
David Manzur tiene una carrera artística de más de 70 años. Sin embargo, comenzó a dibujar desde mucho antes. Su obra ha sido exhibida alrededor del mundo y en varias instituciones. Con casi 97 años, el artista cumplió una de sus metas: conquistar París con una exhibición individual.
“Evolución” fue el nombre que le dieron a la muestra y reúne 19 obras, entre pinturas y dibujos, en el Palacio de la Industria. Las pinceladas y trazos de Manzur que se pueden apreciar en la muestra cubren un periodo de tiempo que va desde aproximadamente el 2019 hasta la actualidad.
“Manzur ancla deliberadamente su obra en el linaje de los antiguos maestros, canalizando la brillantez renacentista de Masaccio y Piero della Francesca. Entreteje la luminosa solemnidad y el realismo disciplinado de visionarios del barroco español como Velázquez, Zurbarán, Murillo y Sánchez Cotán. Sus lienzos también juegan con los trucos ilusionistas de realistas estadounidenses del siglo XIX como Harnett y Peto”, describió el curador italiano Eugenio Viola en uno de los textos del catálogo de la muestra.
Viola también mencionó que no hay edad ni para apreciar ni para crear arte. David Manzur sirve como ejemplo de esta afirmación, pues con 96 años, que pronto serán 97, el artista ha mantenido su rutina de creación visitando su taller cada noche, donde trabaja en ocasiones hasta la madrugada.
Hablemos sobre la exhibición que actualmente presenta en París.
La verdad es que yo toda la vida había tenido en mi mente exponer en esa ciudad que es la meta de todo artista por muchas razones históricas. Me siento muy honrado de tener mis obras en el Palacio de la Industria, donde también expuso Marie Curie y los hermanos Lumière presentaron las primeras películas que se hicieron en el cine. Con este antecedente y, además, por la importancia de ese lugar en la cultura francesa, me enorgullece tener mis cuadros ahí. También conté con un equipo maravilloso que realizó el montaje. Se lo debo a Edwart Vignot, Stanislas Couzi-Betancourt, Eugenio Viola y su equipo, a quienes he seguido en el proceso a través de una pantalla. Por la situación que atraviesa Francia en este momento, pensé que no iba a ir nadie, pero me llevé una sorpresa cuando vi la sala llena. Siempre he querido mostrar mi obra unificada por un concepto y tema que muestren lo que fueron los últimos meses de trabajo.
¿Cómo fue la experiencia de gestionar la exhibición de manera virtual?
Eso se lo debo a Felipe Achuri, porque él se dedicó con Stanislas a montarla en París, junto con todo el equipo que estuvo involucrado. Por video los he visto trabajando y el montaje fue impecable, tan impecable que creo que es el mejor montaje que he tenido en toda mi carrera.
Varias de las obras presentadas en París son muy recientes. Cuéntenos sobre ellas.
Para mí la música es esencial. Entonces, tenemos cuatro cuadros que son cuatro damas jugando con un laúd, que es un instrumento medieval. Luego tenemos la versión de un caballo, que ha sido siempre uno de mis temas favoritos. También está la temática de San Jorge y el dragón. Y los toros, que, en mis obras, son como una especie de acusación por ese trabajo tan irracional que es una corrida, por eso uso el negro y el rojo como elementos para estas obras.
¿Por dónde empieza a crear una obra?
El proceso es muy sencillo. Por ejemplo, el otro día, oyendo música, escuché el “Ave María” de Verdi. No sabía que tenía uno, pero fue tan lindo ver el conjunto de mujeres con su libro cantando que se me vino a la mente pintarlas. Hay algo realista en sus manos y libros, pero sus caras desaparecen porque para mí la historia se cuenta solamente en los brazos y no en lo demás. Son como unos fantasmas. En cuanto a San Jorge y el Dragón, siempre los he ubicado en mi pueblo natal, que es Neira. Imagínate, no solamente ahora, sino en el trayecto de mi carrera, es muy común ver a San Jorge en Neira. A estos personajes míticos, casi renacentistas, que yo transformo en fantasmas, los pongo en un pueblo imaginario que está más allá del arco iris y que se llama Neira.

¿Por qué dice que Neira está más allá del arcoíris?
Yo nací en Neira, pero nunca viví ahí. Fui como un extraño años después y decidí pensar que sería el escenario perfecto para ubicar esa leyenda de San Jorge. Ahí está el precedente de que, cuando estaba en África y había arcoíris, mi madre me decía: detrás está Colombia y en Colombia está Neira. Esa frase la usé en una forma metafórica para ubicar a San Jorge y el dragón cerca de la casa donde yo nací.
La muestra en París se llama “Evolución”. ¿Para usted qué significa esa palabra?
Es sencilla porque en los últimos años hice una especie de reacción contra mí mismo. En vez de seguir ese tema de formato pequeño, me metí con formato grande, por lo que me vi obligado a cambiar y afrontar problemas distintos que ahí voy más o menos dominando, pero nunca del todo. Pienso que nunca he logrado lo que quiero completamente. Mi evolución va para allá. Vamos a ver hasta dónde llego.
¿Cómo describiría su evolución, desde los primeros dibujos que realizó hasta ahora?
Los primeros dibujos que yo hice no tenían un fin propiamente estético. Dibujaba barcos y aviones, pero como estaba en África, también me dediqué a dibujar animales. Tal vez ahí comenzó la evolución; el dibujo requiere cierta maestría, en el contacto y el ritmo de la mano. Dibujar no es solo rayar; es un movimiento como de danza en la mano, en el cual yo voy en el aire y el trazo que queda es el que va dando forma. A veces es accidental y de pronto veo que vale la pena, porque me pego de ahí y sigo, y lo resuelvo para que sea más completo y legible.
