30 Mar 2020 - 9:31 p. m.

El coronavirus y "El desbarrancadero" de Fernando Vallejo: Pensamientos desde casa, día 6

Jornada para mirar el estado de cuarentena global desde una de las novelas más irreverentes de la literatura colombiana y la propuesta del ejercicio "mi casa-manicomio".

Nelson Fredy Padilla *

Sabemos que el mundo está detenido por el nuevo coronavirus, generado, según investigan los científicos, por la sobreexplotación de la naturaleza, en especial de la fauna en los mercados populares de la China. Esta vez el foco fue Asia, pero en cualquiera de los cinco continentes hay, bajo microscopio, caldos de cultivo para otras pandemias. Esto mientras el planeta se hace menos habitable cada día por la crisis climática causada por la sobreexplotación de los recursos naturales no renovables. Sabemos que así como como vamos, vamos derechito a la autodestrucción y no hacemos lo suficiente para evitar la catástrofe. (Le recomendamos más notas de nuestra serie Pensamientos desde casa: El coronavirus y mi prójimo).

Es la visión apocalíptica sobre la que entre ayer y hoy pensé releyendo El desbarrancadero, de Fernando Vallejo, que mereció el premio latinoamericano Rómulo Gallegos 2003 y fue escogida por expertos como una de las novelas más importantes de Iberoamérica en la segunda mitad del siglo XX. La obra literaria del polémico autor colombiano es tema de estudio de este semestre en la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional, en Bogotá, y sobre esa ficción fue el debate de la clase de esta mañana, vía Skype.

Entre las múltiples lecturas que hicimos con los alumnos, les proponemos la que más puede interesar en las circunstancias de hoy a los lectores de El Espectador: la historia sobre un virus equivalente al VIH que produce el Sida (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida ). El narrador, en primera persona como todos los libros de Vallejo, regresa después de mucho tiempo a su casa familiar en Medellín para acompañar en sus últimos días a su hermano Darío, el cómplice de los excesos de su vida, “el irresponsable a carta cabal”.

Esa agonía se potencializa a nivel narrativo no sólo como el trance definitivo de dos hermanos, sino de una familia, una sociedad, un país y la humanidad entera. El sida deshace a un homosexual en un mundo tan o más postrado que él, “la vida es un sida"; la casa se desmorona bajo un régimen de manicomio católico impuesto por la madre, “una loca más dañina que un sida”, “la encarnación de Dios-Diablo”.

El tema más recurrente en las 20 novelas del escritor antioqueño es la muerte y aquí “la madrina” merodea de cuarto en cuarto, del primero al segundo piso, y se lleva a Silvio, otro hermano; a “Papi”, el patriarca político pero impotente símbolo de ternura y honradez; a “Liíta”, “la loca”, y a Darío, mientras el que cuenta se declara muerto en vida.

Toda la carga unida al cordón detonante de los clásicos sarcasmos e ironías de Vallejo sobre la política, la religión, la corrupción, las mujeres, los pobres y los ricos, la sobrepoblación, la incultura del ruido callejero. Del amor al odio: “Colombia, Colombina, Colombita, palomita: ¿no es verdad que cuando yo me muera no me vas a olvidar?”. “A los doce hijos mi casa era un manicomio; a los veinte el manicomio era un infierno. Una Colombia en chiquito. Acabamos por detestarnos todos, por odiarnos fraternalmente los unos a los otros”.

Y transcurre a través de 190 páginas (sello editorial Alfaguara) como si se tratara de un largo estado de cuarentena aprovechado por el escritor que mejor domina el idioma español para confrontar las zonas grises de su familia y de cualquier familia y, sobre todo, los monstruos ocultos en muchas otras.

Suficiente para sembrar la inquietud por la lectura y por la revisión propia de nuestra “casa-manicomio”, que es el ejercicio de escritura en el que los estudiantes están trabajando en este momento, a ver si el apocalipsis, más amenazante que nunca, es reversible o si estamos destinados todos, y uno por uno, a caer como ovejas mansas por el desbarrancadero.

* @NelsonFredyPadi / npadilla @elespectador.com

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