La Fundación Rogelio Salmona se pronunció sobre la intervención de un apartamento en Bogotá, donde fueron demolidas unas escaleras y modificados otros espacios diseñados por el arquitecto.
En contexto: La demolición de unas escaleras de Salmona y el debate sobre el patrimonio
“Lo que resulta especialmente preocupante no es solamente la transformación de un elemento arquitectónico de una obra protegida, sino la actitud de ufanarse de haberlo eliminado, como si la destrucción de un elemento de valor patrimonial fuera un logro”, escribió este 31 de agosto María Elvira Madriñán Saa, presidenta de la junta directiva de la Fundación, la entidad que se encarga de preservar el legado de Salmona.
Desde el título de la publicación, Madriñán fijó la postura frente a la intervención: “El patrimonio cultural no se destruye: se respeta y se protege”.
Ese pronunciamiento se conoció después de que se hiciera viral en redes sociales un video del estudio de diseño Deconama en el que mostró la demolición de las escaleras originales y su reemplazo por unas nuevas de madera, cemento y vidrio, con detalles de luces led.
La intervención también incluyó cambios en un ventanal, un muro veneciano, el piso y otros elementos del apartamento. Según explicó el estudio, las modificaciones buscaban mejorar la entrada de luz y ampliar algunos espacios.
“Un Bien de Interés Cultural no es un inmueble cualquiera”
El inmueble hace parte de un edificio diseñado por Salmona y protegido como patrimonio. En ese contexto, la Fundación recordó que “un Bien de Interés Cultural no es un inmueble cualquiera” y que una declaratoria reconoce en una obra valores y atributos que la sociedad considera significativos y que, por ello, decide proteger.
La fundación también hizo una precisión frente a la posibilidad de hacer cambios en estos espacios. “Transformar una obra para que continúe siendo habitada y responda a las necesidades contemporáneas no es incompatible con su conservación”, sostuvo.
El límite, según escribió Madriñán, está en desconocer por qué se protege la obra. “Lo que no puede aceptarse es que, en nombre de una supuesta libertad de transformación, se desconozcan los valores que justificaron su protección, y mucho menos que su alteración se convierta en motivo de orgullo”.
La Fundación hizo un llamado a las autoridades competentes para fortalecer las acciones de protección, seguimiento y control sobre los Bienes de Interés Cultural de Bogotá, especialmente sobre el patrimonio arquitectónico de Rogelio Salmona.
También invitó a propietarios, administradores y responsables de estos inmuebles a asumir un papel activo en su cuidado. “La protección del patrimonio no puede depender únicamente de las autoridades. Requiere una ciudadanía informada, vigilante y comprometida. Si todos reconocemos el valor de aquello que hemos recibido y contribuimos a su cuidado, podremos preservar para el futuro la memoria arquitectónica de nuestra ciudad”, añadió la publicación.
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