Esos trazos y primeros dibujos de aviones y animales, ¿cómo se convirtieron en los temas que ha abordado a lo largo de su carrera?
Detrás de eso hay una vida llena de problemas. Yo estaba en África. Por mi edad, puedo hablar de la guerra civil española, de la guerra mundial, todo esto en cierta manera incidió en mi mente. No pensaba que me iba a expresar en el mundo del arte. Ante todo, mi mente siempre era defensiva, más bien. Porque, además, tuve que estar en un colegio en Canarias que era como una cárcel, a pesar de que se portaron muy bien conmigo. Ante todo, siempre traté de defenderme e intentar salir de ahí. Cuando terminó la guerra, volvimos a Colombia, a Neira. Ahí retomé la conciencia de que el trabajo del arte es eminentemente mirar para resolver. Ahí nació el David Manzur pintor.
Hace unos años, cuando le pregunté qué era el arte, respondió: “El arte es lo inútil”. ¿Esa definición se mantuvo o ha cambiado?
El arte es una palabra muy abstracta. No se define. Eso de que el arte es la belleza no es cierto. Muchas veces lo negativo de la vida se puede convertir en arte según el criterio, la sensibilidad y la cultura de quien ve. Hemos visto cómo se ha podido transformar el aire, solo vacío, una exposición de ocho metros cúbicos de viento y vacío convertidos en arte, el mismo excremento convertido en arte, trazos increíbles y roturas. En los aspectos conceptuales hay muchas posibilidades que son válidas y son arte. No es ese concepto general que dicen las tías de uno de arte: qué tan divino, tan divino; no, nada de eso. Generalmente uno le huye a esa parte y busca siempre la esencia, y la esencia no siempre es muy grata.
Ha hablado sobre una búsqueda de la perfección y ha afirmado que no ha logrado lo que quiere. ¿Hacia dónde diría que lo está llevando esta travesía?
Es muy extensa esta pregunta. Es una evolución constante, no una conformidad. Siempre creo que puedo ser mejor, que algo faltó en cada cosa que hago, y entonces la mente siempre está trabajando. En este momento, que estoy llegando casi a los 97 años, sigo como si tuviera 20 pensando en cómo voy a evolucionar más adelante en lo que estoy haciendo. Si me preguntan: ¿qué es lo mejor que he hecho? Diría que todavía no lo he hecho. Tal vez lo vaya a hacer, pero sé que lo que mi mente quiere nunca va a llegar.
¿Cómo se ve eso que quiere hacer en su mente?
Es muy complicado. Yo, en el fondo, no pienso mucho; si lo hiciera, creo que me frenaría, porque hay una parte del arte que uno no sabe por qué surge. Por ejemplo, cuando veo que ha llegado a un cierto momento, me parece que la obra me dice: "no me toques más", pero en el fondo yo quedo con ganas de seguir. Sin embargo, como siempre lo he dicho, el público que ve mi obra es el que la termina.

¿Cómo ha cambiado su relación con el color a lo largo de su carrera?
Mi paleta de colores no es muy extensa; generalmente uso solo dos o tres colores y, por eso, estoy más ligado al blanco y al negro como base. Tan es así que cuando hago un cuadro hay una especie de grisalla, es decir, todo el formato en gris, y sobre él pongo el color necesario, y generalmente le doy importancia a un color, y lo demás se va diluyendo en un espacio grisáceo.
¿Cómo se ha desarrollado su relación con las formas y lo figurativo?
El siglo XX fue muy experimental en toda la historia del arte, desde Duchamp hasta el final. Siempre fue a ver qué pasaba. De ese proceso surgieron personajes muy grandes como Picasso, Bacon y otros más; no los voy a citar todos. Con un grupo maravilloso logré no hacer escuela, sino dedicarnos a analizar a través de audiovisuales cómo fue surgiendo la manera en que cada hombre fue cambiando la realidad romántica que se había vivido en el siglo XIX.
¿Cómo organiza su tiempo de trabajo?
Yo siempre tengo un programa mental de trabajo. Como tengo una edad avanzada, tengo también un tiempo muy medido. Cada minuto tiene que estar bien utilizado en todo sentido. A veces lo logro, a veces no. Tampoco estoy todo el día pintando. Generalmente trabajo de noche, de siete a doce; de siete a doce varía. Me he acostumbrado y ahí me concentro mentalmente y, algo así como una magia, me voy adentrando en ese mundo imposible que es la formación de un cuadro.
¿Cuál diría que es su siguiente meta?
A mi edad, no tengo una específica. Me gustaría volver a París por el papel tan importante que jugó en la historia del mundo y del arte. Tal vez también quisiera ir a Italia. Esos serían los siguientes pasos, ojalá Dios me dé la estabilidad mental que tengo a esta edad para poder cumplir esas metas.
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Aída(9ioo8)•27 de octubre de 2026 – 14:19Gracias por esta entrevista, hace que valga la pena pagar la suscripción.
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Bukaros(25772)•27 de octubre de 2026 – 07:59Quisiera llegar a esa edad pero con mas masa muscular, no deformado por las pesas, jejejje
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Tulio Claudio(70717)•27 de octubre de 2026 – 07:28Noventa y siete años y con esa dulce lucidez mental, es una maravilla; la mierda del arte, o el arte de la mierda… el arte no tiene definición.
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Héctor(15733)•24 de octubre de 2026 – 19:01Mis respetos al maestro Manzur.
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Mar(60274)•24 de octubre de 2026 – 18:38Buena entrevista.