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“Quiero que mi hijo entienda que debe ser feliz”: William Hernán Yepes

El escritor habló sobre su nuevo libro donde, a partir de su paternidad, reflexiona sobre la sociedad actual y los desafíos que enfrentan los jóvenes hoy en día.

Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez

30 de marzo de 2026 - 10:51 a. m.
“Cartas para mi hijo”, libro de consejos de William Hernán Yepes, fue publicado por la editorial Planeta y se encuentra disponible en librerías de Colombia.
Foto: Henry Calderón
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¿Cómo fue su primer acercamiento a la escritura?

Desde que tenía 15 o 16 años solía escribir sobre momentos que me enseñaban algo en la vida y los complementaba con otras experiencias empíricas o con conocimientos que adquiría en los libros. En ese entonces era algo muy personal, pero ya en la universidad pasé esos escritos al computador y desde ahí comencé a escribir crítica social. Me gusta estudiar la conducta humana, la psicología, el derecho, y también tengo interés en la economía y la filosofía. Esta es la primera vez que escribo sobre desarrollo emocional y decidí mezclarlo con este tema de la crítica social.

¿Cómo surgió la idea de escribir “Cartas para mi hijo”?

No iba a ser un libro, sino escritos por separado. La idea era explicarle a mi hijo, a través de diferentes textos, el sistema en el que vivimos, cómo nos relacionamos con los demás y la importancia de tener una mente fuerte, serena y feliz. Cuando le mostré estos escritos a familiares y amigos, me dijeron que no solo debía leerlos mi hijo, sino también muchas otras personas. Entonces, poco a poco, fui dándole forma de libro.

¿Por qué decidió hacerlo con cartas?

Porque fue la única manera en que sentí que podía transmitir estos mensajes. La idea es que puedan ser comprendidas por jóvenes desde los 12 años, por padres o por cualquier persona que necesite un consejo o una reflexión en determinado momento. Decidí estructurarlas como cartas que, aunque tienen un hilo conductor, también funcionan de manera independiente y atemporal. Así, el lector puede acudir a ellas según el consejo o la reflexión que necesite. De ahí nace la idea de dejarle un legado a mi hijo.

¿Cuál fue la carta o enseñanza más difícil de plasmar en este libro?

Creo que fue el tema de la sociedad: hacerle ver que no somos seres individuales y mostrarle que somos parte de un tejido social y que los actos individuales afectan a las demás personas. También transmitir la importancia del respeto mutuo, la empatía y la necesidad de vivir en armonía dentro de una comunidad. Y explicar que una mente fuerte crea una persona fuerte; una persona fuerte forma una familia fuerte; una familia fuerte construye una sociedad fuerte, y una sociedad fuerte da lugar a instituciones sólidas.

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¿De qué manera su experiencia como padre ha influido en su escritura, y cómo su escritura ha impactado en su forma de ejercer la paternidad?

Creo que una cosa es adquirir el conocimiento y otra muy distinta es plasmarlo en un papel. Cuando lo escribes, organizas mejor la idea y la centras. Eso es algo muy bonito porque además de darle claridad a lo que piensas, con tu rol de padre lo llevas más hacia la práctica. Entonces tienes la idea en tu cabeza, la pones en el papel y, al mismo tiempo, estás con tu hijo reforzando todo eso.

¿Qué le gustaría que su hijo comprendiera al leer estas cartas que le ha dedicado?

Mi objetivo principal es que él entienda que debe ser feliz. Siento que lo más importante es que tenga una mente serena y sana. También me gustaría que comprenda que hay cosas que puede controlar y otras que no. Entre las que puede controlar están sus decisiones y pensamientos. Cuando una persona se enfoca en lo que puede controlar y deja de lado lo que no, puede encontrar estabilidad mental. Por ejemplo, en el sistema educativo actual hay mucha competitividad, con reconocimientos como los cuadros de honor o izar bandera, y eso me parece problemático. Son cosas que un niño no puede controlar. Él puede controlar sus hábitos y su estudio, pero no necesariamente estar en un cuadro de honor. Cuando se le exige eso, pueden surgir sentimientos como la frustración, que a esa edad aún son difíciles de manejar.

¿Cuál cree que es la principal problemática a la que se enfrentan los jóvenes hoy en día?

La principal problemática son las mentes débiles, pero esto parte de una sociedad débil. Muchas familias en Colombia son disfuncionales, lamentablemente, y a eso se suma una problemática actual como las redes sociales. Los jóvenes ven a influenciadores que tienen carros último modelo o apartamentos, y cuando intentan alcanzar esas cosas, se dan cuenta de que no es fácil, lo que genera frustración. Esa frustración produce debilidad mental y emociones que, considero, los jóvenes y los niños no deberían experimentar a tan temprana edad. Todo esto termina generando ansiedad y depresión, que son problemáticas que como sociedad debemos cambiar.

Si pudiera volver a su juventud, ¿cuál de estas cartas le habría ayudado y por qué?

La carta que más me habría ayudado es la de no dejarme afectar por las cosas que están fuera de mi alcance. Creo que esa habría sido fundamental. Antes era una persona que se dejaba afectar mucho; si no me iba bien en la universidad, estudiaba en exceso y de una manera poco saludable. Me exigía demasiado y me castigaba a mí mismo cuando las cosas no salían como esperaba.

Si hubiera entendido eso desde el principio habría tenido una mente más tranquila. Muy posiblemente, incluso, no habría desarrollado lupus, ya que surgió a partir de un ataque de ansiedad provocado por la presión que estaba viviendo en ese momento de mi vida, una presión que yo mismo me impuse.

¿Cómo ha impactado el lupus en su forma de entender la vida y hasta qué punto la escritura ha sido una herramienta para transitar la enfermedad?

Cuando tienes una enfermedad crónica, la vida cambia bastante. Sientes que las cosas deben hacerse en el momento, en el ahora. Te das cuenta de que la vida es muy corta, que hay que disfrutarla, ser feliz y actuar en el presente. Por eso quiero transmitirle a las personas más jóvenes que es inútil preocuparse por lo que no pueden controlar. El ejercicio de escribir fue muy importante: me permitió organizar las ideas, centrarme y enfocar mejor estas prácticas. Actualmente siento que me ha servido mucho. Manejo bastante estrés y carga laboral, pero mantengo una mente serena. Al final, lo más importante es la mente, el cuerpo y la salud.

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Por Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez

Comunicadora social y profesional de Estudios Literarios de último semestre de la Pontificia Universidad Javeriana. Apasionada por la gestión cultural, el sector editorial y la literatura latinoamericana.mchiliquinga@elespectador.com
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