“Soy joven, tengo 20 años, pero no conozco de la vida más que la desesperación y la muerte, la angustia y el tránsito de una existencia llena de la más estúpida superficialidad a un abismo de dolor. Veo que los pueblos son lanzados los unos contra los otros, y se matan sin rechistar, sin saber nada, locamente, dócilmente, inocentemente. Veo cómo los más ilustres cerebros inventan armas y frases para hacer posible todo esto durante más tiempo y con mayor refinamiento”. “Sin novedad en el frente”, de Erich Maria Remarque.
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La ruptura del orden es la primera categoría genérica con la que comienzo esta serie de reflexiones sobre novelas que han descrito la experiencia humana. La guerra será la primera temática específica.
La novela “Sin novedad en el frente”, publicada en 1929 por el alemán Erich Maria Remarque (1898-1970) es el ejemplo que he elegido para presentar el conflicto bélico como núcleo temático universal.
Las guerras han existido desde que existe la humanidad y han sido las causantes de las peores alteraciones del orden social. La literatura ha representado los horrores de las guerras en todos las épocas y géneros literarios. Por eso mismo, elegir una experiencia bélica narrada a través de la literatura equivale a escoger un grano de arena para explicar el contenido de una playa. Sin embargo, he elegido la Primera Guerra Mundial (1914-1918) como marco contextual, porque fue la primera vez en la historia que los mecanismos bélicos se convirtieron en instrumentos modernos capaces de aniquilar de manera generalizada. Las trincheras, los gases tóxicos y otras técnicas novedosas que trastornaron la conciencia de lo que suponía una guerra. Dice Daniel López Fernández: “Los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial fueron testigos de una profunda modernización y serialización de los dispositivos técnicos de matar. El carácter industrializado, masivo, anónimo de la muerte y, en general, la total deshumanización del conflicto arrojaban un manto de ironía sobre todos los ideales y valores que habían teñido el belicismo anterior. Los soldados, reducidos a un número fácilmente reemplazable, experimentaban el miedo, la angustia y la absurdidad del conflicto”.
“Sin novedad en el frente” es una novela testimonial —él estuvo en la guerra— que evidencia ese malestar más allá de las crueldades generales de cualquier guerra, porque narra las vivencias de un soldado raso alemán, desprovistas de los elementos que se usaban anteriormente en los relatos bélicos como el heroísmo, la gloria, el amor a la patria o el sacrificio personal. En cambio, en esta prosa incómoda se muestra la guerra como un proceso de deshumanización. El ser humano pierde su esencia y se convierte en un instrumento más. La experiencia corpórea: el hambre, el miedo, la suciedad, el olor, las necesidades básicas y la eterna espera constituyen la condición vulnerable del soldado anónimo: “Si quisiéramos hacerlo nos suicidaríamos, pues me he dado cuenta de esto: podéis soportar los horrores mientras agacháis simplemente la cabeza, pero en cuanto reflexionáis, os matan”.
Paul Bäumer es el narrador y protagonista de la novela. Se alista en el ejército junto a sus compañeros de escuela, ilusionado por el discurso nacionalista que se vive en Alemania. Sus ilusiones se desvanecen, lo que aprende no tiene nada que ver con temas morales, patrióticos o heroicos. No. Su formación es meramente biológica, un aprendizaje que le permite subsistir y satisfacer las necesidades elementales del ser humano. Paul va perdiendo paulatinamente su identidad: ya no se reconoce como estudiante, como hijo, como ciudadano, es un cuerpo andante que no piensa, solo reacciona a estímulos orgánicos. Pero, por otro lado, la amistad con los otros soldados se convierte en la respuesta a las necesidades esenciales, como compartir la comida, el pánico y la soledad. Esa pequeña comunidad, sin embargo, no es necesariamente afectiva, sino meramente ontológica: la muerte de alguno disminuye la posibilidad de subsistencia básica.
La novela se publicó en 1929 por capítulos en forma de folletín en el periódico “Wossische Zietung”. Tanto las entregas como el ejemplar completo se agotaron muy pronto. No obstante, los círculos políticos y militares del nazismo lograron censurar la novela en Alemania. Luego, en 1933, con la subida de Hitler al poder, Remarque tuvo que exiliarse en el extranjero, su novela fue quemada públicamente y le quitaron la nacionalidad alemana. Desde su publicación se convirtió en un símbolo de la Primera Guerra Mundial, se ha traducido a varios idiomas y se ha representado en películas como la dirigida por Lewis Milstone en 1930 (“All Quiet on the Western Front”); la de Dellbert Mann en 1979, y la de Edward Berger en 2022.
“Sin novedad en el frente” es una novela que dibuja la guerra en un sentido íntimo y a la vez colectivo; presenta una experiencia humana honesta, desprovista de los preceptos bélicos que han justificado los conflictos; el protagonista asume la guerra como una herida abierta, un ramalazo eterno. Además, es una propuesta de prosa testimonial de lo que ha sido destruido, que no admite reconstrucción ni reconciliación. La escritura para Remarque no es un mecanismo de sanación, sino una herramienta en contra del olvido.
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