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19 May 2022 - 2:00 a. m.

El realismo mágico como antídoto de la tragedia

Hoy se estrena el documental “5 ignorantes buscando una verdad”, que narra la historia real que inspiró “Crónica de una muerte anunciada”, de Gabriel García Márquez.

Daniela Cristancho Serrano

Ilustración del documental "5 ignorantes buscando una verdad", que muestra la versión de María Camila Quiceno del mundo de "Crónica de una muerte anunciada".
Ilustración del documental "5 ignorantes buscando una verdad", que muestra la versión de María Camila Quiceno del mundo de "Crónica de una muerte anunciada".
Foto: María Camila Quiceno

“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 para esperar el buque en que llegaba el obispo”. Así comienza Crónica de una muerte anunciada, la obra en la que Nasar entra a su casa “empapado de sangre llevando en las manos el racimo de sus entrañas”, tras ser asesinado por los gemelos Pedro y Pablo Vicario para limpiar el honor de su familia y de su hermana, Ángela. Y aunque se trata de una novela, los personajes a los que Gabriel García Márquez dio vida tuvieron homólogos de carne y hueso, y de ello da cuenta el documental 5 ignorantes buscando una verdad.

El filme de Carlos Gabriel Vergara es una travesía por la costa colombiana que lleva al espectador a seguir los pasos de cinco amigos que, sin ser expertos en literatura ni haber leído necesariamente Crónica de una muerte anunciada, salieron de Buenavista (Córdoba) a buscar la historia real que inspiró a García Márquez. “La idea surgió a partir de una llamada de un amigo, Hárlinson Olea Arteaga, quien conoció a la nieta de un señor que estuvo en la fiesta de los personajes reales de Crónica de una muerte anunciada. Me pareció interesantísimo y nos fuimos a grabar al señor a Caimito (Sucre). Nos fuimos sin ninguna información más. A ver a dónde nos llevaba la historia, a seguirle las pistas. Y empezaron a aparecer personas”, cuenta Vergara, quien asegura que esa ignorancia dotó a las entrevistas de cierta naturalidad. “La idea era no decirle a la gente que se preparara, sino agarrarlos así, como estaban vestidos, con la luz del momento”.

En el documental, los llamados ignorantes son recibidos en las casas de los locales, quienes cuentan lo que recuerdan sobre los personajes que inspiraron la novela y descubren que Santiago Nasar se llamaba Cayetano Gentile, Ángela Vicario respondía al nombre de Margarita Chica Salas, y sus hermanos, en realidad no eran gemelos. “Yo dormí la borrachera del matrimonio en la casa de un tío mío. La esposa de él me llamó ‘Levántate, levántate, Rafael, están matando a Cayetano. Ya lo mataron. Cuando yo llegué, ya Cayetano estaba listo y había un boroló grandísimo”, les cuenta Lázaro Rafael Vega.

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Las tomas se intercalan con las ilustraciones de María Camila Quiceno. Sus trazos permiten visualizar a aquellos de quienes no hay fotografías ni mucha información. “A mí me llamó la atención ser parte del documental precisamente porque yo soy una persona muy social y me gusta que los recursos audiovisuales se usen también para contar un poquito de nuestra historia. Las ilustraciones son un toque importante, porque usamos un recurso gráfico para contar eso que no teníamos cómo contar, porque no podíamos usar fragmentos de las películas tampoco”, asevera la ilustradora, quien se sorprendió cuando descubrió que la historia del Nobel de Literatura no era enteramente ficción. A esto se suma Vergara:“García Márquez decía que él no se inventaba nada, que lo único que hacía era agarrarse de la realidad, escribirla y poetizarla de alguna manera. Ese era uno de sus grandes rasgos, y en el documental queda más que demostrado”.

Una frase de Albert Einstein abre el documental: “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Y aunque, evidentemente, la ignorancia es un tema transversal en la película, la idea de la verdad también lo es. “Hoy en día los medios de comunicación te dicen una cosa, las redes te dicen otra y la gente otra. Estamos en la crisis de la verdad, y en este documental -además por eso me encanta el nombre- no sabemos cuál es la verdad. Son verdades. Cada quien las cuenta y tiene la suya propia. Cada uno se sitúa en el lugar de los hechos y recuerda por qué estaba ahí, de dónde venía y para dónde iba”, apunta Vergara. “Teniendo la misma esencia, en cada relato lo hacen diferente”, señala Alberto Villalobos, uno de los entrevistados en el filme. A continuación se muestran dos escenas consecutivas: en la primera, una mujer asegura que el asesinato de Cayetano Gentile sucedió a la una o una y media de la tarde. Está segura de ello, pues su abuela murió de la impresión tras el hecho. En la segunda, un hombre, con la misma seguridad, afirma que la tragedia tuvo lugar a las seis y media de la mañana.

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La travesía de los cinco amigos tras las pistas de Crónica de una muerte anunciada se desarrolló en 2010. Le pregunto a Vergara por qué estrenar el documental ahora. Me explica los imprevistos logísticos por personas que no cumplieron y los costos de la musicalización. “El documental también es un recorrido musical por los pueblos de esta región. Cada uno al que fuimos, coincidencialmente, le han compuesto un tema. Por ejemplo, Magangué, Ayapel o Caimito. De todas esas canciones empezamos a conseguir los derechos de autor, porque me pareció interesantísimo que eso le diera otro valor al documental”. Así, el presupuesto para la música fue 50 veces mayor a los costos totales de realización del filme.

Sin embargo, dice que, en medio de todo, muchas de las situaciones que afectan a la región no han cambiado y, en esa medida, muchos temas que toca la producción audiovisual siguen vigentes. En el documental, los protagonistas recorren los pueblos con botas para la lluvia, haciendo malabares entre tablas para desplazarse, pues acababa de darse el desbordamiento de La Mojana, que afectó gravemente a los departamentos del Atlántico. No obstante, 12 años después, las inundaciones en La Mojana son comunes. De manera similar se dieron las aproximaciones con la violencia. “Cuando grabamos había un tema de violencia el berraco, como sigue pasando. Había pueblos que tenían toques de queda. Afortunadamente, nunca nos encontramos con un grupo armado al margen de la ley, pero sí teníamos mucho miedo. La primera vez que fuimos de Carmelito a Magangué nos dijeron que no nos podíamos ir en la noche, que era peligroso y estaba prohibido”.

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Más de una década después de recorrer los territorios, varias de las situaciones que marcaron la experiencia de Vergara y sus compañeros se mantienen. Al igual que muchos aprendizajes: “Íbamos por una verdad y terminamos descubriendo muchas verdades, entre esas que el realismo mágico, para mí, es un escape para poder sobrellevar las tragedias diarias a las que se enfrenta la gente en el Caribe. Todas estas poblaciones ven la violencia, los desastres naturales y las tragedias familiares. Como que hay una cantidad de cosas negativas, y la manera de sobrellevar la vida es inventándose un mundo maravilloso donde lo mágico es real, existe y es cotidiano”, comenta el director.

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