Leandro Roque de Oliveira, cuando era niño, solía ir a las tiendas de discos usados. Las horas pasaban mientras él decidía qué disco iba a comprar, y no era para menos. El poco dinero que tenía, lo debía invertir en la compra de un buen CD. No había espacio para errores. En ese ejercicio se dio cuenta de que todo récord en el que saliera el nombre de Wilson das Neves, baterista y compositor, era el elegido. Años después, luego de coincidir con él en un festival de bateristas, y tras un proyecto que le permitió tocar con el músico que quisiera, Roque de Oliveira conoció a su ídolo musical, a aquel hombre que le dio un sello de calidad a todo CD en el que participó. De ahí en adelante fueron inseparables. Ya como músico, bajo el nombre artístico de Emicida, el joven cantante le escribió una canción hecha con letras que Das Neves grabó en el pasado. Así, a partir de la música propia de Brasil, aquella que ha funcionado como resistencia frente al racismo, Emicida ha consolidado una expresión artística, desde la herencia de sus antepasados, a favor de la población negra en el país suramericano.
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El documental AmarElo, todo por el ayer es un testimonio de lucha y de conquistas sociales de la población negra brasileña, a partir de la música. Por eso la apuesta del artista es la de fusionar géneros extranjeros y locales, como el rap y la samba, en un intento por celebrar la riqueza y el legado de la cultura negra en Brasil. The Brothers Rap lideró la primera mezcla entre dichos sonidos. A ellos le siguieron Athalyba ea Firma, Rappin Hood, Marcelo D2, Quinto Andar y Racionais MC, entre otras apuestas musicales. “Ellos fueron diluyendo el carácter estadounidense, demostrando que es imposible mostrar la diversidad cultural de Brasil sin la influencia del espíritu local”, afirma Emicida.
El origen de estos dos géneros musicales es muy similar, de ahí se entiende el por qué fue posible fusionarlos. La samba surgió en las poblaciones negras y mestizas que vivían en la pobreza. Esta música se formó bajo una premisa clara: “No hay sentido en nuestra existencia sin los otros”. El rap no está muy lejos de esto, pues se gestó entre las comunidades marginadas de Estados Unidos, específicamente entre afroamericanos y latinos. Es un ritmo que nació en la calle, con la intención de ser un medio de expresión para las personas que habitaban la periferia.
Las expresiones culturales de Brasil no se pueden pensar sin el contexto político de la lucha por el respeto y la reivindicación de los derechos de la población negra. Prueba de ello es el concierto que Emicida dio en el Teatro Municipal de Sao Paulo, con su álbum AmarElo, con el que llevó la cultura callejera de Brasil a un escenario que tiempo atrás, en medio de la dictadura, vio nacer al Movimiento Negro Unificado. La igualdad y una democracia racial eran sus peticiones. Hoy, décadas después de su formación, los reclamos siguen siendo los mismos. Esto, dado un contexto social, heredado de tiempo atrás, en el que la población negra ha sido marginalizada e, incluso, perseguida.
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“Si hoy estamos aquí, en este lugar que le fue negado a nuestros ancestros, es gracias al sudor y la sangre que muchas personas dejaron en el camino. Personas que, en el apogeo de la dictadura militar, tuvieron el valor de alzarse contra el Estado brasileño y su racismo asesino, y decir que este país necesitaba reconocer el protagonismo de las personas de piel oscura en la sociedad. Algunas de las personas que están aquí estuvieron en las escaleras del Teatro Municipal en 1978, luchando contra el racismo. Para mí esto es mágico, pues su presencia es una conquista histórica. Sin sus sueños, sin su lucha, nada de esto sería posible”, afirmó Emicida en su concierto. Entre aplausos y gritos de euforia, cuatro personas que participaron en el Movimiento Negro Unificado se levantaron de sus sillas, alzaron sus brazos y sus puños apuntando hacia el cielo simbolizaron la continuidad de sus batallas. El Teatro Municipal estaba en pie de lucha.
Y es que las personas, hombres y mujeres, que lucharon a favor de la igualdad y de los derechos de la población negra son constantemente referenciadas a lo largo del documental. Nombres como Lélia González, historiadora y filósofa que lideró los estudios de interseccionalidad, la superposición de identidades sociales y su relación con las estructuras de opresión; la sambista Leci Brandão, la segunda mujer en llegar a la Asamblea Legislativa en Sao Paulo en 450 años de historia; y Wilson Simonal, músico que tras haber rendido homenaje a Martin Luther King terminó en el Departamento de Orden Político y Social, son algunos de los mencionados en el filme. Ellos, junto con muchos más, formaron una unión antirracista. Como cantó Simonal: “Sí, tengo la piel negra. Mi hermano del mismo color, lo que te pido es que luches. Sí, que luches un poco más. La batalla casi termina. Por cada negro que se fue, otro negro vendrá para luchar con sangre o no. Una canción puede llegar lejos, hermano. Escucha mi voz, lucha por nosotros”.
Así como la cultura de Brasil ha sido un punto de encuentro entre distintos géneros musicales, esta también ha unido a los sectores sociales tradicionalmente excluidos y perseguidos. Basta recordar que el Estado, a través de la Ley de Vagancia, trató de silenciar la riqueza cultural. Amparadas en ella, las autoridades encarcelaron a sambistas y capoeristas; también persiguieron a trabajadores sexuales y a personas transexuales. Justamente, en el concierto del Teatro Municipal, Emicida compartió escenario con Pabllo Vittar y Majur, pues las luchas de estas comunidades no están separadas. “No se lucha por media libertad. Desde el momento en que reflexionas sobre el género, las clases sociales y la raza, sólo hay dos formas de actuar: eres hipócrita y solo piensas en ti, o dices: ‘si queremos esto, lo queremos para todos’”, afirma Emicida.
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“Suficiente sangre, suficiente llanto. El año pasado morí, pero este año no. Solo Dios sabe lo que es no tener nada, ser expulsado (…). Nos miden por nuestra riqueza, no valemos nada (…). Lo difícil es vivir en el infierno. Es el mismo imperio canalla que no te toma en serio y quiere que muerdas la lona. Defiéndete (…). Permíteme hablar más fuerte que mis cicatrices (…). Tanto dolor nos roba la voz (…). Quiero vivir, no solo sobrevivir. Si vivir es solo sobrevivir, me roban lo poco bueno que viví. Por fin, permíteme hablar más fuerte que mis cicatrices”, cantaron a tres voces los artistas. Y es que este concierto, así como el documental, se pensaron bajo la misma premisa: regresar a los valores y a las creencias. De ahí se entiende que AmarElo, aunque sea un álbum con fuertes críticas sociales, apele a sentimientos como la esperanza y el amor.