Mientras las audiencias están a la expectativa de ver la adaptación de “La Odisea” de Christopher Nolan en cines, esta película no ha parado de generar conversación en redes sociales.
Desde que se publicaron las primeras imágenes con Matt Damon como Odiseo, muchos comenzaron a hablar sobre la representación que se estaba dando a personajes de la era del Bronce. El debate se ha centrado en los anacronismos que se han visto en las imágenes y videos promocionales como el uso de panalones, las armaduras y la falta de color en estatuas, entre otras cosas.
Sin embargo, otros han hablado de los cambios y las libertades creativas que tomó el director al adaptar el texto de Homero. Un ejemplo resaltado fueron los gigantes, quienes aparecen portando armadura y espadas, mientras que en el poema original sus armas son rocas lanzadas hacia los navíos de Odiseo.
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Mientras que unos se han enfocado en las críticas a los posibles anacronismos, otros, como la escritora Irene Vallejo, han tomado la dirección contraria.
En una entrevista con el medio español Vanguardia, la autora de “El infinito en un junco” afirmó que le sorprendió la polémica que ha envuelto a la película y lo “visceral” que ha sido la reacción del público. “Esto es como los niños cuando les lees cuentos antes de dormir, que te exigen la versión literal y, como cambies una palabra, se enfadan. Me ha sorprendido que la gente parezca sentir que su identidad está amenazada o agredida por ciertos cambios en el argumento de la Odisea”, dijo al medio español.
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La filóloga y escritora procedió a explicar que no es como si este texto fuera un libro sagrado y recordó que en el mundo antiguo el concepto de un texto sagrado no existía y no había ninguna “clase sacerdotal que velase por la interpretación de los textos, ni esa sensación de que no se pudiera cambiar nada”. Más allá de esto, referenció en esa conversación con Vanguardia que hay otras obras de escritores como Sófocles y Eurípides, donde la percepción de Odiseo dista de la que se presentó en la pieza de Homero. “Ellos tenían mucha libertad jugando con los mitos y transformándolos y contando otras versiones. Da la sensación de que ahora somos más exigentes que los propios griegos antiguos”, aseguró.
Por otro lado, contó que fue su padre quien la introdujo al mundo de esta épica a los 3 o 4 años cuando le contaba de memoria las historias de Homero. “Estaba convencida de que se la inventaba él, o sea, que mi padre era el autor de la Odisea. No fui consciente de que era un clásico; a mí me fascinó la historia por sí misma, caí en las redes del relato, de las palabras, del viaje, de los personajes, de las aventuras”, recordó.
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