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¿Cuál fue su primera aproximación con el italiano?
Cuando estudiaba en la universidad en Colombia, existía un programa de doble titulación para estudiantes de ingeniería. En ese momento yo cursaba esa carrera y el programa incluía una beca para ir a Italia y terminar el pregrado en una universidad italiana, con la posibilidad de obtener ambos títulos. Fue entonces cuando empecé a tomar clases de italiano, porque tenía ese objetivo muy específico, y esa fue mi primera aproximación al idioma.
¿Qué fue lo que le llamó la atención del italiano? ¿El idioma o el país?
En ese primer momento no fue tanto una decisión por preferencia, sino por lo que el contexto estaba marcando. Es decir, si la beca hubiera sido en Alemania, seguramente habría aprendido alemán; si hubiera sido en Portugal, habría aprendido portugués. No fue porque me gustara particularmente el italiano ni porque me atrajera Italia como país, sino porque ese era el programa que ofrecía la universidad, a partir del convenio que tenía con las universidades en Italia.
¿Qué lo motivó a enseñar el idioma en Colombia?
Cuando terminé mis estudios en Italia, me gradué y permanecí allí seis meses después del grado. Pero, comenzó la pandemia. Yo tenía un negocio de viajes personalizados por Europa y el sudeste asiático, y esa época fue un golpe muy fuerte a nivel profesional, porque se cerraron los países, las aerolíneas dejaron de operar y todo se detuvo. Por esa situación laboral decidí regresar a Colombia. Aquí hablé con un par de amigos que también tenían como meta profesional ir a Italia. Ellos sabían que yo había vivido allá y que conocía muy bien el idioma, entonces surgió la idea de hacer clases de italiano, sin ningún compromiso económico, más como una forma de pasar el tiempo y entretenernos en ese periodo. Esas fueron mis primeras experiencias como profesor de italiano y fue algo que disfruté mucho. Además, me di cuenta de que era un trabajo que hacía bien, que me gustaba y que las personas lo valoraban.
¿Qué cree que es lo más fácil y lo más difícil para un colombiano que quiere aprender este idioma?
Es una muy buena pregunta, porque curiosamente la respuesta es la misma para ambos casos. Lo más fácil es que, cuando uno ya sabe español, el italiano tiene muchas similitudes con este idioma. Eso le da al estudiante una ventaja inicial, porque no resulta tan difícil entender el italiano cuando se habla despacio y se usan palabras similares al español. Pero esas mismas similitudes, que en principio son una ventaja, también pueden convertirse en lo más difícil. Porque cuando el estudiante ya viene con unos códigos mentales establecidos sobre el funcionamiento del español, cuesta mucho trabajo romper esos paradigmas y aceptar que también existen diferencias. Entonces, apoyarse en el español es una buena estrategia, porque son lenguas evidentemente muy parecidas, pero no se puede tener una mentalidad rígida pensando que, si algo se dice de cierta manera en español, necesariamente debe decirse igual en italiano, porque no funciona así. Si no se aborda el aprendizaje con esa apertura a la diferencia, puede ser muy complicado para el estudiante.
¿Cómo llegó a esa conclusión? ¿Fue durante sus estudios o viendo a los estudiantes de la academia? Mejor dicho, ¿cómo se dio cuenta de que era un arma de doble filo?
Creo que es a partir de la experiencia que he ido acumulando, tanto en mi rol de estudiante como, en su momento, en mi papel de residente en Italia siendo extranjero, y ahora, mucho más, como director académico de Parliamo y como profesor. En estos roles tengo contacto directo con los procesos de aprendizaje. Es una conclusión a la que llegué después de sumar todas esas experiencias y poder analizarlas en conjunto.
¿Qué es lo más retador de llevar este proyecto desde la virtualidad?
Dificultades ha habido, pero yo creo que la virtualidad no es una de ellas. De hecho, la virtualidad es lo que permite que la academia funcione como funciona, porque tiene una gran cantidad de ventajas, empezando por el hecho de que los estudiantes no deben trasladarse físicamente a un lugar para recibir la clase. Además, los profesores que tenemos viven en distintos países, por lo que sería imposible mantener ese mismo formato si fuera presencial.
¿No ve ninguna desventaja entonces?
Si hablamos de las dificultades, una de las principales ha sido generar confianza, sobre todo frente a quienes no nos conocen. Es lógico que cuando una persona ve un edificio, entra a una sede física con el nombre de la academia y habla cara a cara con otras personas, se rompan muchas prevenciones o barreras que pueden existir en un escenario virtual. En lo virtual todo se maneja a través de plataformas en internet y, desafortunadamente, hay quienes se aprovechan de eso para estafar. Por eso, la gente suele estar mucho más prevenida a la hora de adquirir un servicio en línea. Esa es una barrera que nosotros nos esforzamos mucho por derribar: darles a las personas la confianza y la seguridad de que somos una empresa seria, absolutamente profesional y que hace su trabajo de la mejor manera.
¿Por qué cree que hay tantos colombianos interesados en aprender italiano?
Es una muy buena pregunta. Nosotros hemos identificado que existen, en general, cuatro motivaciones principales detrás de la inscripción a un curso de italiano. La primera, y probablemente la más común, tiene que ver con motivos turísticos o de ocio. Son personas que planean viajar a Italia en algún momento o a quienes simplemente les atrae el país y quieren tener un mayor contacto con su cultura. En segundo lugar, están quienes buscan realizar experiencias académicas en Italia, ya sea de manera temporal o con la intención de quedarse más tiempo, pero a través del estudio. El tercer elemento es el laboral. Están las personas que quieren ir a Italia a buscar trabajo para ampliar sus horizontes profesionales, y también quienes desean aprender italiano para enriquecer su hoja de vida. Y, finalmente, el cuarto motivo, que cada vez está cobrando más fuerza según lo que percibimos, es la solicitud de la ciudadanía italiana. Para obtenerla es necesario presentar un examen de certificación internacional que demuestre el dominio del idioma, y uno de los pasos fundamentales dentro de ese proceso es, justamente, el aprendizaje de la lengua.
