16 Oct 2021 - 2:00 a. m.

Historia de la literatura: “Julia, o la Nueva Heloísa”

«No por eso fui más feliz, amigo mío, por un tormento menos sin cesar renacían otros mil, y nunca mejor conocí cuánta locura es andar buscando en los extravíos de su corazón un sosiego que solo en la sabiduría se encuentra. Largo tiempo hacía que lloraba en secreto a la mejor de las madres, que insensiblemente iba consumiendo una debilidad mortal»

Mónica Acebedo

Jean-Jacques Rousseau trabajó en "Julia o la nueva Heloísa" durante su estancia en Ermitage entre 1756 y 1757.
Jean-Jacques Rousseau trabajó en "Julia o la nueva Heloísa" durante su estancia en Ermitage entre 1756 y 1757.

Jean-Jacques Rousseau es uno de los pensadores más representativos de la Ilustración. Probablemente más conocido por El contrato social (1762), en donde plantea la conocida idea de que el hombre nace libre, pero la sociedad lo corrompe y que para vivir en un grupo social es indispensable que los integrantes del colectivo pacten un acuerdo que limite la libertad que tendrían si no vivieran en sociedad. Francisco Lafarga resume algunos de los aspectos más relevantes del pensamiento de Rousseau así: “Si, tal y como está constituida, la sociedad anula las libertades individuales, habrá que buscar una solución que preserve la integridad del individuo y le permita desarrollarse normalmente en el seno de dicha sociedad. Rousseau realiza una doble propuesta. Por una parte, describe la formación del individuo independientemente de cualquier contacto con la sociedad (Emilio); por otra, intenta definir un Estado bien constituido (El contrato social)”. (Lecciones de literatura universal, Cátedra, 2012, p. 398). De hecho, en El contrato social fue más allá de la idea central de Voltaire y Montesquieu sobre la defensa de la igualdad y la libertad y, seguramente, se convirtió en una de las mayores influencias del pensamiento ilustrado en la redacción posterior de Los derechos del hombre y del ciudadano que cimentó la Revolución francesa.

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Rousseau nació el 28 de junio de 1712 en Ginebra en el seno de una familia calvinista de origen francés (hugonotes). Recién nacido perdió a su madre y luego fue abandonado por su padre con solo diez años, al parecer por un problema legal. Un tío fue el encargado de criarlo y lo proveyó con una profusa educación hasta los dieciséis años, que incluyó filosofía, literatura y música. Luego, empezó a viajar por diferentes rumbos hasta convertirse en preceptor de unos niños en Lyon (hijos de escritores conocidos), donde se aficionó a la composición musical y tuvo la oportunidad de acceder al mundo intelectual. Por aquella época desarrolló un sistema de notas musicales que publicó como Disertación sobre la música moderna (1743). Su genialidad lo fue relacionando con pensadores de París hasta que alcanzó la fama con la publicación de Discurso sobre las ciencias y las artes (1750), un ensayo filosófico que suponía que las ciencias y las artes alejan al ser humano de la virtud. Se vio abocado a la condena intelectual de varios de sus contemporáneos e, incluso, el Parlamento de París dictó orden de detención en su contra por la publicación de Emilio y El contrato social. Murió el 2 de julio de 1778, pobre y arruinado a pesar de haber alcanzado el reconocimiento durante su vida.

Julia, o la nueva Eloísa fue publicada inicialmente en 1761, aunque tuvo varios cambios y nuevas ediciones a lo largo del siglo. Se trata una novela de amor y pasión entre dos personas de clases sociales diferentes: un preceptor, Saint-Preux, y su alumna, Julia d’Etanges, joven perteneciente a una familia noble. Como su amor es imposible, Julia se ve obligada a casarse con un hombre mucho mayor que ella a quien su padre había ofrecido su mano.

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Estructurada bajo la forma epistolar, no solo presenta el infortunio de un amor inadmisible socialmente, sino que, además, reúne varios aspectos del pensamiento del autor en torno a la libertad, el amor, la pasión y, sobre todo, el triunfo de la razón sobre el ímpetu amoroso. Las cartas de estos dos amantes se convierten en el símbolo de la prevalencia del entendimiento y el conocimiento que tanto defendía la Ilustración. Sin embargo, también da cuenta de los primeros rasgos del sentimentalismo dieciochesco, que dará paso al Romanticismo en los años venideros, que se caracteriza por una evocación del sentimiento y la pasión amorosa, la exaltación de los sentidos, la inflexión quejumbrosa y el diálogo con la naturaleza. Pero, a diferencia de los desenlaces románticos decimonónicos posteriores, la virtud y la razón deben primar sobre los sentimientos y la pasión, como presupuesto ineludible del siglo de las luces.

Igualmente, el género epistolar le permite al autor relatar la belleza de la naturaleza y al mismo tiempo comentar sobre asuntos políticos, religiosos y de actualidad. Asimismo, las cartas sirven como instrumento para transmitir sus reflexiones filosóficas en torno a la libertad, la educación religiosa y el comportamiento de los seres humanos. Al referirse a la traducción de la novela al castellano por José Mor de Fuentes, María Jesús García Garrosa afirma: “El relato del amor de Julie y Saint-Preux, en sus etapas sucesivas a lo largo de los años, puede considerarse como la sublimación literaria de una experiencia vital y una reflexión moral dentro del marco novelesco sobre la necesidad de que la pasión acabe cediendo a la virtud” (Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2008).

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En resumen, la novela es precursora del estilo romántico, ratifica la importancia del género epistolar a través de una apasionante historia de amor que rezuma diversas cuestiones sociológicas como la expresión de sentimientos, el matrimonio, el decoro, el actuar de los individuos desde el punto de vista político y, sobre todo, la percepción de libertad del ser humano.

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