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La eternidad de Jorge Luis Borges

Tras 40 años de su muerte, exploramos la importancia del tiempo y la obsesión que tuvo con este concepto el escritor argentino.

Andrés Osorio Guillott

29 de junio de 2026 - 12:00 p. m.
El tiempo fue una de las obsesiones literarias y filosóficas de Jorge Luis Borges.
Foto: Eder Rodríguez
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“El tiempo es la sustancia de que estoy hecho”. Esta podría ser una de las frases más célebres de Jorge Luis Borges en general, pero especialmente si hablamos de una de sus obsesiones. La frase sigue: “El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges”. Esta cita aparece en el ensayo “Nueva refutación del tiempo”, en el que reconoce que a lo largo de su vida presintió una impugnación de la que él descreía, pero que estaba igual en sus libros y que para ese momento (1947) debía abordar, pues no le satisfacía lo que había escrito en los poemas “Inscripción de cualquier sepulcro” y “El truco”, así como en otros textos como “Evaristo Carriego” o “Sentirse en muerte”.

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¿Por qué a Borges le obsesionaba tanto el tiempo? Tal vez la respuesta está en las primeras palabras que escribió en su ensayo “Historia de la eternidad”: “El tiempo es un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de la metafísica; la eternidad, un juego o una fatigada esperanza”.

No hubo quizás un hecho relevante que lo hiciera obsesionarse con el tiempo más que las lecturas sobre filosofía que encontró en la biblioteca de su papá. Como mencionábamos en el texto anterior, los precursores de este asunto en su obra van desde los griegos con los presocráticos, con Platón y Plotino, pasando por el medievo con San Agustín y luego explorando la filosofía moderna con el idealismo inglés de George Berkeley, pero también con David Hume y terminando en otros pensadores como Arthur Shopenhauer.

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Juan Camilo Rincón, autor del libro “Ser colombiano es un acto de fe: historias de Jorge Luis Borges y Colombia”, explicó para este diario la importancia del tiempo para el autor argentino: “El tiempo es una de las preguntas esenciales para la filosofía… y para Borges. Él reconoció que desde los primeros tiempos la humanidad ha vivido la perplejidad de no poder regresar al pasado, tal y como lo afirmó Heráclito: “Nadie baja dos veces al mismo río”. Y es que, como el río, el tiempo fluye, y Borges lo menciona más de una vez. Sobre los filósofos que nutrieron la escritura y el pensamiento borgesiano, recuerdo a San Agustín: ‘¿Qué es el tiempo? Si no me lo preguntan, lo sé. Si me lo preguntan, lo ignoro’. O podemos pensar en el francés Henri Bergson, a quien Borges hizo referencias menores en su obra, con la idea de la diferencia entre el tiempo de la física y el tiempo humano, considerado este último como la dimensión esencial del ser (en ‘Nueva refutación del tiempo’ el argentino lo menciona). Borges se preguntó alguna vez: ‘¿Qué es la eternidad? La eternidad no es la suma de todos nuestros ayeres. La eternidad es todos nuestros ayeres, todos los ayeres de todos los seres conscientes. Todo el pasado, ese pasado que no se sabe cuándo empezó. Y luego, todo el presente. Este momento presente que abarca todas las ciudades, todos los mundos, el espacio entre los planetas. Y luego, el porvenir. El porvenir, que no ha sido creado aún, pero que también existe’”.

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Lo interesante del tiempo y la eternidad en Borges es que más que agarrarlos como conceptos, los convierte en herramientas narrativas. El argentino se preguntaba mucho por esa incapacidad del ser humano de estar realmente en tiempo presente, pues constantemente estamos preguntándonos por el pasado y el futuro. Y a su vez, en sus lecturas de los filósofos griegos y de San Agustín, descubre que la eternidad, que la concibe como una construcción intelectual, hace que el tiempo no pueda ser la realidad última. En otras palabras, y curiosamente, Borges vuelve eternamente a cuestionarse algo que puede sonarnos extraño, y es la existencia misma del tiempo. Eso lo lleva a Shopenhauer y a lo que escribe en “Nueva refutación del tiempo”, pues allí plantea la posibilidad de que el tiempo no sería algo más que una forma con la que la mente organiza la experiencia y no una dimensión o propiedad objetiva del mundo.

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¿Por qué la eternidad es importante para entender el tiempo en Borges? Porque plantear su existencia impediría concebir al tiempo como una simple sucesión de instantes sin mayor sentido, cambio o significado. En palabras de Rincón. “En Borges es clave el concepto de la eternidad (no es gratuito que uno de sus grandes libros se titule ‘Historia de la eternidad’), configurada por dos ideas: el tiempo infinito y el espacio infinito, que se entrelazan y también se contraponen frente a nuestra mortalidad. A él le interesaba poderosamente esa yuxtaposición. El espacio infinito está en el laberinto y la inmortalidad está, por ejemplo, en su cuento “El inmortal” (“El Aleph”), donde nos hace ver que cada vez que envejecemos el tiempo se transforma y dejamos de sentirnos tan ansiosos frente a este. Al final, lo dice en este cuento, uno entiende que la felicidad no está en vivir para siempre y que el valor reside en el hecho de que el tiempo sea finito, pues cada acto puede ser el último, lo cual lo hace precioso”.

Obras como “El Aleph”, “El inmortal”, “El jardín de los senderos que se bifurcan” o “El milagro secreto” serían claves para entender cómo el tiempo y la eternidad se vuelven recursos con los cuales Borges no busca encontrar una respuesta satisfactoria a un problema filosófico de siempre, pero sí indagar qué pasa cuando con la literatura se puede ir hasta el limite de nuestro entendimiento y de nuestra realidad.

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