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"No hay bella melodía en el que no surjas tú. Ni yo quiero escucharla, si no la escuchas tú". De fondo un canto profundo, evocado con sentimiento. Un arpegio, unas maracas y un bolero. Un sonido que por la época suena diferente, pero ese sonido diferente es lo que lo hace especial, pues es la evidencia de un pasado en el que la música invitaba a un brindis, a un beso y a un verso. Los boleros de Luis Gatica, como suele ser característico en el género, causan cierta nostalgia y una sensación de placer que surge de la belleza de las melodías y el cuidado de las palabras.
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Luis Gatica, su hijo, confirmó la muerte del cantante chileno esta misma tarde a través de su cuenta de Instagram. "El rey del bolero", como se le conocía, llevaba viviendo alrededor de 50 años en Ciudad de México, ciudad en la que se el artista dio su último suspiro este martes.
De ahí en adelante, en Chile empezaron a querer más los sonidos poéticos de los boleros por la virtud que Gatica profesaba con sus letras y su voz. Sus éxitos en toda América Latina y en España ya hablaba de la tenacidad con la que el cantante chileno había logrado romper fronteras con los boleros.
El carácter romántico de los boleros había encantado a Gatica y lo habia llevado a esa segunda patria de muchos latinoamericanos: México. Desde 1957, "El rey de los boleros" se instaló en tierras aztecas para empaparse del legado que ya venían construyendo los mexicanos con la música popular y romántica. Su instancia fue todo un reto y todo un halago, pues esta le permitió impregnar sus sonidos y su estilo musical con el compás y la intensidad de las letras mexicanas.
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El cantante recibió la Orden al mérito artístico cultural Pablo Neruda en el 2012 como un reconocimiento al sello personal que le dejó a los boleros y como un legado imborrable para la música chilena, que si bien siempre había estado ligada a ese contexto bohemio, nunca habría podido acercarse con tanta pasión y vehemencia a los boleros como lo logró gracias a esa ruptura en la cultura que generó Gatica.