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“La guerra de los últimos”: sobrevivir también depende de los vínculos

Cuando las estructuras sociales dejan de funcionar y sobrevivir se convierte en la prioridad, The Dog Stars encuentra en los vínculos entre sus personajes una forma de preguntarse qué queda de lo humano.

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Daniel Rojas Chía
07 de septiembre de 2026 - 01:59 p. m.
"La guerra de los últimos" es un thriller de ciencia ficción postapocalíptica de 2026 dirigido por Ridley Scott y protagonizado por Jacob Elordi y Josh Brolin.
"La guerra de los últimos" es un thriller de ciencia ficción postapocalíptica de 2026 dirigido por Ridley Scott y protagonizado por Jacob Elordi y Josh Brolin.
Foto: Archivo particular
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En el fin, la humanidad persiste en los vínculos más sencillos para sobrevivir.

En los últimos años, el cine posapocalíptico se ha convertido en un tema recurrente bajo el lente de diferentes directores. El británico Ridley Scott, uno de los directores más reconocidos en la historia del cine, regresa con La guerra de los últimos (The Dog Stars), una obra que sorprende no tanto por su temática, sino por la forma de mostrar la devastación de un mundo tras una catástrofe.

Por la temática, se podría esperar que la cinta se desarrollara de manera frenética, pero el ritmo narrativo característico del director en buena parte de su filmografía, acostumbrado a un tempo pausado y contemplativo, donde la tensión se construye con silencios y atmósferas, sumerge al espectador en un flujo más reposado que por momentos sigue la serenidad de títulos como The Counselor (2013) o incluso la calma de Blade Runner (1982).

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En los últimos cuatro años, el género posapocalíptico ha ofrecido productos audiovisuales que dialogan con la propuesta de Scott. La serie de televisión basada en el videojuego The Last of Us (2023), Bird Box Barcelona (2023), de Netflix, o la secuela A Quiet Place Part II (2021) han explorado la fragilidad humana frente a un entorno hostil, pero con un ritmo más íntimo, donde el silencio y la espera se convierten en protagonistas.

Frente a ellas, La guerra de los últimos se atreve a romper con la expectativa alrededor del director, no mediante la contemplación prolongada, sino con un ritmo narrativo que empuja constantemente hacia adelante desde el desarrollo de sus personajes, jugando con la urgencia de una supervivencia que no permite detenerse a mirar el paisaje devastado.

En comparación con The Last of Us, que se sostiene en la construcción de vínculos emocionales y en la lenta revelación de un mundo corroído, gracias a que una serie dispone de más metraje para desarrollar a sus personajes, Scott opta por acciones que parecerían coherentes en un mundo tan hostil.

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La humanidad ocupa el centro del desarrollo de sus personajes. Hig (Jacob Elordi) se presenta como alguien que busca constantemente la esperanza en un mundo sin las construcciones sociales conocidas. Lo más notable de la película es la manera como Scott sigue poniendo la humanidad en el centro de la catástrofe.

No llega a ser brillante como Exterminio: el templo de huesos (2026), pero, desde su título original, The Dog Stars evoca la compañía animal como metáfora de la fidelidad y la esperanza en medio del derrumbe. En un mundo donde las estructuras sociales han colapsado, la relación entre humanos y animales se convierte en un recordatorio de que la empatía y la solidaridad son las últimas estrellas que iluminan la noche del desastre.

Aquí se percibe una reflexión: ¿qué queda de nosotros cuando el tiempo se acelera y la pausa desaparece? Scott parece sugerir que, incluso en la prisa, la humanidad se revela en los vínculos más sencillos, en la mirada compartida con un ser vivo que nos acompaña. Es un recordatorio de que la supervivencia no es solo biológica, sino también afectiva.

De igual manera, personajes como Cima (Margaret Qualley) hacen que Hig continúe esa búsqueda de humanidad allí donde parece desaparecer. Pops (Guy Pearce) parece mostrar lo poco que queda de las construcciones sociales con las que el mundo alguna vez convivió. Nada de eso parece ser útil en un mundo así. La cinta propone que el orden social es un espejismo de un modelo en el que prevalece la ley del más fuerte, encarnada por Bangley (Josh Brolin), quien reafirma esa idea con sangre y fuego.

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La propuesta visual de The Dog Stars se distancia de la solemnidad cromática que Scott había cultivado en obras como Prometheus (2012) o Blade Runner 2049 (2017), aunque esta última fue dirigida por Denis Villeneuve y Scott participó como productor.

Aquí, la cámara se mueve con mayor nervio e intensidad, con planos más cortos y una paleta que oscila entre los ocres de la tierra devastada y los azules metálicos de la tecnología residual.

La fotografía, lejos de la contemplación pictórica, transmite la sensación de un mundo que se desmorona en tiempo real bajo la mirada del director de fotografía estadounidense Erik Messerschmidt. La luz natural, áspera y sin filtros, refuerza la idea de que la belleza ya no es posible, porque lo que queda es la crudeza de la supervivencia.

The Dog Stars se inscribe entre las producciones del cine posapocalíptico reciente con un intento de ruptura que puede defraudar al espectador que espere enfrentamientos sin cesar, pues la cinta se enfoca más en el desarrollo de sus personajes y su relación con el entorno. Scott ofrece un relato que conserva su mirada humanista y recuerda que el fin del mundo no es solo un espectáculo visual, sino una oportunidad para preguntarnos qué significa seguir siendo humanos cuando todo lo demás se ha perdido. Juzguen ustedes.

Por Daniel Rojas Chía

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