El Magazín Cultural

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10 Apr 2022 - 2:00 a. m.

“La poesía en Colombia está en furor. Las poetas mujeres la están expandiendo”

Entrevista con la escritora María Paz Guerrero.

Redacción Cultura

María Paz Guerrero nació en Bogotá el 3 de mayo de 1982. Estudió literatura en la Universidad de los Andes y en Francia.  / Archivo particular
María Paz Guerrero nació en Bogotá el 3 de mayo de 1982. Estudió literatura en la Universidad de los Andes y en Francia. / Archivo particular

La poeta colombiana habló con El Espectador acerca de Lengua rosa afuera, gata ciega, su más reciente poemario, publicado por Himpar Editores y sobre el nuevo furor en el que está la poesía en Colombia. Lengua rosa afuera, gata ciega explora el habla popular, lo que significa habitar un cuerpo humano y uno no humano, además de que juega permanentemente con el lenguaje. (Recomendamos un ensayo de Nelson Fredy Padilla sobre la literatura de Ucrania y las novelas sobre las guerras).

“Lengua rosa afuera, gata ciega” es un título compuesto. ¿Qué hay detrás de ese nombre?

Este título retoma la imagen central del libro. Quise que apareciera el personaje central del libro en el título, una gata ciega, y la acción de sacar la lengua. Estoy apuntándole a un lugar de extrañeza. Me interesa crear un campo de resonancias y desconcierto.

Este libro también es una exploración de los cambios que sufren los cuerpos. ¿Qué la animó a escribir sobre el tema?

Este libro funciona como una caja de repeticiones. Es una composición coral que se desdobla. Todo se refleja y se disemina, los personajes, los sonidos, las imágenes: por eso también aparece una lora que grita pedazos de frases. La gata ciega es un cuerpo que se da golpes. Esto trae, a manera de eco, otro tipo de cuerpo, el cuerpo enfermo o el cuerpo que envejece, el que está próximo a morir, que exploro de la misma manera que el del animal. Me interesa mucho que estos cuerpos son raros, están atravesados por movimientos nuevos, por nuevas tesituras. Me centro en esas variaciones y en lo que esos cambios posibilitan; por ejemplo, contar el tiempo en órganos, cargar con cinco nódulos —protuberancias que parecen gente—, tener cuero en vez de piel porque se secó la carne de las piernas.

En su primer libro, “Dios también es una perra”, había jugado con convertir a Dios-hombre en la imagen de un dios-perra, animal y no animal. ¿Qué puerta le abre la gata que no había explorado en libros anteriores?

Esta gata es ciega, se da golpes contra todo; una mano le da carne picada, porque sí; no caza sus presas, espera a que le den comida y, además, es una hembra. Esta imagen me permite desencadenar la pregunta por el afecto y lo femenino, por un cuerpo que espera a que todo le sea dado porque, en efecto, una mano le ofrece su alimento. También está la pérdida de la facultad de cazar. Pero es que es ciega. Pero no “pobrecita gata”: su ceguera produce un cuerpo plástico que atraviesa lugares sólidos y vacíos. Además, saca su lengua rosa, que es la ternura, pero carrasposa: la lengua del poema.

¿Por dónde comenzó a escribir este libro? En una entrevista anterior mencionó el rol que jugó la música en la escritura de “Lengua rosa afuera...”. ¿Puede contarnos cómo fue?

Como les conté antes, este libro lo comencé a escribir con la necesidad de explorar la imagen de la gata ciega. Mientras lo hacía estaba escuchando, de manera circunstancial, a Héctor Lavoe. La voz de Lavoe me dio una textura para la escritura: para mí Lavoe es como un Rimbaud, un poeta que toca la muerte. Al escuchar sus letras descubrí ese lenguaje hablado tan sabrosón y quise transcribir la manera en que se nombra a la mujer, “mami”, “muchacha”, en que se nombra el amor, o las penas de amor, el “llorarás, llorarás, llorarás” de Óscar D’León. Entreveré esos fragmentos con las acciones de la gata, a manera de montaje y terminé generando choques entre las letras de salsa y el flujo del poema, nuevos sentidos más bien irónicos, sobre lo femenino. Así mismo construí las apariciones de las letras sobre vacas del cantautor venezolano Simón Díaz. En este libro hay una cantidad de carne: a la gata le dan carnita picada, Simón Díaz habla de la vaca mariposa que tuvo “terné” y el pregonero que ofrece un pollo entero a ocho mil, recién traído del matadero.

Escribo con las palabras en la punta de la lengua, la gente que aparece hace cantidades de cosas y despliega un ritmo con sonidos que traen nuevas voces que hablan con las palabras cotidianas, tan necesarias y precisas. El poema es un espacio de flujos sonoros.

El libro tiene una estructura bastante experimental y un uso particular del habla coloquial. ¿Qué espera que sus lectores sientan cuando terminen del leerlo?

Yo espero que los lectores sientan que también pueden ser gatas ciegas. Eso es lo que espero.

¿Cómo ve el panorama de la escritura de poesía en Colombia? ¿Qué rutas invitaría a explorar a lectores y escritores?

La poesía en Colombia está en furor. Las mujeres poetas están haciendo video-poesía, collage, poesía expandida, le están dando un vuelco a la poesía. Unas viven por fuera del país, leen poesía no solo en inglés, leen filosofía, teorías contemporáneas, traducen, participan en circuitos internacionales, dialogan con las demás artes.

Yo noto que los poetas jovencísimos están leyendo a estas mujeres poetas y se están nutriendo de esas voces. Los veo participar en los recitales, interesarse por ese movimiento artístico, entonces hacen performance, tienen grupos de música, colectivos literarios, están bullendo.

Invito a los lectores a leer la literatura que publican las editoriales independientes en Colombia, porque están haciendo una curaduría que remueve y renueva las estructuras de siempre, una curaduría que invita a pensar.

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