Octava entrega de una serie de 11 textos (número de jugadores de un equipo) de 120 palabras (tamaño de la cancha) para analizar las coyunturas y partidos de este Mundial de Catar.
Lionel Messi de Argentina disputa un balón con Joko Gvardiol de Croacia, en un partido de semifinales del Mundial de Fútbol Qatar 2022 entre Argentina y Croacia en el estadio de Lusail (Catar).
Foto: EFE - JUANJO MARTIN
El Mundial en 120 palabras (VIII)
Javier Ortiz Cassiani
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No convencía. Había hecho todo con el balón en sus pies, pero no le creían. Ni siquiera cuando tuvo el poder de definir quien ocupaba el banquillo como técnico de Barcelona y de Argentina. No querían a un tirano disfrazado de humildad. Querían al potrero con todo y su exhibición verbal. Maradona era exquisito con el balón y con la palabra. Puteaba, pero como colofón de unas lacerantes gambetas verbales. Messi es exquisito con el balón, no con el verbo. Sus palabras son como una masa indominable y pesada en su boca antes de pronunciarlas. Con…
No convencía. Había hecho todo con el balón en sus pies, pero no le creían. Ni siquiera cuando tuvo el poder de definir quien ocupaba el banquillo como técnico de Barcelona y de Argentina. No querían a un tirano disfrazado de humildad. Querían al potrero con todo y su exhibición verbal. Maradona era exquisito con el balón y con la palabra. Puteaba, pero como colofón de unas lacerantes gambetas verbales. Messi es exquisito con el balón, no con el verbo. Sus palabras son como una masa indominable y pesada en su boca antes de pronunciarlas. Con la madurez aprendió algunos insultos y gestos. Ahora le creen al mejor jugador. Si Argentina gana el Mundial será Dios, no solo un mesías.