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Gioconda Belli: la palabra frente al tiempo y la lucha por la libertad femenina

Presentamos la última parte de esta entrevista, en la que la autora habló sobre sus selecciones para Tinta Club del Libro.

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Sandra Pulido
25 de enero de 2026 - 11:58 p. m.
En 2008, Gioconda Belli se convirtió en la ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz.
En 2008, Gioconda Belli se convirtió en la ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz.
Foto: AFP - ALFREDO ZUNIGA
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Tinta Club del Libro es una iniciativa que propone una experiencia de lectura mensual a través del envío de libros seleccionados por curadores invitados. Cada edición incluye un título en una edición producida especialmente para el club, acompañado de materiales editoriales que contextualizan la obra y su elección.

Este proyecto articula la figura del curador como eje de su propuesta editorial. Escritores y agentes del campo literario participan en la elección de los títulos y en la construcción de un marco de lectura que se extiende más allá del libro, mediante textos y espacios de intercambio asociados a cada edición. Tinta se plantea así como un dispositivo de mediación entre autores, obras y lectores, con una periodicidad mensual.

La siguiente entrevista corresponde a la cuarta y última parte de una conversación con Gioconda Belli, escritora nicaragüense y una de las curadoras invitadas por Tinta Club del Libro en 2025. Su publicación se realiza en el marco de una alianza entre Tinta y El Magazín Cultural de El Espectador, que busca compartir con el público las reflexiones de los curadores alrededor de la literatura.

Disfrutando de la gran lectora que es, ¿cómo llegó a esta selección de libros que lleva bajo su piel?

Me planteaste una tarea muy difícil, porque no es sencillo elegir. Me puse a pensar qué libros pueden capturar la atención de los lectores: las obras bien escritas son las que tienen conflictos importantes. Me gustó la idea de que no fueran tan conocidas, que en este momento no estuvieran de moda. Son dos libros que han permanecido para contarnos el mundo y al ser humano desde dos perspectivas diferentes, una de ellas feminista.

¿Qué opina sobre Tinta y qué le diría a los lectores y lectoras que la han leído y que van a recibir sus recomendaciones como una sorpresa?

Siento una gran admiración por que hayan podido llevar adelante este proyecto, porque no es solo un proyecto en torno al libro, sino también de toda una comunidad. Una comunidad que ofrece la posibilidad de leer no cualquier cosa que a alguien se le ocurra, sino textos meditados y escogidos con mucho cuidado. Eso me encanta y te felicito, Sandra, porque este club de lectura es muy especial. Por eso me gustó la idea de poder participar.

El libro de Ángeles me encanta. Recuerdo muy bien cuando lo leí, hace años, y refleja esa mentalidad machista tan recalcitrante, sobre todo en ese periodo de México, y resulta muy actual en cierta manera, porque todos esos problemas de los que ella habla, el amiguismo, el caciquismo, la corrupción, siguen manifestándose. El personaje de esta mujer, Catalina, va saliendo de ese entorno, en un proceso personal de tomar conciencia, y eso me fascinó, porque me parece que Ángeles lo hizo sumamente bien.

El libro de Sándor Márai también me entusiasmó. Me gustó la idea de escoger dos libros que no estén de moda en este momento, sino obras que han permanecido para contarnos el mundo y al ser humano desde dos perspectivas diferentes, una de ellas feminista.

El último encuentro de Sándor Márai

¿Cuándo leyó el libro por primera vez, cómo llegó a usted y por qué lo recomendó a los lectores de Tinta?

Hace casi 25 años. Estaba en una librería de Los Ángeles que se llama Dutton’s y le dije al librero que quería leer un libro que me emocionara, entonces él me lo dio y me lo recomendó. En inglés se llama Embers, que significa carbones encendidos: no son cenizas, todavía tienen fuego. Lo leí y quedé impactada. Fue un gran descubrimiento, un libro extraordinario para mí.

Es casi shakespeariano por ese encuentro entre dos amigos que, después de 41 años sin verse, se reencuentran. La manera en que está narrado crea una atmósfera en la que no sabes qué va a pasar. También está la atmósfera de la palabra: es un duelo de palabras entre dos personas inteligentes, dos amigos que se han querido, pero que tienen ese secreto en medio de ambos. Ese libro me pareció de lo mejor que se ha escrito en el siglo XX y, además, no es tan conocido.

Después, cuando supe que Sándor Márai se había suicidado… ¡qué horror! Este hombre no se dio cuenta de la maravilla que le dio al mundo. Aunque tiene otros libros, creo que este es el mejor.

¿Por qué cree que Sándor Márai recrea una espera de cuarenta y un años para tener una conversación pendiente? ¿Es el paso del tiempo una condición de sabiduría, de claridad?

Es comprensión, sobre todo cuando se trata de dos personas amando a una misma mujer y una traición de por medio. En este caso, cuando finalmente Henry tiene la fuerza de enfrentar a Kónrad, no lo hace de manera vulgar ni violenta, y eso es lo más bello del libro. A partir de esto hay una comprensión de una amistad profunda y, aunque le reclama y le expresa el dolor por lo que pasó, no hay violencia. No es que al final lo vaya a matar, aunque a veces uno espera que salga una pistola y lo mate en determinado momento.

A mí me parece que Márai entra en una profunda parte de la condición humana, algo muy difícil de reproducir en un libro. Además, es muy estético: tiene toda esa belleza de una palabra bien escrita y una situación tan tremenda. Es un librito, pero te hace pensar y te llega al corazón.

