El World Press Photo premió este jueves varios trabajos en América Latina, firmados en su mayoría por fotógrafos locales, que documentan desde las masacres policiales en Brasil hasta el ritual afrodescendiente en el Pacífico colombiano, pasando por los agrotóxicos argentinos y el colapso climático en México.
Los trabajos premiados trazan un mapa de urgencias en la región: la violencia ejercida por el Estado contra sus propios ciudadanos, el coste humano de modelos económicos, la crisis climática que ya desplaza a millones de personas y, frente a todo ello, comunidades que resisten desde la cultura, la fe y la memoria.
Los trabajos de los dos colombianos se enfocaron en dos realidades del país. Ever Andrés Mercado Puentes, quien además trabajó en el pasado en El Espectador, presentó una fotografía de uno de los rituales de la comunidad de Juntas en el Pacífico colombiano. Ferley A. Ospina, por su parte, exploró el peso de la ausencia paterna en las mujeres de su familia extensa, en un país con la mayor tasa mundial de madres solteras.
“Manacillos: un regreso a la vida”, de Ever Andrés Mercado Puentes
El fotoperiodista afrodescendiente oriundo de Buenaventura fue anunciado como uno de los ganadores de esta edición del World Press Photo por su trabajo titulado “Manacillos: un regreso a la vida”.
“Esta historia hiperlocal destaca la celebración festiva de la comunidad afrodescendiente de las Juntas a orillas del río Yurumanguí. Procedente de la cercana ciudad de Buenaventura, el fotógrafo arroja luz sobre una narrativa culturalmente significativa que a menudo se pasa por alto. Mediante un acceso privilegiado y una cuidada selección de imágenes, el trabajo demuestra respeto y dedicación, capturando la reverencia de la Junta por su herencia y narrando una historia de resistencia y resiliencia. El proyecto constituye un importante registro antropológico de una población históricamente silenciada”, determinó el jurado.
La obra de Mercado Puentes retrata uno de los rituales de la comunidad afrodescendiente de Juntas de Yurumanguí en el Pacífico colombiano. A la comunidad solo se puede acceder con un viaje en bote de una hora y el ritual retratado, la Fiesta de los Manacillos, es una tradición que se realiza durante Semana Santa.
Esta festividad también es celebrada en las veredas de San Antonio, Veneral y San José, y en el barrio de migrantes yurumanguireños Punta del Este, de Buenaventura, con el nombre de Fiesta de los Matachines. Según la investigadora, socióloga y especialista en Cultura de Paz y Derecho Internacional Humanitario, Solange Bonilla: “El ritual es una herencia de sus antepasados esclavizados en el que se recrean creencias católicas con elementos de religiones tradicionales africanas; en él se reencuentran vivos y muertos en un tiempo-espacio liminal y, por consiguiente, posee una fuerte carga simbólica y emocional que obliga a los participantes a proteger el territorio en sus planos físico, social y espiritual, es decir, se constituye en un vehículo para hacer frente al control que imponen los armados”.
“Nombrar la ausencia” de Ferley A. Ospina
La fotografía por la que Ospina recibió el premio del World Press Photo se titula “Nombrar la ausencia” (Name the absence).
Según el jurado: “Este proyecto explora la ausencia paterna, creando una narrativa íntima y profundamente emotiva. Mediante una fotografía poética y lírica, las imágenes transmiten con sutileza y fuerza una intensa sensación de aislamiento y tristeza, haciendo tangible la ausencia sin necesidad de explicaciones explícitas. El proyecto funciona como un diario visual personal, que ejemplifica la fuerza del fotoperiodismo como herramienta para explorar, a la vez, historias personales y universales”.
Ospina, quien se radicó en Cúcuta, retrató a Valeria, una niña de 5 años en el Norte de Santander, quien juega tras una cortina en la casa de su tía, mientras que su madre soltera está a cargo de su crianza. “El fotógrafo y su familia viven esta realidad no como una estadística, sino como una herida recurrente. En 1999, el padre de Ferley Ospina fue asesinado en la región fronteriza de Norte de Santander, lo que lo obligó a huir con su madre. Al fotografiar a las mujeres de su familia, Ospina busca comprender el peso de la ausencia y el impacto sistémico y personal de crecer sin sentirse completo”, escribió la organización World Press Photo.
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