El Magazín Cultural

Publicidad
2 Sep 2022 - 2:15 a. m.

“El retrato oval”: la vida a cambio de la muerte

En este 2022 se cumplen 180 años desde que Edgar Allan Poe escribió el relato corto acerca del cuadro de una mujer que encuentra un hombre en la habitación de una torre.
Danelys Vega Cardozo

Danelys Vega Cardozo

Periodista de El Magazín Cultural
Ilustración de "El retrato oval", cuento de Edgar Allan Poe.
Ilustración de "El retrato oval", cuento de Edgar Allan Poe.
Foto: Dominio público

Una noche, un hombre malherido es llevado a un castillo por su criado. Decide instalarse en una habitación ubicada en una torre que se encuentra apartada del edificio principal. Ahora, queda atrapado entre cuadros, esos que llaman su atención. Un candelabro, cerca a su cabecera, lo acompaña mientras dedica tiempo a la lectura de un volumen que contiene la crítica y el análisis de las piezas de arte, aquellas que también contempla por ratos.

De repente, llega la medianoche y decide reacomodar el candelabro. En ese momento, algo inesperado ocurre: la luz le revela un cuadro que antes no había visto; un lienzo. Aquella pintura, que tiene un marco oval dorado, corresponde al retrato de una mujer joven. El hombre se encuentra estupefacto ante aquel descubrimiento, pero el motivo ni siquiera ha sido la técnica, “ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente”. Realmente, su conmoción proviene de la sensación que le transmite la pieza, la sensación de que aquella mujer se encuentra viva, como si alguien la hubiera atrapado en el cuadro.

Una hora después por fin sale de su estado. Ahora, se adentra en los volúmenes de análisis de las piezas artísticas, y busca aquel número que corresponde a la pintura con marco oval. Y entonces, en ese momento, conoce la historia detrás de aquella creación. La historia del hombre que se sumió en su pasión, hasta tal punto que no se dio cuenta que de a poco iba desapareciendo lo que tenía a su lado.

Le invitamos a leer: “El corazón delator”, el relato de un crimen

Aquella joven se había casado con un pintor, a quien amaba, pero quien prefería la pintura por encima de cualquier otra cosa, incluso ella. Básicamente, el hombre vivía por y para su pasión:  el arte. Por lo tanto, en ella había despertado un desprecio hacia todo lo relacionado con la pintura, por ser la barrera que se interponía entre su esposo y ella.  Y, entonces, un día su cónyuge le pide algo que no la satisface, pero que sumisamente decide aceptar: ser retratada por él. Y es así como “sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso”.

Aquel hombre dedicaba cada hora de su día a completar aquel retrato; se había convertido en su obsesión. Entonces, sumergido en el mundo del arte, no veía lo que pasaba a su alrededor, pero que era evidente para los demás: su esposa se estaba enfermando, su alegría se consumía cada día, cada día que pasaba sentada en un lugar oscuro, aquel en donde solo entraba un pequeño rayo de luz. Tal vez, focalizarse en un solo aspecto, lo había enceguecido. Quizá ahora aquel pintor se asemejaba a un caballo con anteojeras, que no es capaz sino de mirar en una sola dirección.

Por su parte, la joven trataba de ocultar que su luz se estaba apagando, así que sonreía porque disfrutaba ver feliz a su esposo. Mientras tanto, él se dedicaba a seguir con su amada tarea de retratarla o más bien de crear una obra de arte casi perfecta. Entonces, pasaban los días y el cuadro cada vez se iba completando, los elogios hacia su creación no faltaron. “Los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba”.

Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖

Cuando estaba a punto de culminar la obra, ya nadie más pudo entrar a la torre. El hombre se obsesionó tanto con aquel retrato, que pasaba semanas concentrado en el lienzo, sin tener ni siquiera tiempo para mirar a su esposa. Y, entonces, cuando solo le hacía falta terminar la boca y los ojos de su creación, una luz se apagó, pero en ese instante no se percató. Hasta que llegó el momento que más había anhelado, pues había logrado culminar el cuadro. Rebosó de alegría, un instante nada más. Luego, el terror lo invadió, porque había transportado la vida al retrato. Y lo había hecho literalmente, porque su esposa ahora estaba muerta.

Danelys Vega Cardozo

Por Danelys Vega Cardozo

Comunicadora social y periodista de la Universidad de La Sabana con énfasis en periodismo internacional y comunicación política, y un diplomado en comunicación y periodismo de moda. Perteneció al semillero de investigación Acción social y Comunidades, bajo el proyecto Educaré.danelys_vegadvega@elespectador.com
Síguenos en Google Noticias
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.