Publicidad

Bertolt Brecht, un martillo para darle forma al teatro (Políticamente artistas XVIII)

Los textos de las obras de Bertolt Brecht fueron echados al fuego en varias ocasiones, sobre todo durante el régimen nazi. Sin embargo, lo sobrevivieron a él y sus tiempos, y la dramaturgia se nutrió de ellos, de sus conceptos y propuestas.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Fernando Araújo Vélez
26 de abril de 2026 - 09:41 p. m.
Bertolt Brecht en 1937. Fotografía de Fred Stein (1909-1967) quien emigró en1933 de la Alemania nazi a Francia y, finalmente, a EE. UU.
Bertolt Brecht en 1937. Fotografía de Fred Stein (1909-1967) quien emigró en1933 de la Alemania nazi a Francia y, finalmente, a EE. UU.
Foto: Picture-Alliance/AFP - Fred Stein
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Apenas se había iniciado “La decisión”, traducida también como “La toma de medidas”, una de sus primeras obras, cuando la policía alemana entró en el local en el que se representaba y a punta de amenazas, palos e insultos, sacó al público y lo obligó a irse a casa. Bertolt Brecht, quien había escrito que su creación era un “intento de utilizar una pieza didáctica para familiarizar una actitud de intervención positiva”, empezó a comprender entonces que la Alemania que había conocido jamás volvería a ser la misma, y que Adolf Hitler, el hombre que acababa de ser nombrado Canciller y cuyo partido había obtenido más del 43 por ciento en las elecciones federales del país, era realmente un peligro. Con el tiempo, la obra de Brecht fue prohibida por los soviéticos y también por los alemanes.

Algunos críticos vieron en ella una apología del totalitarismo y de los asesinatos en masa. Según el historiador suizo Herbert Lüthy, y muy a pesar de la idea que se había multiplicado a su alrededor, “Brecht no se sentía atraído por el movimiento obrero —con el que nunca estuvo familiarizado— sino por una profunda necesidad de autoridad total, de sumisión total a un poder total, la Iglesia inmutable y jerárquica del nuevo estado bizantino”. De alguna manera, la herencia que había recibido de su madre y de algunos de sus antepasados hacían que la definición de Lüthy no fuera tan absurda. Por un lado estaba su padre, Berthold Friedrich Brecht, quien se había educado en una familia católica, con sus respectivos rezos, la asistencia a la liturgia de los domingos y su sentido de culpa.

Lea aquí: Historias y mitos alrededor de Manuel y Antonio Machado

Luego, ya de adulto, había ascendido dentro del mundo de la producción, del comercio, de la acumulación y sus prácticas, que eran las tácticas del más puro capitalismo. Por el otro lado estaba su madre, Sophie Brecht, también católica, convertida el pietismo, y quien les leía la Biblia a sus hijos todas las noches. Brecht tenía a su disposición las historias bíblicas y las de los clásicos alemanes que su padre había ido adquiriendo o heredando de su padre. Cuando no leía, jugaba al ajedrez o tocaba el laúd. Estudió sus primeros años en Augsburg, y luego ingresó en el Gymnasium, donde terminó su bachillerato y donde empezó a escribir. Primero, con notas dispersas, e incluso, con comentarios patrióticos. Luego, con un contenido algo más político y menos nacionalista.

Unos cuantos de sus escritos fueron publicados en la prensa local, y en folletos editados en imprentas clandestinas. Sin embargo, Brecht dejó de enviar sus trabajos a los diarios. La guerra, que luego sería llamada la Gran Guerra, y después, la Primera Guerra Mundial, era el único tema del que se hablaba. Para Brecht, el orgullo patrio de sus compañeros no tenía mayor sentido. No creía en las fronteras, o prefería no hablar sobre ellas, pero le afectaba la muerte de miles y miles de combatientes de un lado y del otro a quienes habían convencido de que un fusil y matar podían ser la solución a conflictos que se habían generado desde arriba y de los que en realidad ellos no tenían mayor conocimiento. No consideraba heroico que alguien diera su vida por aquello que llamaban patria.

Ni siquiera consideraba que fuera heroico ir a una batalla y creer que la razón estaba del lado de los poderosos, y menos, que fueran poderosos porque tuvieran más armas que su enemigo. Unos años más tarde, escribiría en “Pequeño órganon para el teatro, que “Nuestras representaciones de la convivencia humana están destinadas a […] los revolucionarios de la sociedad, a quienes traemos a nuestros teatros y a quienes rogamos que no olviden, cuando estén con nosotros, sus joviales intereses, con el fin de confiar el mundo a sus cerebros y a sus corazones para que lo transformen según su criterio”. Ante todo, Brecht le apuntaba a los cerebros, a la razón. Creía que el arte iba más allá, mucho más allá del entretenimiento, y que era un factor decisivo para la transformación del ser humano y de la sociedad.

Conozca más: Kiran Desai, invitada de honor a la FILBo: “Pasé 20 años sola sin darme cuenta del tiempo”

Según escribió Siham El Khoury Caviedes en un artículo publicado en el portal Tierra Adentro, “Brecht y el teatro altamente político”, “Aunque varios pasajes del ‘Pequeño órganon para el teatro’ parecerían indicar que Brecht está en contra de la identificación con los personajes en general, debemos ser más precisos. Brecht se opone específicamente al tipo de emotividad que podría impedir el ejercicio del pensamiento crítico, ya que, para él, la finalidad de su trabajo es la transformación, no la contemplación. En otras palabras, no se busca que el público “viva” momentáneamente la puesta en escena, sino que se enfrente a ella y razone. De hecho, la intención de conectar con la audiencia es notoria en algunos de los recursos de la obra didáctica, como el derribamiento de la cuarta pared”.

Su recurso era esencial para quebrar la ilusión del público, y por lo tanto, fomentaba “el pensamiento crítico y la acción política del espectador”. En más de una ocasión, Brecht criticó la forma pasiva en la que las audiencias se enfrentaban a la dramaturgia y su puesta en escena. “Esta gente no parece estar allí para hacer algo”, decía, “sino para que ‘se haga algo con ella’”. Con cada día transcurrido, Brecht era más enemigo de aquellos que hacían con los demás lo que les convenía, y de alguna manera, también responsabilizaba a los alienados por permanecer en su estado de eterno entretenimiento. La diversión, la fiesta, el estruendo, los juegos pirotécnicos, las drogas y el alcohol, la música comercial y las películas románticas y el cine de ocasión y los chistes ramplones eran la mejor manera de alienar al pueblo y de controlarlo.

Como dijo y diría siempre, “Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos del general, y crece el silencio de los hombres”. El silencio de los hombres estaba marcado por la diversión. Por las emociones. Aunque hablaran y discutieran sobre una obra, iban en silencio, pues la obra los alejaba de los pensamientos trascendentes. Él no pretendía hacer un arte que reflejara a la sociedad, y menos, a una sociedad concebida y fabricada por los altos poderes, “sino un martillo para darle forma”. Su martillo era el teatro, las palabras, las actuaciones, el escenario, los silencios. El martillo, en últimas, rompía con lo establecido para que surgiera el pensamiento. “¿Qué tiempos son estos en los que tenemos que defender lo obvio?”, se preguntaba.

Le sugerimos: “Hay que lograr que nuevas generaciones entiendan que nuestra historia tiene 14.000 años”

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.