Aún con los ojos abiertos, frente a él y en sus brazos, tenía miedo de despertar. Porque no todo lo hermoso dura para siempre.
Me besaste y levité en un espejismo hermoso. Comencé a verte en la oscuridad absoluta. Creo que así se ven los amantes, los reales. Era un nudo y me desenredaste diciendo al oído mi nombre mientras el mundo alrededor se acababa.
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El orgullo, el dolor, la culpa y nuestros otros amores son una historia aparte.
Mi suerte es saber tu nombre, deleitarme con tu voz, admirar tus ojos, conocer tu sonrisa, sentir tus caricias y ser tu amigo. He hablado con las estrellas y hemos hecho un trato secreto a los pies de tu faro. Espero que tú me recuerdes como yo te recuerdo, mi sueño más salvaje.
Con el sol como espectador, te despedí y en nuestro último abrazo sentí que por ti había un brillo más intenso, la marea era más feroz y el océano más azul.
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Me he despertado en medio de una tormenta que me apaga. Me es innegable no pensarte ni imaginarte y, sobre todo, no quererte.
Ahora aunque imposible e irracional, espero nos crucemos de nuevo. Aquí, allá o en cualquier parte del corazón.