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Hacia dónde van los museos: entre la accesibilidad y la reflexión crítica

Algunas expansiones y reorganizaciones de estos espacios culturales en el mundo generan preguntas sobre una posible simplificación de su narrativa. La colección de arte del Banco de la República y el Museo Nacional están en procesos de renovación, así que hablamos con sus voceros sobre el panorama colombiano.

Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez

14 de marzo de 2026 - 06:59 p. m.
Imagen del Museo de Arte Miguel Urrutia, que hace parte de la red cultural del Banco de la República. Esta institución planea un remontaje de su colección de arte, que se presentará en 2028.
Foto: Google Maps
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A lo largo de la historia los museos han funcionado no solo como espacios de preservación de la memoria, sino también como lugares de diálogo con el presente. Recientemente se generó un debate a raíz de la reorganización de la colección contemporánea del Museo Reina Sofía en España. Ángela Molina, del diario “El País”, publicó un artículo en el que afirmó que el museo habría dejado de lado parte de su perspectiva crítica para orientarse hacia un enfoque más “accesible, dinámico y didáctico” para el público.

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Museos como los de la Fundación Guggenheim o el Centre Pompidou se han expandido y, aunque a primera vista esta podría ser una buena noticia, también se ha advertido sobre los riesgos de que, al amplificar los espacios y querer hacerlos más accesibles, se pueda llegar a simplificar las narrativas de estos museos

En este contexto, El Espectador habló con Katia González, directora encargada del Museo Nacional, y con tres voceros de la Unidad de Artes y Otras Colecciones del Banco de la República: Nicolás Gómez Echeverri, director de la Unidad; Paula Duarte, jefe de la sección técnica y curatorial, y Sigrid Castañeda, jefe de la sección Servicios al Público y Educativos, para que compartieran su perspectiva con respecto a este debate.

Los representantes de ambos museos reconocieron que, cuando suelen presentarse este tipo de cambios en el manejo y la curaduría de las colecciones, es usual recibir opiniones mixtas por parte de los asistentes. González dijo que si bien algunas personas creen que los museos deben permanecer “inmutables”, es una responsabilidad institucional de estas entidades dialogar con las dinámicas del presente.

Por otro lado, los voceros del Banco de la República expresaron que la accesibilidad y el componente crítico no deberían ser vistos como elementos separados. “Para nosotros, la investigación rigurosa de nuestras colecciones y la manera en que mediamos y presentamos sus contenidos a los públicos son tareas inseparables. Ninguna subsiste sin la otra”.

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González tampoco cree que hoy en día exista una priorización del acceso para las personas sobre el diálogo reflexivo, pero sí que lograr un equilibrio entre ambos permite contribuir a formar “una ciudadanía más informada, crítica y participativa”. Para ella, la reconfiguración de las colecciones para que sean más pedagógicas amplía tanto el sentido crítico como los públicos, lo que trae nuevas miradas a los debates contemporáneos.

Los dos proyectos museísticos se encuentran desarrollando procesos de renovación. En el caso del Museo Nacional, desde 2011 se viene gestionando la transformación de las 12 salas que lo componen, basándose en el enfoque de “una nación pluriétnica y multicultural”. Este año se completa ese proceso con la inauguración en octubre de la última sala: “Casa Común”. El Banco de la República también se encuentra planeando un remontaje de su colección de arte, que tendrá lugar en 2028.

En el marco de este proyecto, los representantes del Banco de la República fueron enfáticos en que “el museo existe para sus públicos”, por lo que, para entenderlos, se vuelve fundamental pensar en formas de mediación e inclusión. Estos pilares, al igual que sus políticas de adquisiciones y la curaduría, se encuentran respaldados por investigaciones y asesorías de distintas disciplinas, para así seguir construyendo un diálogo con la sociedad con la que conviven.

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En el artículo de Molina se mencionó que el cambio en la colección del Reina Sofía estaría relacionado con una mayor atención a las presiones del mercado artístico y a las agendas de política cultural del momento, así como con la incorporación de temas contemporáneos y cifras de representación que, en ocasiones, se realizan de formas que pueden resultar “superficiales”. Además, la autora añadió que esta nueva organización de la colección parecía enfocarse más en el reconocimiento de “nombres famosos”, que en una propuesta de diálogo entre sus obras.

Frente a la pregunta sobre qué tanta influencia tenía el mercado, los voceros del Banco de la República reconocieron que este elemento es parte del ecosistema del arte, pero ambos proyectos hicieron énfasis en que sus líneas curatoriales están fundamentadas en procesos de investigación y otros criterios, como el “académico, el cultural y el de sentido público”.

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Además, en el caso del Museo Nacional, la directora encargada mencionó que la inclusión de temas contemporáneos en la curaduría de este espacio implica tener un acercamiento con las comunidades y personas atravesadas por este tipo de coyunturas, por lo que los procesos organizativos y comunitarios se han vuelto fundamentales para darles la profundidad y atención necesaria a estos temas.

Para el Banco de la República, la inclusión de estos temas coyunturales, como la diversidad o la identidad, es necesaria, ya que son asuntos que, más allá de su auge contemporáneo, demuestran un cambio en el mundo que debe empezar a ser discutido, sobre todo cuando estas voces han sido históricamente silenciadas. “Incorporarlas hoy implica reconocer esas ausencias y abrir nuevos diálogos”.

Por último, tanto para el Museo Nacional como para el Banco de la República es necesario tener en cuenta el contexto, en este caso el colombiano. “El museo toma en cuenta las realidades socioculturales, los debates ciudadanos, las reivindicaciones poblacionales, las transformaciones del país y los pilares que una dirección como la de Liliana Angulo Cortés le aportó al Museo pensando en el antirracismo, la decolonialidad y la reparación histórica”, mencionó González.

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La Unidad de Artes y Otras Colecciones del Banco reparó en que una parte de la población nacional no ha tenido acceso a una formación en historia o arte, por lo que muchas veces los museos se convierten en su primer acercamiento a este tipo de temas. Aquí radica la importancia de hacer accesibles estos espacios para la diversidad de los públicos que llegan a ellos. “Ofrecer contexto, herramientas de lectura y dispositivos didácticos no implica renunciar a la crítica, sino hacerla posible”, concluyeron los voceros.

Los cuestionamientos sobre el rol de los museos seguirán dándose mientras sean lugares de encuentro para el debate público. Cambios como los del Museo Reina Sofía o ampliaciones como las de los museos Guggenheim le exigen al sector mantener una mirada crítica frente a la evolución de estos espacios que preservan y transforman el pensamiento de la humanidad, pero la inclusión de nuevos públicos es prioritaria.

Por Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez

Comunicadora social y profesional de Estudios Literarios de último semestre de la Pontificia Universidad Javeriana. Apasionada por la gestión cultural, el sector editorial y la literatura latinoamericana.mchiliquinga@elespectador.com
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