Los aplausos son dirigidos al personal sanitario que está dándolo todo para enfrentar la pandemia. Una vez al día se rompe el silencio de las calles para agradecerles su trabajo y entrega. Inicialmente, esta cita era a las 10 de la noche, España es un país nocturno. Pero se avanzó dos horas para que los niños pudieran participar.
Todos los días hemos salido los tres al balcón a aplaudir. A Martí le damos una linterna y un tambor para que los vecinos también noten su presencia. Todo el mundo lo sabe, los sanitarios son los héroes de esta historia de terror. Les damos las gracias con nuestras manos, porque estamos en las de ellos.
Hoy en la madrugada, mientras me documentaba para escribir sobre este tema, leí en El País que la epidemia se está extendiendo en España de forma más rápida y amplia que en Italia. Los expertos citados lo achacan a que los días previos a la entrada en vigor del aislamiento se permitió la dispersión geográfica de personas a todas las regiones, sumado al goteo de casos importados de Italia. Acá el artículo completo:
https://elpais.com/sociedad/2020-03-23/la-epidemia-se-extiende-por-espana.html
Hasta ahora me había tomado el tema con serenidad, pero después de leer varios medios españoles y ver como se aceleran los números de infectados y muertes, el golpe de realidad ha sido profundo. En las siguientes semanas los números seguirán creciendo de forma perturbadora.
Una persona de a pie, es decir, una familia como nosotros, si actúa con sentido común, meticulosidad y precaución cuando está en la calle, está relativamente a salvo. Pero los sanitarios (médicos/as, enfermeras/os, camilleros, comadronas, personal de ambulancias, etc…) que están dejándose la salud para atender el tsunami de enfermos que engrosan la curva de propagación están realmente expuestos.
El ministerio de Sanidad Español ha develado que, a día de hoy, unos 4.000 sanitarios han caído contagiados, un 12% del total de enfermos del país. Estas cifras no incluyen al personal de baja o en cuarentena por sospecha de infección. Las plantillas hospitalarias están al límite, haciendo turnos de trabajo inhumanos para cubrir al personal inactivo. Para reforzar los servicios médicos se está pensando en reclutar a doctores jubilados y médicos jóvenes que están acabando su especialización. Otro inconveniente igual, o más grave, es que ya hay problemas de suministro de equipos de protección. Con la globalización, la producción de mascarillas FPP2 y FPP3 y batas impermeables se centralizó en China, que naturalmente ha dado prioridad a sus sanitarios. Y el excedente que les sobra deben repartirlo entre los centenares de pedidos desesperados de todos los rincones del mundo.
Si está interesado en leer el tercer capítulo de esta serie, ingrese acá: Diario del confinamiento III: Cuidarnos y cuidar (Tintas en la crisis)
La situación empieza a complicarse, así que cada quién está haciendo uso de los recursos que tiene a disposición. Escuché en la radio que hay centros hospitalarios que están fabricando equipos de protección con bolsas de basura. Otros, que reutilizan las batas y las mascarillas, algo no muy recomendable para la higiene sanitaria. Hay también comunidades autónomas (departamentos) que están pidiendo colaboración a inmigrantes chinos que tengan contactos en el país asiático para gestionar lo más rápido posible en envío de suministros sanitarios.
Hace unos días, después de resistirme por dos semanas, claudiqué y fui a la farmacia a comprar guantes de látex y mascarillas. Había guantes, pero me dijeron que las mascarillas están agotadas desde hace mucho. Ha pasado lo mismo en todas las farmacias, pues muchas personas acapararon una gran cantidad, sin necesitarlas realmente. Un pequeño acto de egoísmo del que no eran muy conscientes.
Si está interesado en leer el tercer capítulo de esta serie, ingrese acá: Diario del confinamiento IV: Pérdida de la libertad (Tintas en la crisis)
Por eso me alegré mucho cuando hace un par de días recibí un mensaje por WhatsApp que pedía a las personas con máquinas de coser si podían fabricar mascarillas. La materia prima sería llevada a la puerta de la casa de las voluntarias/os, con instrucciones para que tuvieran la calidad requerida. La propuesta ha tenido mucho éxito. Los insumos se agotaron en menos de dos días. Estoy segura de que esta acción ciudadana ayudará a muchas personas que no encuentran mascarillas en el mercado y de verdad las necesitan. Por ejemplo, el personal que trabaja en centros de personas mayores, las cajeras de supermercados, las farmaceutas, los celadores de los hospitales.
Esta iniciativa nos inspiró a empezar a fabricar mascarillas caseras. No tenemos máquina de coser, pero sí buena vista, dedos fuertes y material de calidad a la mano. Está claro que no serán profesionales, pero algo pueden llegar a protegerte. Mi idea es coser unas cuantas y regalarlas al que vea que las puede necesitar. Además, en nuestra familia van a pasar a ser de uso obligatorio para el que salga de casa a comprar productos de primera necesidad. Miquel, mi marido, se quejará seguro, pero no lo dejaré salir sin ellas. Ha llegado el momento de extremar medidas.
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Tal vez saldremos bien librados en esta ocasión. Tal vez tengamos la oportunidad de aprender y prepararnos mejor para la próxima, que sin duda podría ser mucho más virulenta y extrema en cuanto a tasas de mortalidad. Lo que está claro es que en el mercado no se encuentran mascarillas de protección para la gente que nos cuida, y sí muchos bolsos y relojes de marca que ahora mismo no nos sirven para nada. Me da risa nerviosa ver las paradojas de nuestras sociedades consumistas emergiendo entre las ruinas de lo que dábamos por sentado.
Hoy saldremos al balcón de nuestro apartamento para aplaudir con más determinación que ayer. Este aplauso de agradecimiento es extensible a las personas que están haciendo jornadas interminables para que los productos de necesidad básica estén ahí: farmaceutas, personal de los supermercados, transportistas, distribuidores, empleados de las fabricas de alimentos y medicinas, agricultores y productores. Seguro que hay profesionales que no nombro, pero que también están ahí, exponiéndose, delegando el cuidado de sus hijos y tomando el transporte publico para que los que estamos en aislamiento no nos falte nada de lo necesario. También son los héroes de esta historia de terror.