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13 Jan 2022 - 2:00 a. m.

El doble, la ficción, la escritura

Reseña de la novela de Jairo Gómez Esteban “Fábula del sí mismo”, publicada por la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

Adrián Serna Dimas

El autor de “Fábula del sí mismo”, Jairo Gómez Esteban, también publicó el libro de cuentos “Colombian reality show y otros relatos”.
El autor de “Fábula del sí mismo”, Jairo Gómez Esteban, también publicó el libro de cuentos “Colombian reality show y otros relatos”.
Foto: Getty Images

Gómez Esteban propone una novela sobre el oficio de escribir y el carácter del escritor apelando a la figura del doble; esto es, a la duplicidad del sí mismo encarnado en otro. Esta presencia del doble irrumpe en los acontecimientos de la novela en distintas formas: como una imagen fugaz del pasado que asalta al presente o como una sombra furtiva que cruza accidentalmente a la espalda; como el yo que se escinde en medio de una amnesia disociativa o como la efigie que aparece en el trance de un episodio repetitivo; también en la forma de ciertos personajes que asumen con premeditada impostura la personalidad de otros; de manera más explícita en existencias paralelas como las de los dos protagonistas.

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La figura aparece incluso en la relación que existe entre los personajes de la novela y el autor. La figura del doble está forjada en el relato desde diferentes inspiraciones: viejas leyendas folclóricas, obras literarias y hasta construcciones científicas.

Los acontecimientos de la novela ocurren en la ciudad colombiana reciente, en Bogotá, pero también en otra que se presenta como un doble imaginario, San Sebastián. Estos acontecimientos suscitan perplejidades que se entienden de manera diferente para cada uno de los personajes, pero, también, para los distintos momentos de la novela.

Ahora, estas perplejidades no se expresan con un soliloquio con ánimo esclarecedor de los personajes, sino con sus actitudes, lo que provoca despliegues divergentes de la trama: de un lado una actitud de declarada honestidad, que interpone toda suerte de criterios morales o éticos frente a los acontecimientos, de otra parte una actitud desde el imperativo de la autenticidad, que puede resultar absurdamente descarnada ante las circunstancias. La primera es más la del escritor conminado a periodista, distinta a la segunda, que es la del escritor como novelista.

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La figura del doble no es un elemento apenas excepcional en el relato, sino que sobre ella descansa el espíritu del conjunto de la narración: la figura del doble es la base para entender tanto la ficción que propone a la novela (el autor que huye de los personajes dejando sobre estos las huellas de su propia existencia), como la ficción que la novela propone (los personajes que rehúyen entre sí adquiriendo en esta oposición, por cuenta de ella, su singularidad).

La figura del doble, en este caso, permite entender la desfiguración del yo por efecto de la alteridad. Esta figura permite que el punto de vista de cada personaje, por concienzudo que sea, por reflexivo que parezca, resulte no obstante delimitado, contenido en su pretensión de totalidad, como quiera que tiene a su espalda, incluso en sus penumbras, la presencia de otro punto de vista diferente, pero no por ello menos concienzudo ni reflexivo. La presencia del alter convierte en ficticia la existencia del yo y viceversa.

A diferencia de otros relatos, aquí se no se trata de una personalidad que niega a otra o de una personalidad que necesite la extinción cuando menos provisional de su contraparte al estilo de Jekill y Hyde. La figura del doble no pretende distinguir el bien del mal, la normalidad de la monstruosidad o el control del descontrol, sino resaltar las circunstancias que empujan al escritor a debatirse entre la honestidad de quien está conminado a registrar y la autenticidad de quien quiere sobre todo crear desde lo singular. Uno busca notificar, el otro interpelar. Ahora, los rasgos característicos de uno solo adquieren nitidez con la presencia próxima del otro con el cual, no obstante, no tiene forma alguna de síntesis, como quiera que cuando esto se pretende lo único que aparece es la anomia, el fracaso o la frustración.

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Finalmente, la figura del doble y la ficción permiten en la novela el despliegue de una serie de estrategias de narración que involucran desde el reportaje periodístico, pasando por el cuento o la crónica, hasta el ensayo.

Cada una de las estrategias narrativas busca garantizar la presencia de existencias disímiles en medio del discurrir de los acontecimientos de la ciudad, a propósito de las situaciones más diversas, incluso a propósito de temas altamente polémicos, llevando al límite mismo el género novelístico: en unos momentos la novela adquiere el carácter de una auténtica descripción clínica, en otros el de una caracterización biográfica y en otros más el de una puesta en escena de formas sociológicas, antropológicas o filosóficas.

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