“¡Horrible condición del hombre! No hay una sola de sus dichas que no provenga de una ignorancia.”
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“Eugenia Grandet” es una de las novelas más célebres y conocidas de Honoré de Balzac (1799-1850), y es un ejemplo de la importancia de ciertos preceptos jurídicos en el eje de una trama novelesca, como los testamentos, la costumbre como fuente de ley, los contratos matrimoniales, la quiebra o las leyes hereditarias. Aunque dichos criterios no sean expresamente manifiestos en la trama sociológica que parece regir la novela, sí sirven como principio organizador de la realidad en contra del ideal romántico.
La novela fue publicada inicialmente en 1833 por entregas periódicas, durante el contexto convulso de la Francia post-Revolución Francesa. Luego, el autor la incorporó dentro del entramado de la Comedia Humana, en la sección “Escenas de la vida de provincia” que da cuenta de diferentes relatos cuyo contexto temporal, social y político va desde la Restauración hasta la Monarquía de julio.
El argumento es el siguiente: Eugenia es la hija de Felix Grandet, un hombre adinerado, pero al mismo tiempo muy tacaño. Había sido un trabajador modesto, sin muchos recursos, hasta que heredó unas propiedades y empezó a incrementar su fortuna al aprovecharse de la inestabilidad política. Se dedicó al comercio de vinos, lo escondía cuando escaseaba para venderlo luego a mejor precio y entre marañas y ahorros logró convertirse en uno de los hombres más ricos e influyentes de la región: “Su palabra, su ropa, sus gestos, el guiño de sus ojos eran ley en la región, donde cada uno, tras haberlo estudiado como un naturalista estudia los efectos del instinto en los animales, había podido reconocer la profunda y muda sabiduría de sus más ligeros movimientos”. Sin embargo, la familia seguía viviendo en una casa vieja y húmeda, de forma austera, porque él no quería gastar en reparaciones.
Regía la expresión material de una ley no escrita: nada debe desperdiciarse, todo debe conservarse y subordinarse al crecimiento de la riqueza.
Eugenia se enamora de un primo, Charles, que llega a la casa con una carta de su padre, el hermano de Felix, en la que anuncia su inminente suicidio por las deudas, que deben pagarse lo más pronto posible. A partir de ese momento, la novela se articula en torno a decisiones que implican dinero, obligaciones, herencias y promesas. Eugenia cree en principio que Charles le corresponde, pero en realidad lo mueven intereses económicos. Eugenia había cedido parte de su dinero a Charles para pagar deudas, bajo una promesa de matrimonio a su regreso. Este logra organizar sus finanzas y cuando regresa decide no honrar su promesa y rechaza a Eugenia. Finalmente ella se ve forzada, por algunos mandatos y contratos de su padre, a casarse con un hombre mucho mayor, al que no ama, quien al morir le deja una gran herencia. Termina sola, rica, con una fortuna que no le da sentido a su vida.
Dice Mario Vargas Llosa en el prólogo a la edición de Siruela de la novela: “Balzac sintetiza en la historia de Eugenia Grandet las ilusiones y los valores de las jóvenes casaderas de la sociedad francesa, en una época en que el contraste entre las fantasías románticas generadas por el arte y la literatura y la realidad dura y cruel generaba frustraciones y sufrimientos que se vivían calladamente en el seno de las familias”. Ese silencio es un reflejo de valores e ilusiones que se ven machacados por unos cánones que parecen convertirse en normas: el dinero es una especie de ley no escrita. Quienes tienen recursos económicos poseen la capacidad de imposición; la escritura solemne es la realidad, lo que no está escrito y documentado legalmente carece de fuerza e incluso de existencia. Parecería que también los sentimientos y las ilusiones deben constar por escrito para que existan; la herencia es un vínculo obligatorio, ya que no solo es la transmisión de bienes, sino de un orden. Eugenia no solo hereda una fortuna, sino una posición privilegiada en un grupo social del que no se siente parte; las deudas provenientes de los contratos incumplidos son las encargadas en la novela de articular decisiones y determinar trayectorias. Es decir, la ley que rige el colectivo social en el que vive Eugenia no se orienta por la justicia sino por la validez documental. Se trata de una justicia meramente funcional.
“Eugenia Grandet” es una novela publicada en un momento en la historia de la literatura francesa en el que la novela realista se convierte en el género por excelencia para reflejar las transformaciones sociales. Otras novelas como “Papá Goriot” presentan, en un ambiente urbano, la ambición, la movilidad social y las disputas heredadas de las tendencias políticas. Esta novela, en cambio, explora la dinámica social y económica fuera de París. Ofrece varias aproximaciones críticas al capitalismo emergente, a la avaricia, a los vínculos afectivos en torno al dinero y a cómo la ley se convierte en una organización de vida, que no garantiza justicia: “A principios de la primavera, la señora des Grassins trató de turbar la felicidad de los cruchotinos hablando a Eugenia del marqués de Froidfond, que podría levantar su arruinada casa si la heredera quería devolverle sus tierras mediante un contrato de matrimonio”.
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