¿Cómo es escribir en Colombia? ¿Ha evolucionado el papel de la escritura en el país a lo largo de estos 40 años que lleva escribiendo?
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Es difícil distinguir si el que cambia es el país o uno. Mi primer libro me lo publicó una editorial universitaria, el segundo una pequeña editorial en Bogotá, más o menos marginal, Tercer Mundo, y el tercero fue una autopublicación. Digamos que en ese sentido no creo que haya cambiado tanto el comienzo para cualquier escritor que esté ahora empezando: las editoriales universitarias, las alternativas son las que más puertas le abren a un escritor desconocido y, sin embargo, creo que ahora hay más oportunidades, hay muchas más editoriales pequeñas que buscan, que no están dentro de la corriente principal; también las editoriales internacionales son más grandes, más profesionales, pagan mejores anticipos.
Cuando empecé a estudiar y a escribir, un problema muy grande era cómo me iba a ganar la vida si yo quería ser escritor, porque sabía que iba a ser muy difícil. Ahora puedo decir que, al cabo del tiempo sí se puede uno ganar la vida solo escribiendo; pero uno tiene que someterse a un peaje, a veces de muchos años, en mi caso unos 20 años tal vez, sin poder vivir de esto. Ahora, el país ha cambiado, no todo lo que uno quisiera, pero sí ha cambiado. Cuando era joven en Medellín, digamos en mis años 20, mataban a más de 7.500 personas al año; hoy matan 350, 400 personas, y en ese sentido ha cambiado. No sé qué piensen los escritores jóvenes, los que empiezan, si es difícil o es fácil, yo lo ensayé todo y llegué finalmente a una editorial grande, Alfaguara, después Planeta, después volví a Alfaguara, en fin, yo creo que ese camino es un poco el de todos, el que todos tenemos que recorrer.
Le sugerimos escuchar a Héctor Abad Faciolince hablando sobre la muerte y la voluntad en este capítulo de El refugio de los tocados.
Estudió Lenguas Modernas en la Universidad de Turín, pero ¿desde cuándo supo que quería ser escritor?
Como desde los 12 o 13 años empecé a escribir poemas. Creo que el entrenamiento temprano en cualquier profesión, ser guitarrista, pianista, tenista o escritor, sirve mucho; no es que sea indispensable, pero sí creo que escribir desde muy pronto me ha ayudado mucho. Mi mamá me dio un consejo excelente y fue que aprendiera al menos a escribir a máquina, que parece una tontería, pero tanto la caligrafía como la escritura con los diez dedos facilita mucho la vida de un escritor.
Pero sí, desde muy joven, desde que era un preadolescente, casi un niño, sabía que quería hacer eso, pero también sabía que tenía que buscarme una forma de ganarme la vida y estudiar literatura en Turín, después de haber fracasado en medicina, en filosofía y en periodismo en Colombia. Sabía que necesitaba una manera de asegurarme con alguna carrera mientras mis libros llegaban a ser leídos. Una manera de tener una familia y una vida y un sitio donde vivir.
“La utilidad de la literatura, para mí, es que paso horas leyendo y esas horas me han hecho muy feliz” dijo en una entrevista en el 2008. Supongo que sigue pensando lo mismo. ¿Cuánto lee para escribir sus libros?
Pues sí, la lectura me sigue haciendo muy feliz, pero me parece un poco egoísta esa respuesta mía de que la lectura sea algo para evitarme a mí la infelicidad. Aunque eso es verdad, la literatura sirve para muchas más cosas: para educarse, para despertar la compasión, para sentir libertad, para identificar belleza, etcétera. Sirve también para escribir libros. Que si leo mucho mientras estoy escribiendo libros: sí, leo muchísimo, tengo que documentarme. Ahora estaba escribiendo sobre una ciudad en la Ucrania de hoy que se llama Berdychev, y entonces tengo que leer qué es exactamente esa ciudad, qué historia tiene, qué historia literaria tiene, y así entonces me entero de que en esa ciudad nació Vasili Grossman, que es uno de los escritores que estoy leyendo ahora para lo que estoy escribiendo. Leí Todo fluye, leí sus memorias, y bueno, me encuentro que en Berdychev nació también Joseph Conrad, y eso me llevó a leer Bajo la mirada de Occidente, que es una novela de Conrad muy crítica con Rusia, y también averigüé que en Berdychev, Blazac se había casado poco antes de morir. Seis meses antes de morir fue a Berdychev a casarse. Entonces como que cualquier mención en un libro se vuelve una red de asociaciones y de cosas que hay que estudiar y mirar. Yo había llegado a Berdychev simplemente porque ahí mataron a la madre y a la hermana de Vasily Grozman por judías cuando los nazis invadieron Ucrania. Yo creo que, sin leer, sin consultar todo el tiempo diccionarios, enciclopedias, nuevos autores, historiadores, es imposible que todo lo que uno estudia vaya a salir en el libro, sino que haya como una base, un sustento, algo que lo haga uno sentir seguro de que está hablando de cosas que conoce, sobre todo cuando es una ciudad que uno no conoce. Entonces sí, la lectura es una vía para el conocimiento en todos los sentidos.
