14 Apr 2020 - 7:09 p. m.

La Casa de Papel y la historia de un fracaso

El documental “La casa de papel: el fenómeno" presenta reflexiones simbólicas en torno a varios elementos de la emblemática serie de Netflix como los overoles rojos, el Bella Ciao y la máscara de Dalí.

* Redacción Cultura

Jair Gómez Santander, guionista y productor ejecutivo de la Casa de Papel, dice que la serie más vista de Netflix “es la historia de un fracaso”. Con esa frase, que da cuenta de un pedacito de la génesis de la producción, se inicia “La casa de papel: el fenómeno”, un documental que Netflix publica dos semanas después del lanzamiento de la cuarta temporada.

Esta parte del cuento no es inédito ni mucho menos. En varios escenarios y entrevistas Alex Pina, creador y guionista de la serie, ha dicho que su obra más destacada fue como un niño que nació muerto.

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En mayo de 2017 se emitió por primera vez en Antena 3, un canal de televisión digital terrestre de España, la primera temporada de la producción que entonces tuvo buenos comentarios de la crítica y una audiencia nada despreciable. Unos 4.500.000 espectadores fueron testigos de cómo El Profesor conformaba su banda para atracar Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

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Sin embargo, la audiencia de la segunda temporada de la serie se vino a pique. Menos de la mitad de los espectadores que vieron la primera temporada, le siguieron el hilo y Antena 3 optó por no darle más continuidad.  Netflix, pese a todo, compró la serie y la incluyó en la plataforma de contenidos disponibles para todo el mundo. Lo que sigue es historia.

“Ni Netflix, ni nosotros, ni nadie, esperaban nada. De hecho, se lanzó sin publicidad”, cuenta Pina en el documental. “La serie apareció como fondo de armario de Netflix”, agrega Gómez Santander.

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Ya que por estos días estamos sin fútbol, hagamos un símil balompédico. Es cómo si el Real Madrid hubiera comprado a un jugador de la segunda o tercera división del fútbol español y que, meses después, ese desconocido le ayudara al equipo blanco a ganar la Champions, La Liga y la Copa.

Cuentan los actores en “La casa de papel: el fenómeno” que, por cuenta del éxito inesperado de la serie, pasaron de ser unos actores medianamente conocidos, a unos personajes de fama mundial. El aumento desmesurado de seguidores en sus redes sociales fue el termómetro que sirvió para medir la temperatura del fenómeno.

“De repente dejas de tener anonimato”, dice Álvaro Morte, el actor que interpreta a El Profesor. “A cada uno (el éxito y la fama) le va a pasar una factura”, agrega Pedro Alonso, quien hace el papel de Berlín.

La reflexión más punzante la hace Jaime Lorente (Denver): “Toda la gente te dice: ‘eres la hostia, eres la hostia, eres la hostia’. Llegas a casa y dices: ‘soy la hostia’. Y si no haces un trabajo interno te terminas convirtiendo en un gilipollas, realmente en un gilipollas”. Traducción: el reconocimiento, la fama y el éxito, tienen la facultad de convertir al elenco – en realidad a cualquiera – en alguien excesivamente tonto, en un estúpido, en un lelo.

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Alex Pina cuenta que cuando Netflix le propuso alargar la serie, la respuesta no fue inmediata. El productor de cine español lo pensó durante dos meses antes de responderle a los productores de la plataforma. La espera valió la pena.

Desde el punto de vista semiótico, la Casa de Papel aporta tres elementos de los que hablan sus protagonistas en el documental. El himno (Bella Ciao), los overoles rojos y las máscaras de Dalí.

El testimonio es de Álvaro Morte: “Cuando una ONG rescata a una embarcación llena de inmigrantes y en el momento en el estos están a salvo comienzan a cantar Bella Ciao, eso es más importante que todo lo demás”.

Morte hace referencia a un hecho que se registró agosto de 2019, cuando la embarcación española ‘Open Arms’, con 83 migrantes a bordo y después de 20 días de bloqueo, desembarcó en la isla de Lampedusa, en Italia.

 

“Cuando por fin entraron en el fondeadero de la isla, donde un grupo de personas los recibió con aplausos y gritos de “ciao ragazzi” (“hola chicos”), algunos en la nave comenzaron a cantar Bella Ciao, el himno partisano italiano, mientras el buque surcaba los últimos metros antes de atracar”, reseñó El País de España es día.

Jaime Gómez Santander, guionista productor ejecutivo, cuenta que el Bella Ciao aterrizó en la serie casi que por accidente. “Un día, que estaba atascado (creativamente) hice algo que suelo hacer, que es escuchar Bella Chao. Me emocioné, corrí y les dije a todos los compañeros que esta era la canción propia para ese momento”.

El momento del que habla Santander es cuando Moscú logra terminar el túnel por el cual escaparán los ladrones de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. “La serie tiene una vinculación más allá del entretenimiento. Una vinculación filosófica”, dice Alex Pina.

Al respecto, Jesús Colmenares, director y productor ejecutivo, dice: “la gente necesita símbolos. Que cada persona pueda tomar el mono, el Bella Ciao y la máscara de Dalí y los convierta en símbolos de su propia lucha, es algo mágico”.

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