A propósito de esta frase: “¿Qué se puede preguntar con palabras? ¿Qué valor tienen las respuestas que se dan con palabras y no con la veracidad de la vida humana?" ¿Cuál es la importancia de la verdad para la naturaleza humana?

Creo que la verdad es, al final de cuentas, la única realidad en la que realmente podemos sentirnos auténticos, en la que somos quienes somos. Todo lo demás, es decir, la mentira, implica fingir, falsificarnos. Mientras que, cuando estamos en la verdad, no nos engañamos ni a nosotros mismos ni a los otros. Por eso, quienes viven en la mentira generalmente son personas muy atormentadas, y a veces, para ellos es algo muy importante y se vuelve su modo de vida. Tampoco voy a hacer juicios morales, porque la mentira también tiene su gracia y su invención. Somos personas, pero también personajes de la invención, por lo que nos atrae la imaginación.

Arráncame la vida de Ángeles Mastretta

¿Cuándo leyó el libro por primera vez, cómo llegó a usted y por qué lo recomendó a los lectores de Tinta?

Lo leí en los años ochenta. Cuando recién había salido el libro, fui a México y no lo conocía; no sabía quién era Ángeles Mastretta, pero alguien me lo recomendó y me encantó. Pensé que era un libro bueno, divertido y socialmente importante. Además, me encantó la mujer que creó: Catalina.

¿Cómo ha cambiado el mundo de las mujeres para las “Catalinas”, casi cuarenta años después de la publicación de este libro?

Sí y no. Creo que los cambios que hemos tenido las mujeres se están expandiendo y extendiendo, pero con mucha dificultad y con muchos retrocesos, porque hay fuerzas que nos quieren detener: la Iglesia, las instituciones, el patriarcado. Intentan detenernos, pero yo creo que la progresión y la evolución son casi imparables. Ya somos suficientes las que sabemos que se puede vivir de otra manera; es como haber introducido un virus: muchas estamos contagiadas y no vamos a dejar que nos arrebaten todo lo que hemos logrado.

Para mí, la revolución más importante del siglo XX fue la revolución femenina. Si nos ponemos a pensar qué es lo que realmente ha cambiado al mundo, lo que transformó la manera de ser y las costumbres, ha sido la liberación de las mujeres. En este punto, todavía nos falta alcanzar un mundo donde los cuidados sean importantes: cuidar el planeta, cuidarnos entre nosotros mismos y construir una ética del cuidado que esté por encima de la ética de hacer dinero. Es decir, que haya amor y respeto por el otro, que no haya guerras y que podamos vivir en un mundo armónico.

Tengo fe en que eso se puede lograr, sobre todo en la medida en que las mujeres participemos más. No es que todas seamos especialmente buenas, pero tenemos un rol, una condición biológica que nos obliga a saber cuidar, porque la especie no puede desarrollarse sin cuidado. Eso lo estamos viendo ahora: estamos al borde de extinguirnos como especie, porque la Tierra no se va a acabar; quienes nos vamos a acabar somos nosotros.

¿Cree que necesitamos muchos “Faguas”, el país que usted inventó en su novela El país de las mujeres (2010), y que una buena solución sería que el planeta fuera liderado por mujeres?

Por mujeres, o por hombres feminizados: hombres con corazón, que hayan aceptado sus emociones y que no le tengan miedo a su lado femenino, así como nosotras no tuvimos miedo de desarrollar nuestro lado masculino. La verdad es que hemos usado ese lado masculino para no sentirnos inseguras y hemos tomado muchas cosas positivas de los hombres; ahora ellos tienen que empezar a tomar lo positivo de nosotras.

Sí, creo que podríamos tener muchos “Faguas”. Pero hay algo que sí le reclamo al feminismo actual: la falta de sentido del humor y la falta de amor. Es muy duro, y a veces asusta no solo a muchas mujeres, sino también a los hombres, por supuesto. Pienso que tendría que existir un feminismo más femenino, en un sentido juguetón, sexy, amoroso, invitador, seductor. Yo creo que si nos han dado armas de seducción, usémoslas para el bien.

A propósito de un fragmento de su poema “Despatriada”:

“Me fui con mis palabras a la calle. Las abrazo, las escojo. Soy libre, aunque no tenga nada”.

¿Cree que las mujeres hoy somos más libres? Libres como lo es usted ahora y como lo es Catalina al final de la novela.

Sí, somos más libres. Yo creo que sí, aunque no todas las mujeres. Si pensamos, por ejemplo, en las afganas, a quienes no les permiten ni cantar, tenemos una obligación con todas esas mujeres. Creo que una de las cosas tristes que nos ha pasado es que esta situación de algunas que estamos mejor no se reproduce en todas partes del mundo. Todavía hay lugares donde la mujer sigue siendo maltratada, tratada como si no tuviera alma, obligada a casarse muy joven, con muchísimos impedimentos.

Fíjate que Nicaragua, por ejemplo, es el país de América Latina con el segundo nivel más alto de embarazo adolescente, en un lugar donde el aborto terapéutico está prohibido. Una niña de diez años, que puede morir en un parto, tiene que tener al hijo porque ese aborto está prohibido.

Aun así, sí creo que estamos avanzando. Creo que todas tenemos un papel: vos estás haciendo cosas maravillosas con ese club de lectura, yo con mis libros. Todas estamos poniendo nuestro pedacito de arena. Tenemos que amar ese pedacito, ese granito de arena, y ser responsables de él.

Por Sandra Pulido

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