fragmentada, muy rápida, un paneo por su cuerpo. Y no hay nada más, no existen más imágenes en video. En cuanto a las fotos, la mayoría son muy conocidas. Entonces mi objetivo fue indagar la existencia de más imágenes audiovisuales sobre Andrés Caicedo. Fue gracias a Rosario Caicedo que tuve acceso a nuevas imágenes que no habían sido publicadas, imágenes de la familia y de sus padres, imágenes de contexto.

En 1997, yo hice una película que se llama Calicalabozo, sobre Andrés Caicedo, y su familia decía que el actor que lo representaba era asombrosamente parecido físicamente a él, parecido en la longitud de sus dedos, en sus manos, su forma de caminar, su tono corporal. Entonces es muy interesante que yo, al no encontrar imágenes para hacer esta película de Andrés Caicedo, recurriera a mi propio film, así como a esas imágenes de Caicedo actuadas y grabadas en 1997. Y es aún más interesante que la gente hoy, 23 años después, cree que esas imágenes son del Andrés Caicedo real.

Por otro lado, también utilizamos el álbum y el archivo familiar. Andrés dejó unas cartas escritas, entonces trabajamos escaneando esas cartas. Eran documentos originales hechos a máquina de escribir o mimeografiados. Trabajamos con todo el material que hablara del universo Andrés Caicedo, desde las revistas de ojo al cine originales, como los archivos de Rosario Caicedo, Luis Ospina y Sandro Romero Rey, y también material obtenido de nuestra investigación. Y, aparte de utilizarlo, también lo animamos, jugamos mucho con el movimiento y la animación de las fotografías, con la animación y el sonido de la máquina de escribir. Todo esto genera una sensación de manejo de archivo de varias capas y de cierta complejidad, que enriquece bastante el documental.

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¿Cree usted que hay una deuda con el Andrés Caicedo crítico de cine?

No sé si hay una deuda. Creo que de hecho el crítico del cine más conocido en el país, el más popular, puede ser Andrés Caicedo, porque se han sacado libros voluminosos que compilan sus críticas, como el mismo Ojo al Cine, en tres ediciones. No recuerdo que ese tipo de compilaciones se haya hecho con algún otro crítico del país. Y es gracias a estos libros que Caicedo tiene una amplia visibilidad. Son libros que se han publicado en décadas diferentes, en momentos diferentes y que siempre se han vendido muy bien. Entonces, en ese sentido, creo que Andrés Caicedo cada vez se vuelve más contemporáneo y crítico. Además, Caicedo tiene una gran importancia al ser uno de los primeros cine clubistas en Colombia, uno de los primeros en fusionar la alta cultura con la baja cultura, en fusionar el cine de serie B con el cine de los grandes autores del intelecto cinematográfico. Me parece que su mirada crítica, su forma de escribir, que era tan emocional, tan en primera persona, tan subjetiva, tan vinculada a la narrativa literaria, es muy deliciosa de leer, muy interesante. Creo que genera un estilo que está a la altura de cualquier otro crítico de cine de la historia del país.

Su primer largometraje fue la adaptación de Calicalabozo, el libro de cuentos de Caicedo. En su cortometraje Alguien Mató Algo se podría ver también una influencia del aspecto gótico del escritor caleño. En este sentido, ¿ve usted en la cinematografía vallecaucana contemporánea una influencia de la obra literaria y el imaginario que representa Andrés Caicedo?

No podría afirmar que hay una influencia fuerte de la obra de Caicedo en la cinematografía vallecaucana. Digamos que sí hay directores tan importantes como Luis Ospina y Carlos Mayolo que hicieron sus obras a partir de guiones escritos o de ideas planteadas por él. Carne de tu Carne fue una idea de Andrés Caicedo en la que se basó Mayolo. Lo mismo sucedió con Pura Sangre, cuya idea de base la dio Andrés Caicedo. Y después está Todo Comenzó Por El Fin y Unos Buenos Pocos Amigos, documentales que hizo Luis Ospina.

