En la noche del 21 de febrero se confirmó el fallecimiento de Astrid Liliana Angulo Cortés, directora del Museo Nacional de Colombia. Según relataron sus familiares, murió “tranquila” y “sostenida por esa red inmensa de afecto, oraciones y buena energía”, después de meses de estar luchando contra una enfermedad.
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La noticia despertó reacciones de muchos integrantes del sector cultural para quienes el trabajo de Angulo había sido indispensable en el desarrollo de debates sobre decolonialidad y antirracismo en espacios artísticos. Ella fue nombrada directora del museo más antiguo del país el pasado 31 de marzo de 2024 por el entonces ministro de las Culturas, Juan David Correa. Era la primera vez que una mujer afrocolombiana llegaba a ocupar este cargo, por lo que la reivindicación histórica del arte de los pueblos Afro fue una de las banderas que asumió allá, aunque ya cargaba con ella desde mucho antes.
Antes que gestora cultural, Liliana Angulo fue artista plástica, investigadora y curadora de arte. Fue en la Universidad Nacional de Colombia donde comenzó su formación profesional y donde se especializó en escultura, pero también pasó por otras instituciones como la Universidad de Illinois, en Chicago, donde hizo su Maestría en Artes bajo una beca Fullbright. Desde entonces, dedicó su arte a pensar cómo se ha producido la representación de las personas afro en nuestra sociedad y cómo, desde allí mismo, se podía impulsar una conversación que mitigara el daño que habían hecho cientos de años de racismo estructural.
Según relató Ángel Perea Escobar, artista, investigador cultural especialista en historia social de la cultura afroamericana y amigo personal de Angulo desde hacía más de 35 años, esta fue una mirada que ya se notaba en Angulo desde que comenzó sus estudios universitarios. “Ella desarrolló una obra plástica potentísima en la que planteó una serie de problemas sobre la identidad y la imagen afro. No en el sentido de apariencia, sino de la percepción colectiva e histórica que hay sobre esta población”, afirmó Perea.
“Desde esa perspectiva, su trabajo artístico fue decolonial y crítico. Fue un trabajo de resistencia hecho desde la estética y pensado para llevar un mensaje a la gente en Colombia sobre las profundas desigualdades de las comunidades negras, no solamente en el campo de lo social y lo económico, sino también en el campo de lo simbólico”, afirmó Constanza Toquica, directora del Museo Santa Clara y del Museo Colonial, y quien trabajó muy de cerca con Angulo en la misión de librar sus instituciones de discursos estructuralmente racistas y discriminatorios.
Un ejemplo de esto lo resaltó Alejandra Sarria, líder del grupo de artes plásticas y visuales del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes (MinCulturas), y quien también tuvo la oportunidad de trabajar con Angulo mucho antes de que ella asumiera la dirección del Museo Nacional. De su obra, Sarria destacó la muestra “Un libro sobre la dignidad”, que la artista expuso en el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) y con la que planteó una crítica a la violencia policial en contra de la población afro, pues representa un ejemplo de cómo su arte llegó para cuestionar cómo desde la historia oficial se había mirado y representado a las comunidades negras.
“Yo creo que Liliana fue muy importante para el sector porque fue una persona que nunca comprometió su mirada ni su arte por estar vinculada a una institución. Nunca dejó de ser firme ni de llamar la atención contra el racismo y el clasismo estructural y, en general, contra cualquier proceso de exclusión, estuviera donde estuviera”, rescató Sarria hablando sobre cómo ese discurso que ella construyó durante años fue el mismo que cargó consigo cuando asumió posiciones de gestión cultural. Cabe recordar que antes de ocupar la dirección del Museo Nacional, Angulo ya había trabajado en otras entidades como el Instituto Distrital de las Artes de Bogotá (Idartes), la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (como subdirectora de Artes, Cultura y Patrimonio) y la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA).
“Desde la gestión cultural y el liderazgo de proyectos no solamente se enfocó en cambiar nombres o imágenes de manera temporal, sino en introducir cambios estructurales dentro de estas instituciones que, desafortunadamente, todavía representan escenarios de violencia simbólica hacia comunidades que han sido históricamente excluidas de ellos y de esos relatos oficiales de la cultura en el país”, afirmó Carolina Chacón, curadora y profesora de la Universidad Nacional, sede Medellín, y quien también tuvo la oportunidad de trabajar con Angulo, por ejemplo, en proyectos como “Un caso de reparación”.
Una de sus grandes metas, según relataron las fuentes consultadas para este artículo, fue el Proyecto Museo Afro de Colombia, por el que trabajó durante muchos años para que se pudiese materializar en Cali. A pesar de que aún falta trabajo para que esté listo, fue un paso que la destacó en su trayectoria profesional, pues se dedicó a curar e impulsar un espacio que estaba destinado a destacar el arte de las comunidades afroamericanas en el país.
Con todo lo anterior estuvo de acuerdo Juan David Correa, quien también resaltó el trabajo que Angulo había dedicado a los “afrocolombianos, los negros, los palenqueros y los raizales del país”. En sus palabras de despedida, Correa concluyó: “Liliana Angulo deja un vacío muy grande en la cultura colombiana porque era una línea de fuga, una esperanza, un aire fresco en medio de un país que ha racializado y ha excluido a tantas y a tantos”.