El Magazín Cultural

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5 Feb 2022 - 7:00 p. m.

La Esquina Delirante XCVII

Este espacio es una dentellada a la monotonía, mediante el ejercicio impulsivo y descarado de la palabra escrita. Bienvenidos todos los microrrelatos a laesquinadelirante@gmail.com, máximo 200 palabras.

Autores varios

Bienvenidos todos los microrrelatos a laesquinadelirante@gmail.com, máximo 200 palabras.
Bienvenidos todos los microrrelatos a laesquinadelirante@gmail.com, máximo 200 palabras.
Foto: Diana Bejarano

En el club

Cuando el secretario informó que el último contingente de soldados (la mayoría horriblemente mutilados por las bombas y metrallas enemigas) aterrizaba en la base aérea, las copas del presidente y sus generales se alzaron en un brindis victorioso. El honor patrio estaba intacto.

Reynaldo Bernal Cárdenas

El último tren

Llega la noche y con ella los recuerdos. Aquí en la vieja estación del pueblo, sentado en el banco de nuestra despedida, deshojo memorias y siembro nuevas esperanzas para que un día regreses. Aún me llega aquella lluviosa tarde de abril, el adiós y el beso a través del cristal de la ventanilla del tren. Han pasado muchos años desde tu partida y todavía el viejo rosal de la estación sigue dando sus flores, como signo imaginado de mi mente que algún día volverás.

Vuelve pronto hija, aquí tienes un hogar y un padre que te quiere, que cada noche te espera, aquí, en la vieja estación, a que pase el último tren.

Al Agus.

Le invitamos a leer: La Esquina Delirante XCVI

El hostal de la tristeza

Lleva a Alex en sus pinturas y esculturas. Y allí él vive y a la vez, no. Ya no. De ellas, sobresalen ojos y figuras deformes, que dan cuenta del averno que habita en Aníbal y deforma todo lo que toca. Tiene un hostal también. Dicen que las personas salen despavoridas, porque las esculturas toman vida en sus sueños y les hablan con palabras soeces y grotescas, atormentan a las parejas en sus camas a la hora de las brujas y tocan tambores, tambores infinitos, que los huéspedes ven al otro día, colgados en las paredes, como fantasmas que salieran del alma atormentada de Aníbal y se pasearan de cuarto en cuarto. Dicen que esto también se refleja en todo. Por ejemplo, en el hostal hay un lago y, a sus orillas, crecen las plantas con troncos retorcidos y huecos que simulan ojos lastimeros y gritos ahogados. Él también escribe. Cuentos de aquí y de allá, donde a veces aparece magia profana y se mezcla con la cotidianidad y con la idea del paso del tiempo, el deterioro de la carne y de la mente, la lentitud de la vejez y la cercanía a ese reencuentro. Ese reencuentro con Alex, a quien el tiempo en pleno vigor y juventud se lo quitó una vez. Creo que sus fantasmas lo llevarán a él. Voy a ti- murmura en sus rituales.

Johanna E Manrique H

Le invitamos a leer: La Esquina Delirante XCIII

Sicario

Los ojos hinchados por el llanto, la desesperación en la mirada, los labios ensangrentados, las súplicas incesantes, la cara golpeada y la fragilidad del hombre ante un arma. Eso, lo guardo en mi mente como lacayo de la muerte. Es fácil arrebatar una vida, pero se amputa mi valentía cuando es la mía en el otro extremo del calibre 38, se me retuercen las tripas, el temblor hace frotar el cañón en mi cien. La conciencia me invita a extirpar las imágenes de cuerpos descuartizados y rostros aniquilados, en otra ocasión será, esta bala hoy tiene dueño y no soy yo.

Jorge Duarte

Le invitamos a leer: La Esquina Delirante XCII (Microrrelatos)

Sin título

¿Si Dios es amor y perdón, si esta regla es para todas sus creaciones, su antiguo ángel, hoy caído, si se arrepintiera recibiría su misericordia, tal cual como a los hombres?

En el último rincón del mundo, lejos del caos que él mismo causó, que por cierto ya era ensordecedor, cegante y aturdidor. Pensaba en su bella Lilith y en la gloria que tuvo cuando sus alas eran relucientes, no marchitas y deshilachadas como ahora.

Enseño el mal a los hombres por rebeldía hacia su Padre y en ello el alumno superó al maestro. Decepcionó a su Hermano, por el cinismo de haberlo tentado siendo hombre. Se acordó del horrible sufrimiento el cual él mismo le provocó, ante aquel punzante recuerdo lloró inconsolablemente y la tormenta le trajo un inquisidor remordimiento. En el instante amargo una luz proveniente del hogar que hace milenios dejó le iluminó en su tiniebla vergüenza.

Christian E Castiblanco. Blog Letrologias.

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