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7 Nov 2020 - 4:37 p. m.

La Rambla de Barcelona: del exceso de turismo a la ruina por la pandemia

¿Dónde ha ido a parar el usufructo de una ciudad que estuvo entre el top 10 de las más turísticas del mundo y la tercera en recibir más visitantes en Europa, superada solo por París y Londres? Algunos comerciantes se lo preguntan y están de acuerdo en que un sistema tan dependiente del turismo no es viable.

Lorena Guerrero Moreno

El traje de David Esteban Davies, un colombiano que vive del turismo en Barcelona, es una representación de la Basílica de la Merced y San Miguel Arcángel.
El traje de David Esteban Davies, un colombiano que vive del turismo en Barcelona, es una representación de la Basílica de la Merced y San Miguel Arcángel.
Foto: Lorena Guerrero Moreno

David llegó a Barcelona con 17 años y un par de años después ya era una de las más famosas estatuas humanas de La Rambla. Divertir a los turistas con su indumentaria de diablo caído a manos del arcángel San Miguel, aun bajo las temperaturas de verano mediterráneo o expuesto al viento de invierno europeo, le permitió pagar sus estudios como informático en la Universidad Politécnica de Catalunya y establecerse en una ciudad que hoy siente como suya.

Ha pasado la última hora sin la máscara: sin la obligatoria para evitar el contagio de la COVID-19 y sin la que hace parte de su traje. Hoy da igual si es el propio demonio, un ángel o él mismo. De cualquier manera no están los transeúntes que cruzan desde la Plaza Cataluña hasta el mar. No hay a quien le interese tomarse una foto o quien se ría de susto a cambio de una moneda. Barcelona, que durante 2019 recibió cerca de 12 millones de turistas, hoy sufre de una Rambla desierta.

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Ni siquiera a causa de los atentados a esa emblemática calle, en agosto de 2017, de donde salió espantado el turismo y con él su principal fuente de ingresos, David había considerado volver a Colombia. El bogotano de tez trigueña y ojos verdosos, dice que la situación nunca fue tan apremiante y desesperanzadora.

Al igual que él, Flor Cárdenas es una ecuatoriana que llegó hace veinte años a España y asegura que ni en la crisis anterior se había visto tal carestía. Por el temor de perder su trabajo está contemplando volver a Manabí, donde continúan dos de sus cuatro hijos.

Esta mujer que debe rondar los 50 años perdió su casa hace dos y ahora vive en alquiler. Dice que le quita el sueño un desahucio en caso de que la despidan.

La historia de los desalojos se evidencia cada vez más en las esquinas de Barcelona. Donde antes se detenían turistas para sacar selfies, el tiempo pasa lento para quienes han sido desalojados de sus hogares y han tenido que armar en las calles de Gaudí un hogar provisional. Familias que ya se encontraban en situación de vulnerabilidad y exclusión residencial, pero que la han visto agravada con esta crisis.

Según estadísticas del Observatorio de Turismo del Ayuntamiento de Barcelona, La Rambla fue el lugar más visitado de Barcelona ciudad durante el 2019 y el gasto promedio de un turista por día fue de 195€. La mayoría de personas llegaron de Estados Unidos, Francia, Alemania y Reino Unido. Actualmente, son muy pocos quienes se atreven a viajar o quienes pueden hacerlo, considerando las limitaciones de movilidad.

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Las remesas ya no son posibles para Flor ni para cientos de latinoamericanos que dependen de las actividades turísticas, además muchos de ellos brindan apoyo a sus allegados que están del otro lado del Atlántico. A duras penas se mantienen a flote hasta fin de mes y el colchón de las buenas épocas ya fue consumido en los meses de parón total.

De los seis empleados que tenía el negocio de bebidas y fruta donde trabaja Flor, solo quedan dos. “Basta con preparar un par de vasos para cada turno, pues se corre el riesgo de tener que botar comida, sin contar que cada vez son más los productos que nos expiran. Todo es pérdida para nosotros”, agrega.

En otro vistoso local de flores, Albert permanece atento por si llega a aparecer algún comprador, entretanto cuenta en catalán que sus ingresos se han visto disminuidos en más del 90%. Él es uno más de los comerciantes que se preguntan si será peor el virus del hambre o la epidemia.

Paseo de Gracia, Rambla Catalunya, la Plaza Real, El Born o las angostas calles de El Gótico han visto cerrar hoteles, bares, restaurantes, galerías de arte, heladerías, tiendas de ropa y librerías. Los lugares que continúan aferrados a la idea de supervivencia temen un nuevo confinamiento total, que terminaría por aniquilar cualquier posibilidad de recuperar sus finanzas y solventar el golpe de la primera ola de la COVID-19.

