8 Feb 2019 - 5:24 p. m.

Darío Jaramillo: “No creo que la poesía nos haga moralmente mejores”

El poeta antioqueño participará en el Festival del Parque 93 con un recital de poesía, el domingo 10 de febrero, a las 3:00 de la tarde.

Andrés Osorio Guillott

Había escuchado y observado a su papá leyendo los poemas de Lope de Vega, uno de los poetas más importantes del Siglo de Oro español, recordado no solo por su poesía, sino por su apoyo a varias expediciones militares en las que, seguramente, vio lo aciago de su tiempo para escribir sobre ello. Y de esos instantes que podrían pasar inadvertidos como pasamos todos de incógnitos en la hora pico entre el gris de un cemento que se derrite con el ruido del tráfico y lo opaco de los edificios bancarios, surgió una imagen que Darío Jaramillo asumió como semilla, como aurora de un trasegar entregado a las letras.

El poeta antioqueño, que ha escrito antologías poéticas como Del amor, del olvido, Razones del ausente, Cuánto silencio debajo de esta luna y novelas como Cartas cruzadas, Memorias de un hombre feliz o La voz interior, y que ha ganado premios entre los que se destacan el Premio Nacional de Poesía 2017 y el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, ha entregado su quietud, su silencio y su angustia por el tiempo a las letras, a las rimas y a toda una narrativa que suplica una comprensión de las dimensiones que nos abordan, nos afligen y nos determinan en cada luna y en cada primavera.

“Me gusta oír el escándalo de mi voz, forjando palabras que se pierden en los remolinos del viento. Me gusta besar, abrazar y alcanzar el corazón de todos los hombres con mis brazos. Me gusta ver entre los árboles el juego de luces y de sombras cuando la brisa agita las ramas. Me gusta sentirme solo entre las multitudes de la ciudad, en las estepas y en los flancos de la colina”. Cuando Darío Jaramillo leyó El canto a mí mismo, de Walt Whitman, sintió una libertad que solo surge de los versos que expulsan lo más excelso de los seres humanos. De El canto a mí mismo y del verso como canto de Jaime Jaramillo, Darío Jaramillo, que no es familiar del primero, pero sí cómplice de las rimas y los sonetos, entendió que la estética de las palabras aumenta cuando estas poseen una consonancia, una armonía, un canto que embellece la entonación del lenguaje. Su verso, tan melódico como la música que siempre ha admirado, lo ha acompañado en su añorada quietud y su excelsa soledad.

¿Cuál podría ser la canción o el cantante que le evoca a usted la poesía?

Muchos. Laserie cantando Hola, soledad. Gardel cantando El día que me quieras. Bola de Nieve cantando Vete de mí. Tito Rodríguez cantando A mi me pasa lo mismo que a usted. Lara cantando Piensa en mí. Toña la Negra cantando Cenizas. Goyeneche cantando La última curda. Podría seguir … José Alfredo cantando cualquier cosa.

Si pudiera convertir un poema suyo en una canción, ¿con qué cantante le gustaría interpretarla y qué poema sería ese?

Calamaro, Daniel Santos, Celia, Goyeneche, Bola. Y que ellos escojan el poema.

¿La quietud es sinónimo de reflexión? ¿Cree que la sociedad debe asumir la quietud no como un escenario de sedentarismo, sino como una oportunidad de hacer una pausa y reflexionar sobre el afán y la inmediatez que impera hoy?

La quietud es indispensable como antídoto contra la prisa. Y también para no hacer nada.

¿El afán y el posible caos han sido percepciones del tiempo desde siempre? ¿Cómo la poesía y las letras ayudan a apaciguar estas sensaciones?

Mi obsesión principal es el tiempo. Me ocurre que no lo entiendo. Y sí, me puedo salir de la conciencia del tiempo mientras leo y mientras duermo.

¿Qué libros lo han acompañado a lo largo de su vida en sus viajes y en los instantes de soledad?

Muchos y por diversos motivos. Por ejemplo: siempre que estoy oxidado y no logro escribir, leo a John Barth, que es capaz de inducirme de nuevo. Nunca me ha fallado. Por ejemplo: cuando temo que me voy a aburrir mucho en un viaje, llevo algo de Poe o de Stevenson o de Dickens. Por ejemplo: cuando quiero leer un poema que siempre me dice cosas distintas, todas sobre mí: leo las Elegías el Duino, de Rilke.

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¿Qué rol prefiere usted, el de oyente o el de hablante?

El de oyente.

¿Admira más el poder de la palabra o el poder del silencio?

El poder de la palabra es el poder del silencio. El poder del silencio es el poder del silencio. ¿Me explico o me quedo callado?

¿Cree usted que hemos perdido el valor de lo romántico? ¿Deberíamos volver a escribir una carta y no conformarnos con lo impersonal de las redes sociales?

No participo en ninguna red social. Solo escribo correos electrónicos. Y en este siglo no he recibido ninguna carta.

¿Qué le genera nostalgia y qué le genera esperanza?

No sé contestar a esa pregunta. Y me temo que es porque no soy nostálgico y no tengo demasiadas esperanzas.

¿La poesía nos puede ayudar al perdón y a la reconciliación?

Debería, pero no estoy seguro. No creo que la poesía nos haga moralmente mejores. Se supone que quien ama la poesía cree en los poderes de la palabra. Si es así, en algo debería ayudarnos. Pero no estoy tan seguro.

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¿Por qué un elemento tan importante como la memoria se va volviendo frágil?

Porque el principal defecto de la cultura actual es centrarnos en el instante presente. Nos enteramos de las cosas mientras ocurren. Somos esclavos de la moda de hoy. Los sistemas de información nos abruman con millones de noticias que derogan las anteriores, hasta que quedamos reducidos al instante actual, que tampoco vale porque acaba de pasar. Y así siempre. Ya no hay pasado. Ya no hay futuro. Solo un frágil presente que cambia y nos cambia a cada fracción de instante.

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