¿Qué autores(as) considera referentes en su vida?
Me parece que me estás preguntando por autores de literatura, por novelistas o por poetas. Yo no creo que uno como escritor, o que un novelista, deba leer solamente novelas, o que un poeta deba leer solamente poesía, o un científico solo de ciencia, o un médico solo de medicina; eso termina por hacer que uno sea una persona muy incompleta, con una deformación profesional muy grande. Yo he tratado de leer de ciencia, de política, de historia, de filosofía, de música y de cine, y tendría que darte como una lista de autores que abarcaran estas otras facetas del mundo. Si pensara en maestros en filosofía, tendría que mencionar a Platón, a Spinoza, a Epicuro, a Seneca, a Bertrand Russell. Y ya en tiempos más modernos: si pensara en ciencia, sin Darwin no creo que yo pudiera entender bien cómo es el ser humano, sin este autor que nos ha devuelto a nuestra condición animal, a nuestra condición biológica, y sin tener en cuenta la biología es muy difícil entender la psicología humana. En literatura me formé de joven leyendo a los autores del boom latinoamericano, los que tenía más cerca de mí, pero no me quedé ahí, incluso me saturé de los autores del boom, que tanto me ayudaron, que tanto quiero y que tanto me formaron. Del boom uno puede pasar al anti-boom, gente que se oponía a los del boom, como Cabrera Infante, alguien que estaba por fuera de todas las modas, como Borges, o mujeres, porque los del boom eran muy machistas y no aceptaban mujeres, entonces ahí aparece Clarice Lispector, por ejemplo. Pero tampoco puede estar uno limitado a su región, también hay que buscar en otras partes, en otras latitudes, en otras lenguas, y en cosas que combinen ciencia, filosofía y literatura, y ahí están en su época Diderot o Voltaire, que son grandes escritores novelistas y también filósofos, en fin… La gente que lee no debe pensar que la lectura es simplemente la lectura de novelas, la lectura es la lectura de lo que a uno más le interese en ese momento, y mientras más se lee, más difícil es responder con nombres de maestros o referentes en la vida. Yo creo que depende del momento de la vida, van cambiando, son muchos.
Le sugerimos leer: Rosa Montero: “Todos tenemos una imaginación que nos salva la vida”
¿Cómo elige los libros que lee? ¿Va a la librería? ¿De quién acepta recomendaciones?
Yo acepto recomendaciones muy libremente, de cualquiera. Voy a librerías, me antojo, abro, leo las primeras páginas, abro en otra página, veo qué me gusta. Claro, influyen muchísimo los amigos que quiero, que admiro y aprecio, conversando con ellos surgen muchos libros. Leyendo a otros también aparecen otros autores que ellos mencionan y que indirectamente te llevan a otro autor; por ejemplo, si estoy leyendo a Primo Levy y él menciona a Jean Améry, entonces me voy a leer a Jean Améry. La lectura es una red, una telaraña que se va armando del ojo propio, el ojo de los amigos y de las lecturas, es como la vida, que lo lleva uno a escoger un amor o un amigo al azar. Ya cuando estas con ellos son la necesidad.
¿Cuáles son sus hábitos de lectura? ¿Lee en alguna hora específica, subraya los libros, lee en papel?
En pantalla leo mucho hoy en día, pero sobre todo los periódicos, las noticias, los ensayos, las consultas rápidas en enciclopedias, en Wikipedia, en la RAE; pero prefiero siempre leer en papel, sin que el teléfono esté mandándome mensajes o alarmas, sin que la lectura se vea interrumpida por ir a otra parte en la red infinita para consultar algo. Incluso si no entiendo nada, concentrarme en el libro de papel, estar en el libro de papel, estar solo en ese libro, como ensimismado, yo creo que la lectura en papel produce un efecto psicológico muy distinto a la lectura en pantalla, no hablo mal de la lectura en pantalla, pero sí creo que son cosas muy distintas psicológicamente.