Luego vienen mis películas Calicalabozo y Balada Para Niños Muertos. Después está Qué Viva La Música, de Carlos Moreno. Todas estas obras están directamente vinculadas a la cinematografía vallecaucana y tienen influencia directa de Caicedo. En mis otras películas, Alguien Mató Algo y La Sangre y La Lluvia, también hay una influencia caicediana.

Sin embargo, no hay muchos directores contemporáneos que estén explorando el tema de Caicedo. Soy consciente que hay una necesidad de dejar el mito atrás para que nazcan nuevos. El problema es que esos nuevos mitos no han nacido, no se han formado, no han encontrado orgánicamente un nuevo camino. Entonces el mito que más se ha mantenido estable, y el mito más poderoso, es el de Andrés Caicedo. Y ahí seguimos haciendo cosas. Entonces creo que inevitablemente que, seamos conscientes o no, la cultura que ayudó a construir Andrés Caicedo en el cine aún tiene una influencia en el Valle y en Colombia.

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¿Por qué cree que los jóvenes siguen leyendo la obra de Caicedo? ¿Cuál considera que fue su aporte a la literatura nacional?

Luis Ospina dice en mi película que Caicedo era un escritor de la juventud, un escritor de la complejidad y lo trágico que puede ser el tránsito de pasar de niño a adolescente y de adolescente a adulto. Él era un escritor que hablaba de todos los traumas que puede haber en una sociedad. Entonces, al ser un escritor de los jóvenes, al ser un escritor de esa etapa de transición que casi siempre es universal, su obra siempre está hablando en un código que la gente quiere escuchar, quiere leer y que los jóvenes siempre van a buscar.

Asimismo, Caicedo también ahonda en temas mucho más complejos como el suicidio, la droga, la música, la muerte, la violencia y, como vemos en el documental, en el terror, en la literatura de terror y su constante vínculo con el cine. Yo creo que estos son temas que le interesan a una gran parte de la población.

También hay que resaltar que Caicedo era un gran cronista de los años 70, de lo que estaba pasando en ese momento de cambio en Cali, en Colombia y en Latinoamérica. Era ese un momento donde todavía se respiraban algunas utopías y donde todavía había transformación, libertad, vanguardia, experimentación. Hay una nostalgia por esa época, hay una nostalgia que sigue siendo interesante, una nostalgia que se busca emocional e inconscientemente.

Por último, creo que Caicedo tiene un valor muy grande en la literatura al ser de los pocos escritores en Latinoamérica, y en el mundo, que planteó a una mujer como protagonista de una novela (hablando de Qué Viva La Música), una mujer en primer plano y que lleva la narración. Hay muy pocos ejemplos de otros intentos de este tipo de relatos en la literatura de esa época.

Usted ha estado cerca del Festival Internacional de Cine de Cali. Cuéntenos de la importancia que este tiene para la ciudad y el país.

Yo creo que el Festival de Cine de Cali tiene una gran importancia para la ciudad por dos motivos: Primero, el festival sigue con esta tradición tan fuerte que tiene Cali culturalmente con el cine, y su Caliwood me parece una tradición casi paralela a la historia de la salsa. Es una tradición con un ADN muy fuerte, por eso no es gratuito que el término Caliwood siga rotando y rotando. Este no se desvanece porque cada vez se alimenta más con nuevos directores, con gente de la industria y con nuevas propuestas. Mantener eso vivo a través del festival de cine me parece que es muy importante para los procesos de la ciudad.

Segundo, me parece que el festival es importante a nivel nacional y a nivel latinoamericano, ya que es de los pocos certámenes que le apuestan fuertemente a la experimentación, a la búsqueda, a la vanguardia, a las nuevas formas narrativas del cine, sin ningún tipo de temor. Esa era la intención y el espíritu que Luis Ospina le estaba dando al festival: buscar en el cine el espíritu más puro y permitir las amplias posibilidades que tiene el cine como narración, como arte, como forma, como estilo. Hay pocos festivales en Colombia y en Latinoamérica que tengan esas mismas búsquedas.

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