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El Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) abrió sus puertas luego de mantenerlas cerradas por más de dos meses debido a las decisiones tomadas por el Gobierno para enfrentar la pandemia de la COVID-19. El recinto se acogió a las indicaciones dadas por las autoridades locales, por lo que podrán ingresar bajo la medida de pico y cédula determinado en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá.
Además, no se permitirá el ingreso de niños, niñas, adolescentes y adultos mayores de 70 años, acogiéndose a las medidas de seguridad establecidas en el decreto 749 de 2020 y en la resolución 844 de 2020, donde se limita la circulación de estos grupos como medida sanitaria de aislamiento y cuarentena preventiva.
“El proceso empezó hacia mediados del mes de abril cuando nos sentamos a conversar con un grupo de colegas de otros museos de Bogotá, Cali y Medellín. Allí hablamos sobre los casos de reapertura económica, también lo que estaba sucediendo con las instituciones culturales en Europa y en algunos países asiáticos. Finalmente llegamos a la conclusión de que los museos son espacios seguros y muchos tenemos la infraestructura física para recibir a la gente. El Ministerio de Cultura fue el encargado de hacer toda la gestión y trámites ante el Gobierno Nacional”, contó María Mercedes González, directora del Museo de Arte Moderno de Medellín.
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Dentro del protocolo de bioseguridad que tienen estipulado para ingresar hay una estación para el control de la temperatura y, en caso de que alguna presente un número mayor a 38°C, no podrá ingresar. También hay sitios específicos para lavado de manos y desinfección del calzado. El uso de tapabocas es obligatorio durante todo el recorrido, así como el distanciamiento físico.
El aforo máximo en las exposiciones temporales es de 55 personas y la reapertura se hará por fases: en la primera solo se podrán visitar las obras que se encuentran en las salas del edificio Talleres Robledo del primer piso.
“Antes de la pandemia teníamos unos proyectos con la alcaldía y entidades privadas, pero por fortuna continuamos con esas iniciativas, aunque tuvimos que hacer unas modificaciones en los contenidos. Hemos sentido el apoyo por parte de artistas, empresas y fundaciones: tuvimos una caída dramática de ingresos propios que provienen de la tienda, el parqueadero, alquiler de espacios y taquilla. Dejaremos de recibir $2000 millones de pesos”, dijo González.
También añadió que “con los nuevos contenidos digitales llegaron nuevos aliados y los artistas han sido muy generosos”.
Los visitantes del museo se encontrarán con la exposición Definición del horizonte de Libia Posada, médica y artista. Sus creaciones se sitúan en el cruce entre estos dos saberes, que no es otro que el cuerpo, sus diferentes representaciones y las formas en que este es construido y modelado por la cultura.
La exposición no busca determinar el estado de salud o patología de la sociedad, ni tampoco las características geográficas exactas del país, sino repensar los signos que supuestamente comprueban cada uno de esos estados y sus condiciones psicosociales. De este modo, Posada ha creado una representación que habla de las formas en las que el cuerpo, el individuo y la colectividad son definidos, domados y modificados por la cultura.
Igualmente, está disponible Tiempo de perros mudos, de David Escobar Parra, que propone la creación de un lenguaje ancestral contemporáneo. Esta obra está inspirada en una investigación reciente en la Sierra Madre de Oaxaca con la comunidad mazateca mexicana y en la exploración de los mitos fundacionales del Valle de Aburrá.
Tiempo de perros mudos rescata la fuerza de supervivencia de algunas de estas cosmogonías que se resisten a ser consideradas mudas. Con su expresión ancestral contemporánea, Escobar Parra plantea la posibilidad de nuevas escrituras que aceptan características coloniales y, simultáneamente, imaginan formas de comunicación que revelan rastros de experiencias cosmogónicas anteriores.
Para este proyecto, el artista interviene la novela El valle de los perros mudos (2000), del escritor antioqueño Juan Gil Blas, y produce un nuevo texto que se transforma en el espacio expositivo de una instalación que combina danza, silbido, ritual, video y literatura.
“Estamos abriendo las puertas del museo en un momento complejo para la ciudad y el país, pero nos hemos preparado cumpliendo todos los protocolos y medidas de bioseguridad para garantizar una experiencia y un espacio seguro, responsable y confiable”, concluyó Posada.
Los horarios de atención son de miércoles a viernes de 10:00 a.m a 7:00 p.m. Los sábados abrirán de 11:00 a.m a 6:00 p.m y los domingos de 11:00 a.m a 5:00 p.m. Los lunes, martes y festivos el museo no abrirá.
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