David interrumpe nuestra charla para responder al saludo de un brasilero, que viste traje y cola de caballo. Nadie diría que es uno de sus colegas artistas y en un español con un portugués escondido cuenta que está vestido elegante porque viene de “echar currículos”. Uno en un conocido supermercado ecológico, otro en una tienda de ropa y hasta en el almacén de lujo Dolce & Gabbana. “Voy disfrazado para buscar un trabajo normal porque La Rambla está muerta. Necesito encontrar algo donde sea”.

Las épocas en las que una estatua llegaba a ganarse hasta 400 euros en seis horas en un buen día de verano, quedaron atrás. Alien y La máscara son colombianos; Galileo Galilei es ecuatoriano, El ángel dorado, El César y El centauro son argentinos. Casi todos ellos provienen de Suramérica y obtienen, si acaso, el 10% de lo que era el ingreso más bajo un mes de invierno.

De las 18 estatuas humanas que tenían permiso del Ayuntamiento para trabajar en esta zona, solo acuden seis, que son prácticamente invisibles frente a la falta de cruceros y visitantes. “En realidad no tenemos ninguna ayuda más allá de lo que las mismas personas nos pueden dar”, dice David.

Según el Instituto Nacional de Estadística de España, al 1 de enero de 2020 en la provincia de Barcelona había 34.442 colombianos registrados en el padrón municipal. De ellos, algunos artistas callejeros, vendedores y comerciantes informales dicen que no pueden darse el privilegio de estar confinados.

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¿Dónde ha ido a parar el usufructo de una ciudad que estuvo entre el top 10 de las más turísticas del mundo y la tercera en recibir más visitantes en Europa, superada solo por París y Londres? Algunos de estos comerciantes se lo preguntan y están de acuerdo en que un sistema tan dependiente del turismo no es viable y que la manera de hacer turismo debe replantearse, aunque tienen claro que mientras no haya una solución a las condiciones de precariedad actuales no pueden darse el lujo de volver a parar.

Este ha sido quizás el otoño más gris y lúgubre desde que David se maravilló por primera vez con Barcelona en 2009. Once años después, de los cuales ocho ha sido una estatua, cuenta que ya tiene un pasaporte español que le permitiría emigrar a otro país de la Unión Europea. Por eso está dentro de sus opciones probar suerte en Alemania o llegar donde Tabi, una ex novia inglesa. Claro, una vez se estabilice un poco la situación, pues sabe que en esos países la economía tampoco es prometedora.

“En Colombia no hubiese tenido las posibilidades que he tenido aquí y por eso decidí quedarme. Yo, que estudié en un colegio distrital al sur de Bogotá, no hubiese podido ir a la universidad. Aquí al menos he podido sacarme el título y, por eso, aunque mi mamá se devolvió, decidí quedarme solo”.

Con una tasa del 16,3% de desempleo, cifra que no incluye los empleados en ERTE (expedientes de regulación de empleo) que, aunque no trabajan hace meses no cuentan como desempleados, esa es la realidad de miles de extranjeros y nacionales en España.

Ni en la crisis del 2008 vivimos esta situación, afirma Carlos Jiménez, español y propietario de otro de los quioscos, esta vez de souvenires, revistas y tabaco. “Muchos locales han cerrado definitivamente, pues mientras permanecen abiertos tampoco pueden acceder a las ayudas del gobierno disponibles, que son alrededor de 600€ por local (en un solo pago) y eso independiente de cuántos empleados haya”, indica

Estas personas coinciden en que no desconocen la gravedad de la enfermedad y la incapacidad de los servicios de salud frente a los contagios. Ellos también se afligen con las muertes de conocidos e incluso familiares. Comprenden las contrariedades de esta emergencia, pero desde su necesidad no tienen otra forma de reinventarse o de privilegiar la salud: también de esta forma peligra la integridad de ellos y sus familias.

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De acuerdo con el más reciente informe del Consejo Mundial de Viajes (WTTC, por sus siglas en inglés),174 millones de personas en el mundo podrían perder sus trabajos para finales de 2020 si se mantienen las restricciones de viaje. Esto sin contar los empleos no directos y los ingresos de familias que dependen de personas que dependen de las remesas.

David, que aún se dirige a mí en un muy colombiano “mi niña”, no puede quedarse petrificado y esperar a que se solucione su situación. Tampoco puede pedir al poder de su compañero de traje, San Miguel, para que se resuelva su futuro y el de sus colegas, solo cruza los dedos para que al menos no se aplique un nuevo confinamiento total.

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