“Logré entonces una actitud que no tenía motivo alguno de abandonar; dije, resolví y me decidí a no ser político en ningún caso y, mucho menos todavía, negociante en ultramarinos, sino a poner un punto y a quedarme tal cual era: y así me quedé, con la misma talla y el mismo equipo durante muchos años”.
El tambor de hojalata del alemán Günter Grass (1927-2015), ganador del Premio Nobel de literatura en 1999, es una novela publicada en 1959, que refleja una faceta del mundo controvertida y sugestiva: la formación de los individuos a partir de los sucesos políticos y bélicos. La historia de un niño que no se separa de su tambor de hojalata y que toma la decisión de no crecer, tal vez, por efectos de lo que los adultos dejaron después de la Segunda Guerra Mundial bajo el régimen del nazismo es el eje argumental de la novela. Y si bien se podría situar en varias de las categorías de esta sección de “La novela y el mundo”, como, por ejemplo, “La ruptura del orden: la guerra”, considero que la que más se adecua es la de “Economía y sociedad: formación social”, porque, precisamente, lo que nos muestra la novela es como la enseñanza se convierte en un mecanismo de socialización política. La trama explora la educación de los niños, niñas y jóvenes bajo el régimen nazi; la relación entre la niñez y el poder; la forma como los adultos construyen un mundo que la infancia recibe; la trasmisión del pasado y la culpa colectiva. En este sentido, una de las reflexiones que refleja la novela es cómo una sociedad que había educado a sus hijos en las tradiciones, pudo ser la causante del nazismo.
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Ahora bien, desde el punto de vista del estilo, Afirma Nelly Vélez lo siguiente: “El mismo autor la clasifica en el género cómico, en la tradición de los maestros de lo grotesco, como Rabelais, Fischart, Stern. Su marcado énfasis en el lenguaje dialectal, mentiras lingüísticas y los juegos de palabras le asigna, además, a la novela, un lugar en el género del realismo mágico” (Revista de pensamiento y cultura, 2000, Vol. 3 (1), p.207). En efecto, encontramos parodia, crítica, ironía, comicidad, expresiones grotescas, referencias sexuales burdas y directas.
El protagonista y narrador se llama Oscar Matzerath. Él escribe en primera persona, cuando tiene treinta años y está ingresado en un hospital psiquiátrico: “Pues sí: soy huésped de un sanatorio. Mi enfermero me observa, casi no me quita la vista de encima; porque en la puerta hay una mirilla; y el ojo de mi enfermero es de ese color castaño que no puede penetrar en mí de ojos azules”. El contexto espacial es Danzig (hoy Gdańsk) en el norte de Polonia que también se convierte en un escenario simbólico ya que se trata de una ciudad donde estalló el conflicto por el ataque alemán a la guarnición de Westerplatte. Oscar afirma que desde que nació cuenta con inteligencia de adulto. Explica que, cuando a los tres años recibió de regalo un tambor de hojalata, tomó la decisión de no crecer más. Es decir, mantendría el cuerpo de un niño, mientras que su conciencia y desarrollo sería la de un adulto. Este momento coincide con el ascenso del nazismo al poder. Los adultos deberían representar la razón y la responsabilidad y en cambio están siendo los artífices de la peor época de la historia de Alemania.
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La historia de la familia se proyecta en la de Europa. El nacimiento, la madre, incertidumbre sobre la paternidad y todo el entorno de Oscar representan las tensiones entre los alemanes y polacos y los hechos que marcaron las fracturas del siglo. El nazismo va afectando no solo al colectivo sino que se va instalando en la vida cotidiana. Poco a poco las familias adoptan los símbolos, los uniformes, las narrativas… el nazismo se instala en cada hogar. El narrador es ambiguo y manipulador: es al mismo tiempo víctima y victimario. Miente para poder expresar lo que él considera que es la verdad, da versiones diferentes de un mismo evento, se contradice… De esta forma expresa que la memoria es selectiva, contradictoria y por eso no existe una versión oficial de la historia. Su relato es una reconstrucción literaria de la memoria.
El tambor de hojalata es una de las alegorías más relevantes de la prosa: Oscar golpea su tambor para establecer la memoria. Los adultos son capaces de olvidar el pasado o incluso pueden cambiar la historia, en cambio Oscar mediante el golpeteo a su instrumento mantiene vivo el recuerdo vergonzoso de su país. Es también un reemplazo del lenguaje y un mecanismo de protesta: “Mi obra era, pues, de destrucción. Y lo que no lograba destruir con mi tambor, lo deshacía con mi voz”.
La obra de Grass es, pues, una de las grandes novelas del siglo XX, que parte de la culpa colectiva, la ambigüedad de la memoria, los discursos y las construcciones culturales. Es una mirada objetiva y crítica a la humanidad, donde no hay malos ni buenos. Cuando la historia es insoportable de aceptar es necesario deformarla y presentarla de manera grotesca: “Si algún día vamos al infierno, uno de los tormentos más refinados consistirá sin duda en encerrar juntos en una misma pieza al hombre tal cual y las fotos enmarcadas de su tiempo”.
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