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Del Coliseo romano a los conciertos masivos: el poder del espectáculo en vivo (Opinión)

Diana Therán presenta “Abran puertas, que comience el espectáculo”, la primera de una serie de columnas destinadas a explorar lo que hay detrás de estas manifestaciones culturales públicas.

Diana Therán

01 de marzo de 2026 - 10:37 a. m.
Las manifestaciones culturales son herramientas de poder y distracción que han generado riqueza y acentuado generaciones, como los campos de arena para gladiadores en el Coliseo romano.
Foto: Getty Images
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El trasegar de la humanidad ha estado marcado por manifestaciones culturales, esos encuentros que han entretenido, direccionado la atención y permitido desde las expresiones más básicas y entrañables a las más loables y sublimes. Han sido los hitos de sus épocas y los modeladores de sus costumbres.

Son herramientas de poder y distracción que han generado riqueza y acentuado generaciones. Fueron los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia; los campos de arena para gladiadores en el Coliseo romano; las óperas renacentistas, unión de tragedia, música y teatro; y el cine para las masas en un siglo XX de producción en escala y guerras mundiales.

Hoy se ha consolidado un nuevo protagonista, uno que no se vive en un solo recinto pero que unifica a través de la escena, se encarna en una industria que se ha catalizado tras la pandemia y que, pese a los fuertes vientos de la era tecnológica, solo se ancla con contundencia: se trata de los espectáculos y el entretenimiento en vivo.

Cada quién parece tener a la mano la expresión que mejor le sienta, desde el teatro a unas cuadras de su casa; pasando por la música en las arenas que se vuelven día a día más cotidianas y transitadas para todos los géneros; hasta los grandes foros, estadios y parques que parecen no asentarse tras la vibración que las decenas de miles saltando crean bajo sus pies como una danza que no se planea, solo se vive.

Se trata de una escena donde la música, la danza, el teatro, el circo y la magia se han exaltado con la presencia de los medios, las redes y las transmisiones multitudinarias. No está sola, se acompaña, se alía y se suma con lo que demande el momento, la tendencia y el clamor de quienes agotan estadios en par de minutos.

Es la misma escena que, con la presentación liderada por un solo artista, congregó en el pasado Super Bowl a más de 128 millones de espectadores; la misma que durante tres días en Medellín movilizó cerca de 150 mil personas y generó una derrama económica superior a los $160.000 millones.

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No es resultado de un chasquear de dedos, se trata de una industria compuesta por un amplio conjunto de actores que no solo convocan multitudes, logran encausar la agenda pública y afianzar a un sector de la economía para que jalone su crecimiento. En este año que recién pasó, el 2025, las actividades artísticas, de entretenimiento y recreación volvieron a ser protagonistas, crecieron 9,9% y aportaron 0,4 puntos al crecimiento del PIB nacional, que fue de 2,6%.

Es por ello que nace “Abran puertas, que comience el espectáculo”, un espacio necesario para que a través de estas columnas se logre entender las decisiones de sus principales actores, los riesgos que estos asumen, la incipiente regulación que les rige o los limita, y las tensiones que se crean, suman y sostienen en cada espectáculo en vivo.

Un espacio que se dirige a quienes hacen parte de los actores del detrás de escena y a quienes alguna vez se han preguntado por qué un espectáculo se cancela, por qué cuesta lo que cuesta, o finalmente qué es lo que se necesita para que se abran sus puertas y se haga la magia.

Por Diana Therán

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