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La restauración de una obra saca a la luz horcas y cadáveres

La restauración de un cuadro del pintor neerlandés barroco Hendrick Avercamp (1585-1634), conocido por sus paisajes invernales, permitió la recuperación de los colores originales de la obra y el descubrimiento del fondo de la pintura: un campo de horcas y diez cuerpos colgando.

12 de enero de 2022 - 06:31 p. m.
En el pasado, los restauradores cambiaron, "consciente o inconscientemente", varios detalles de la obra "Ice View": los extremos de hierro de dos pares de patines quedaron escondidos y se pintó la típica punta de la capucha de la dama en Brabante en primer plano.
En el pasado, los restauradores cambiaron, "consciente o inconscientemente", varios detalles de la obra "Ice View": los extremos de hierro de dos pares de patines quedaron escondidos y se pintó la típica punta de la capucha de la dama en Brabante en primer plano.
Foto: Hendrick Avercamp

El cuadro “Ice View” (Vistas del hielo), de la colección del Museo Boijmans van Beuningen en la ciudad neerlandesa de Róterdam, fue completamente restaurado a lo largo del año pasado, lo que llevó a la reaparición de los colores originales, realzando incluso los reflejos de las figuras sobre el hielo en primer plano.

“Pero lo que realmente quedó claro es lo que está sucediendo en el fondo: se podían ver unas líneas verticales de color amarillento. En un principio, la restauradora Johanneke Verhave interpretó esto como un manojo de juncos, pero se dio cuenta de que allí se había pintado un campo de horcas. Parece que hay diez cadáveres colgando”, explica el museo en una nota.

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También aparecen varias figuras observando las horcas y tres carruajes tirados por caballos pasando por delante como una atracción.

Este hallazgo puede ayudar a localizar el lugar donde Avercamp realizó la obra, puesto que ya pintó antes horcas similares, pero estas suelen ubicarse fuera de las murallas de la ciudad.

“El tratamiento de la pintura fue radical, no solo por el impacto en el brillo tras quitar la capa de barniz antiguo, sino también porque en el pasado se había retocado mucho más de lo que era reconocible por la capa de barniz tan gruesa (…) La pintura ahora está mucho más cerca de la forma en la que Avercamp la concibió”, señaló Verhave.

El cuadro presentaba una capa de barniz muy antigua, espesa y descolorida que fue eliminada y, como resultado, los colores parecían ganar en brillo, pero también quedó claro que en el pasado había desaparecido más pintura de la estimada, lo que llevó a “retocar” la pintura de forma mínima y cuidada para hacer que la imagen vuelva a ser legible.

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También se descubrió que, en el pasado, los restauradores cambiaron, “consciente o inconscientemente”, varios detalles de la obra: los extremos de hierro de dos pares de patines quedaron escondidos y se pintó la típica punta de la capucha de la dama en Brabante en primer plano.

El último cuarto del siglo XVI, en el que nació Avercamp, es uno de los períodos más fríos de la historia europea y se denomina la “Pequeña Edad de Hielo”.

Además, el patinaje es un pasatiempo muy popular en Países Bajos: en cuanto se congelan los canales, jóvenes y mayores se lanzan con sus patines al hielo.

El artista, que era sordomudo, se sumaba a esta actividad, pero también le gustaba dibujar el paisaje helado de su ciudad natal de Kampen, plasmando las actitudes, las acciones y las interacciones de la gente que patinaba.

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