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La historia detrás del proyecto con el que Ferley Ospina ganó el World Press Photo 2026

El fotoperiodista colombiano Ferley A. Ospina fue uno de los ganadores del World Press Photo. Así desarrolló el proyecto con el que participó.

Redacción Cultura

10 de abril de 2026 - 10:14 a. m.
Ferley A. Ospina ha colaborado con El País, Bloomberg, Reuters, Associated Press y Le Figaro, entre otros.
Foto: Edinson Arroyo
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“Nombrar la ausencia” es el nombre del proyecto con el que el fotógrafo colombiano Ferley A. Ospina ganó en el World Press Photo. Entre los ganadores seleccionados en la región también se encontraba el trabajo de Ever Andrés Mercado Puentes.

Tras una cortina que se mueve con el aire de la ventana, Valeria, una niña de cinco años, juega en la casa de su tía donde es criada por su madre en Los Patios, Norte de Santander. Como parte de la descripción dada por World Press Photo está el dato de que Colombia es el país con el índice más alto de madres solteras en el mundo.

“Este proyecto explora la ausencia paterna, creando una narrativa íntima y profundamente emotiva. Mediante una fotografía poética y lírica, las imágenes transmiten con sutileza y fuerza una intensa sensación de aislamiento y tristeza, haciendo tangible la ausencia sin necesidad de explicaciones explícitas. El proyecto funciona como un diario visual personal, que ejemplifica la fuerza del fotoperiodismo como herramienta para explorar, a la vez, historias personales y universales”, determinó el jurado.

Ospina contó a El Espectador que su proyecto fue seleccionado en la categoría de “Historias” y que se compone de diez fotografías. Este trabajo partió de una pregunta que se hizo sobre las interacciones y dinámicas familiares. “Cuando iba en diciembre a acompañar a mis tías, a mi abuela y a mi mamá, me daba cuenta de que era el único hombre presente. Por cosas del destino o por cosas que suceden, mi abuelo y uno de mis tíos habían fallecido, otro tío casi nunca estaba... Y, al final, yo era el único hombre. El único nieto de mi abuela, el único sobrino de mis tías y el único hijo de mi mamá. Noté que mis tías y mi abuela formaban un conjunto de mujeres que, una a una, se apoyaban mutuamente para las crianzas”, afirmó.

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El fotógrafo se enfocó en las mujeres de sus familias y, según registró la organización, “busca comprender el “peso de la ausencia” y el impacto sistémico y personal de ‘crecer sin estar completo’”. En 2024 nació la idea del proyecto y, en 2025, continuó desarrollando el tema y la pregunta que se había planteado, mientras intentaba acercarse a su familia. “Como fotoperiodista es difícil contar historias ajenas, pero es mucho más complejo relatar una historia propia y hacer algo sobre la familia y revivir algunas cosas de la infancia”, afirmó.

Para Ospina este tema se compone también de su historia personal, pues cuando tenía cuatro años, en 1999, su padre fue asesinado en Cúcuta. “Tuvimos que huir, porque los grupos paramilitares empezaron a hacerle un seguimiento a los más allegados a mi papá. Nadie de mi familia pudo llorar el día del velorio porque nos fuimos esa misma noche”, contó.

Tras su observación en 2024, Ospina comenzó a acercarse a su familia, a rememorar episodios de infancia, mirar los colores de su niñez y buscar la visión de sorpresa de un niño. Construyó un mapa conceptual de los espacios en los que se desarrollaba la vida familiar. Se ubicaba en un lugar específico, conociendo las iteraciones de la luz y las sombras y, dependiendo de cómo se sintiera, iba trabajando en el proyecto.

Para Ferley Ospina la fotografía no fue su primera opción. Antes quiso ser músico y desempeñarse en muchas otras áreas. Sin embargo, estudió comunicación social y consiguió una cámara para el trabajo que consiguió después de su grado. Según relató, en sus estudios aprendió solo sobre el plano detalle, sin embargo, encontró la manera para continuar su camino con la cámara: “cada noche me encerraba para aprender a componer en la oscuridad, prendía fósforos y me quemaba los dedos hasta que la foto quedara como congelada”.

Fue fotógrafo de un alcalde y colaboró con algunas agencias, pero descubrió que ese no era el tipo de fotografía al que se quería dedicar. Durante la pandemia encontró su “mirada” tras uno de los ejercicios del taller Semillero Migrante con el fotógrafo argentino Xavier Martín. A partir de esa experiencia desarrolló el ejercicio de “componer desde la frustración o la escasez”, lo que implicaba quedarse quieto en un lugar y observar qué fotografías podía hacer. En unas ocasiones tenía éxito, en otras no. La pandemia cambió su visión de las cosas, con las trasnochadas los colores cambiaban y debía ajustar, por ejemplo, el balance de blancos, de su cámara. “Así fui encontrando un poco más ese poder narrativo, gracias a encontrarme también con las personas correctas, como Santiago Escobar Jaramillo, Luisa González, Federico Ríos, César Garzón, Julián Lineros, Andrea Hernández, Fernanda Pineda, y por querer hacer esas preguntas de quién soy yo como fotógrafo”, relató.

Para Ospina, la fotografía siempre ha sido importante a lo largo de la historia. “Es lo que va a perdurar en una imagen de algo que no se va a repetir”, aseguró. Sin embargo, advirtió que con la inteligencia artificial se corre el riesgo de que desaparezcan espacios para fotógrafos y videográfos en el mundo.

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