El Magazín Cultural

7 May 2022 - 11:42 p. m.

La esquina delirante CI

Te damos la bienvenida a La esquina delirante, un espacio en donde la meta es decir la mayor cantidad de cosas en el menor espacio posible. Aquí, la literatura se fusiona con la brevedad, en una carrera en la que todo se vale, a excepción de extenderse demasiado. ¿Quieres participar? Envía tus microrrelatos de menos de 200 palabras a laesquinadelirante@gmail.com.

Autores varios

Bienvenidos todos los microrrelatos a laesquinadelirante@gmail.com, máximo 200 palabras.
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Ilustración de PXHERE
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Foto: Ilustración de PXHERE

Ausencia

Miro mi nido desarmado, hay presencia de sombras. Nada está en pie y no sé adónde ir.

Un abismo infinito me rodea.

Descubro las huellas de tus dedos en el vidrio de la ventana que da al jardín. Tu última imagen me sonríe desde ahí. Te escucho silbar bajito ese tango de domingo. Digo padre y siento frío y un vacío en mi garganta. No tengo aire, han volado las palabras; no hay cómo nombrar este tiempo sin tiempo. La soledad me absorbe, me traga, es una ciénaga oscura. Digo padre y siento que la magia estaba ahí, eras vos. Y eras el amparo y el aroma a alfalfas. Una niña de trenzas me extiende su mano, me rescata.

Marta Monforte

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Juegos de hombres

En una tarde de vientos alisios, se reunieron en la plaza decenas de niños, escuálidos y descalzos, que corrían dándole la espalda al viento. Alicia observaba con asombro cómo elevaban las cometas. Estuvo un rato mirando cómo desaparecían en el cielo. Uno de ellos intentaba elevar una, sin éxito, el viento lo arrastraba como pluma de paloma extraviada. El muchacho lloraba a lágrima viva intentando levantarse, para retomar la maniobra. Alicia le dio la mano. Entonces, agarró el hilo de la cometa y caminó alrededor de la plaza, luego corrió… Sus cabellos serpenteaban en el aire, los ojos los tenía expectantes y el rostro terso.

─¡Tienes que correr dándole la espalda al viento! ─le gritó el niño─. Que se encontraba otra vez en el suelo.

La niña se viró. La cometa le pesó tanto como los lingotes de oro que sumergió su abuelo en el aljibe.

Cuando soltaba el hilo para que cogiera vuelo, unas manos diminutas, callosas y frías le apretaron la clavícula.

─¿Qué haces, Alicia? Este es un juego de hombres ─le dijo su padre.

El niño se levantó. Le arrancó el hilo de las manos a la niña. Y le dijo adiós, mientras lo remolcaba el viento.

Verónica Bolaños

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Limpia

La bebé dejó de llorar apenas la curandera frotó un huevo por su cuerpo, la sopló y la rameó. “No es el virus lo que mata a la gente”, advirtió la anciana, quien depositó el embrión en un vaso con agua para que absorbiera la mala energía.

Los desdichados padres no pagaron los cien pesos acordados por curar a su hija, a pesar de notar que el estado de salud de la sanadora empeoraba al curar a su pequeña, incluso, la mujer cayó de rodillas al suelo de tierra, mientras el agua en el vaso ennegrecía y en la yema se formaba un ojo. La anciana enojada arrojó el traste a una cubeta con desperdicios y vio surgir la criatura que esa noche, como tantas otras, limpiaría al pueblo de avaros.

Karla Barajas

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Incertidumbre

Lo recuerdo como si fuera ayer: estaba sentado frente al río pescando para llevar el sustento a mi rancho. La ciénaga de Puerto Patiño era cosa jodida. Había días que podía pescar mis bocachicos para venderlos en el mercado de Aguachica y así ganarme unos pesos para tomarme una cerveza y para comprar mercadito, pero había días que no pescaba ni mierda.

Ese día no recuerdo bien qué pasó; la cabeza me sigue matando y me salió un chichón que ni con una cuchara fría se va. Todavía no sé qué le pasó a mi red y mucho menos por qué estoy en este moridero con solo mis harapos.

De lo poco que se me viene a la tusta son palabras de un gordo uniformado que decía que iban a desaparecer a todo colaborador de la guerrilla o de cualquier mamerto. Parecía paraco o del ejército, pero no estoy seguro.

¡Por eso yo no me meto en maricadas de la política, o si no nos matan!

Pero bueno, solo me queda esperar que alguien me saque de esta pocilga, espero recuperar mi red y que no hayan matado a mi cucha ni a mi compadre Anselmo.

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¡País de mierda!

Juan Pablo Parra Acosta

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