Reservo la mañana para escribir porque son mis momentos, aunque no lo parezca, más lúcidos. Soy muy rutinario, escribo por la mañana, nado al mediodía, hago la siesta y después por la tarde y por la noche leo, casi nunca escribo por la tarde y por la noche, solo escribo por la mañana. Y si el libro no es un tesoro bibliográfico, porque también tengo manías de bibliófilo porque he trabajado y he tenido librerías de viejo, rayo el libro permanentemente, hago anotaciones, en la última página escribo ideas que ese libro me da, o escribo anotaciones sobre ese mismo libro, o si estoy leyendo un poema es posible que ese poema genere en mí el deseo de escribir otro poema y lo escribo en la última página, y ahí se quedan per secula seculorum.
Lo que dices de leer un libro subrayado, pues sí, es interesante, aunque compré en Lima la primera edición de Cien Años de Soledad, y estaba subrayada con tinta roja, y ese libro que, si estuviera limpio y bien cuidado, valdría mucha plata, hoy es solo un pequeño fetiche de la primera edición de Cien Años de Soledad con El Galeón, pero ya el valor económico es prácticamente nulo por ese señor que tenía el vicio mío de subrayar, y con rojo. Al menos con azul o con negro, pero ¿con rojo? Peor.
¿Qué recuerdos tiene de su infancia y los libros? ¿Hay colores, olores o sabores que acompañen esos recuerdos?
Yo diría que más que olores y sabores, mis primeros recuerdos de lectura son auditivos. Yo no empecé a leer con los ojos, sino con los oídos. A mí me leían, tuve la gran suerte de que mi papá y mi hermanita, la que era un poco mayor que yo, Marta, me leían, ¿qué me leían? No me acuerdo, historias, cuentos, poemas, no sé, yo sé que me leían y que para mí era maravilloso que me leyeran. Cuando a mí me preguntan qué puedo hacer para que mis hijos lean, yo les digo: pues leerles, lo mejor es que les lean, a los niños les encanta que les lean o que les cuenten, contar también es una forma de lectura con los oídos, porque uno empieza a desarrollar esa maravillosa cualidad que todos tenemos: convertir las palabras en imágenes, las historias en sensaciones, en alegrías, en tristezas, en risa, en llanto. Las palabras generan todo eso, pero uno tiene que ser sensible a las palabras.
¿Piensa en sus lectores(as) cuando escribe? ¿Tiene un tipo de lector(a) ideal?
Hay una expresión en italiano que me gusta en el homo qualunque, es decir, en cualquier persona, en la persona común y corriente. Mi lector ideal no es un especialista, no es un profesor, no es un catedrático de literatura, mi lector ideal es una persona relativamente culta que goza mucho leyendo. Para mí, un valor fundamental, que lo aprendí leyendo al filósofo Bertrand Russell, es la claridad, y entonces yo me aclaro las ideas escribiendo y, para aclarármelas, tengo que escribir con cierta precisión para mí mismo. Quiero que esa claridad les llegue también a los lectores, no quiero lucirme con ideas muy complejas, y si lo son, trato de hacerlas accesibles a todo el mundo. Sí pienso en un lector o lectora exigente, sensible, que no quiere aburrirse, que no quiere leer pendejadas y que quiere divertirse, conmoverse y entender. En todo eso pienso y para lograrlo tengo que conseguir lo mismo, divertirme, entender, conmoverme yo mismo al hacerlo. Sé que tengo lectores muy benévolos que me perdonan casi todo y también lectores muy malévolos que nada me perdonan, digamos que son más útiles los segundos porque me hacen cuidarme más, pero en general escribo para la persona cualunque, para cualquiera.
***
(*) Tinta club del libro es una iniciativa que propone una experiencia de lectura mensual a través del envío de libros seleccionados por curadores invitados. Cada edición incluye un título en una edición producida especialmente para el club, acompañado de materiales editoriales que contextualizan la obra y su elección.
Este proyecto articula la figura del curador como eje de su propuesta editorial. Escritores y agentes del campo literario participan en la elección de los títulos y en la construcción de un marco de lectura que se extiende más allá del libro, mediante textos y espacios de intercambio asociados a cada edición. Tinta se plantea así como un dispositivo de mediación entre autores, obras y lectores, con una periodicidad mensual.
Si quiere ser parte de Tinta, tiene un 20% de descuento en el primer mes del plan mensual o del anual pago mensual con el código ElEspectador y un 15 % de descuento en el plan anual pago único con el código ElEspectador1. Para acceder, entre a la web de Tinta: www.tintaclubdellibro.com y redímalos.