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“La novia”: una versión atrevida e impredecible (Opinión)

La más reciente película de la directora estadounidense Maggie Gyllenhaal es una reinterpretación del mito de Frankenstein, la novela de Mary Shelley.

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Daniel Rojas Chía
08 de marzo de 2026 - 11:00 p. m.
"La novia" fue protagonizada por Christian Bale y Jessie Buckley.
"La novia" fue protagonizada por Christian Bale y Jessie Buckley.
Foto: First Love Films e In The Current Company
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La frase “la oscuridad no existe, es en realidad ausencia de luz”, es frecuentemente asociada con la idea de que siempre hay luz en la oscuridad, lo que significa que nada es completamente malo, solo es preciso un poco de luz. Se trata de una metáfora que define en parte La novia (The bride), la más reciente película de la directora estadounidense Maggie Gyllenhaal, una reinterpretación del mito de Frankenstein, la novela de Mary Shelley. Esta película surgió luego de su ópera prima, La hija oscura (The Lost Daughter) (2021), por la que recibió una nominación a los premios Óscar por Mejor Guión Adaptado.

Ambientada en los años 30, con atmósferas que llaman por momentos al cine negro o film noir, la película se mueve en ciudades de Estados Unidos. Va desde la Chicago industrial, distante y envuelta en el hampa, para luego dirigirse a una Nueva York que lleva la historia a entrelazarse con el romance, la violencia, persecuciones policiales y la tensión social, proponiendo una mirada sobre cómo la figura de la mujer se trataba como una sombra detrás de lo masculino.

La Novia intenta ser todo lo que el espectador espera ver, con las concesiones afines al género que parece mostrar. Sin embargo, se va convirtiendo en otras cosas. El filme construye las motivaciones de sus personajes desde la carencia del solitario Frankestein de Shelley. Esto no solo a partir de los antecedentes de los repentinos efectos secundarios de levantar a los muertos, sino que explora cómo es volver a una vida sin memoria y regresar a un mundo con reglas impuestas sobre el cuerpo, el género y la marginalidad, como una muestra violenta de que el presente pertenece al más fuerte.

La premisa de la película es interesante desde el perfil del personaje de Frankenstein (Christian Bale), ya que pide ayuda a la Dra. Euphronius (Annette Bening) para crear una compañera desde la soledad y con la cual, sin saberlo, transitan los mismos lugares oscuros, al ser ambos una mezcla de muchas partes que intentan existir.

Frank, desde su creación en el libro de Mary Shelley; y La Novia, desde una mujer fragmentada y rota en muchos lugares, asesinada e interpretada por la nominada al premio Oscar a Mejor Actriz, Jessie Buckley.

En esta ocasión, Buckley se convierte en el complemento de un “monstruo” que desencadena una guerra interna y cuestiona su existencia entre un aparente romance, la persecución policial y un cambio social radical, logrando prácticamente un remake de La novia de Frankenstein (1935), pero mostrando que Frank es su complemento y ella el de él, porque han librado batallas muy parecidas en tiempos diferentes.

Gyllenhaal, por medio del cine, logra exponer una metaficción donde sus personajes construyen su emocionalidad. Gracias a la dirección de fotografía de Lawrence Sher, quien también estuvo involucrado en El guasón (2019) y Joker: Folie à Deux (2024), queda marcada esa estética específica en la cinta, junto con la música de la compositora y chelista islandesa Hildur Ingveldardóttir, también involucrada en la película del archienemigo de Batman y en la composición musical de Tar (2022), entre otras.

La película transcurre en los hombros de sus dos protagonistas, los cuales ponen el nivel dramático, Por un lado, Bale arma un Frank de “pedazos”, cuya energía contenida y desesperación se transforma en desenfreno y pasión. Frank es contagiado por la manera de existir del personaje de Buckley, que nuevamente enciende la pantalla con una angustia tan profunda que estalla con violencia. Esta es una constante lección de historia hacia los vejámenes dentro de las construcciones sociales de la mujer en los años 30 y, de las cuales, al parecer pocas cosas han cambiado.

Además, Penelope Cruz interpretando a Myma Mallow fue clave para la propuesta de una revolución con todos los estribos desde ese momento, y no silenciosa y gradual como lo fue en todo el siglo XX. Además, se dejan varias reflexiones en sus desarrollos y una evidente simbología dentro de su estructura narrativa.

¡La novia! puede solo ser interpretada desde su carga feminista, pero hacerlo sería minimizar su carga simbólica y el tipo de denuncia estructural que encarna. Con un reparto completado por Annette Bening, Peter Sarsgaard y Jake Gyllenhaal, muestra la presencia de intérpretes con grandes trayectorias que refuerzan el tono dramático de la película.

Para mi sorpresa, este filme resultó siendo romántico y una oda a encontrar esa luz dentro de tanta oscuridad, pero esa falta de luz no es negativa, porque en definitiva, es la que también se lleva por dentro. Juzguen ustedes.

Por Daniel Rojas Chía

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