Estudió una ingeniería, para luego tener una empresa de viajes y después empezar con la academia. ¿Cómo fue el proceso de adaptarse a ese nuevo rol de profesor y director académico?
Pues mira que no fue tan difícil. Siempre he sido muy proactivo en la búsqueda de maneras de generar ingresos que estén en sintonía con quién soy y con lo que me gusta. En todos los trabajos que realicé siempre estuvo presente el acto de enseñar algo a otras personas. mientras vivía en Italia, encontré un equipo de fútbol, donde empecé vinculado como jugador y, en un momento dado, me ofrecieron ser entrenador de las categorías infantiles de esa misma sociedad. Incluso en la universidad fui tutor. Por eso, el paso de ingeniero a profesor no fue tan complejo, precisamente porque a lo largo de toda mi vida ya había tenido múltiples experiencias relacionadas con la docencia.
Por el lado de las habilidades, ¿cuáles cree que son absolutamente necesarias para poder transmitir y enseñar un idioma como el italiano?
Yo creo que la habilidad fundamental para ser un buen profesor es la empatía. Es decir, la capacidad de, aun teniendo todo el conocimiento en la cabeza, bajar al nivel de la persona que no lo tiene e intentar explicarle las cosas de la manera más clara posible, sin asumir que el otro sabe lo que tú sabes.
En Parliamo Academia solo hay dos características indispensables para ser profesor. La primera es que sean italianos, porque trabajamos únicamente con profesores nativos. La segunda es que sean personas simpáticas. Eso es todo. Todo lo demás se puede enseñar. Nosotros podemos transmitir conocimientos, guiarlos, darles pautas para que mejoren cada vez más, para que sus clases y explicaciones sean mejores. Lo único que no puedo enseñar es a ser buena persona, y tampoco puedo enseñar a ser italiano.
¿Qué cree que ha aprendido de sus estudiantes en estos años de enseñanza?
He aprendido que el factor motivación es clave para aprender cualquier cosa. Te pongo un ejemplo. Hace un par de años tuve un estudiante venezolano que había migrado a Colombia por la situación social y política de su país. En ese momento, él consideró que debía buscar un camino en Europa aprovechando la posibilidad de solicitar la ciudadanía, y para eso empezó a aprender italiano. En cuestión de cuatro o cinco meses logró lo que, según los programas de Parliamo Academia, normalmente se alcanza en nueve. Eso me enseñó que muchas veces los límites que las personas creen que existen se superan con una motivación muy alta, que conduce a la disciplina y a la constancia necesarias para alcanzar un objetivo.
En el caso de los estudiantes, ¿cuáles cree que son las habilidades, motivaciones o características más importantes para aprender un idioma?
La apertura a aceptar que un nuevo idioma puede funcionar de manera distinta a lo que ya conocen y a lo que están acostumbrados. Cuando existe resistencia a aceptar que puede haber estructuras diferentes a las del español, o incluso pronunciaciones distintas, resulta más difícil avanzar. La curiosidad también es muy importante. Que los estudiantes sean curiosos y proactivos en la búsqueda de material que los acerque al italiano. Si el contacto con el idioma se limita únicamente a las clases de la academia —y a veces ni siquiera a todas, porque en ocasiones no se puede asistir—, el aprendizaje se da, pero la velocidad del proceso no será la misma que la de alguien que, además de seguir el programa y asistir a las clases, también se rodea de italiano en su día a día.
¿Qué es lo que más te gusta del italiano como lengua?
Como todos los idiomas que conozco, el italiano tiene ventajas y desventajas. Considero que es una lengua muy bien estructurada, con directrices claras, lo cual nos facilita a nosotros, como academia, construir un curso y poder explicarlo. La pronunciación es uno de esos puntos fuertes. Es linda, armoniosa y, además, está respaldada por reglas muy claras que casi no tienen excepciones. Esa claridad no se da en otros idiomas. Por ejemplo, en el inglés la pronunciación es mucho más compleja, porque hay combinaciones de letras que, dependiendo de la palabra, suenan distinto. Eso, para el profesor o para quien está explicando, complica el proceso. Por eso, diría que lo que más me gusta del italiano es la estructura tan clara y coherente con la que está formado, así como las reglas claras y consistentes que lo organizan.
Durante los años que vivió en Italia, ¿podría contar alguna anécdota o un momento en el que haya tenido un contacto especial con el idioma o con la cultura italiana?
En Italia existe la costumbre de saludar no solo con un beso en la mejilla, sino con dos besos y se da hacia el lado contrario al que estamos acostumbrados en Colombia. Además, en algunas ocasiones los hombres también se saludan de esa manera, con dos besos, empezando por el lado contrario al nuestro. Cuando iba a saludar a mitad del movimiento tenía que corregir y acordarme de que era hacia el otro lado. Esa diferencia cultural, aunque puede parecer superficial, al inicio te hace sentir un poco distante, como si no encajaras del todo. Era una situación que se repetía con bastante frecuencia.
A nivel lingüístico, pienso que lo que más fricción genera son los llamados falsos amigos, palabras que existen tanto en español como en italiano, pero con significados distintos. Uno comete el error de usarlas igual en ambos idiomas cuando en realidad no significan lo mismo.
