¿Cuándo apareció la literatura en su vida? ¿Fue algo que siempre estuvo ahí o es algo que fue creciendo con el tiempo?
Fue creciendo con el tiempo. Siempre me ha gustado leer y es algo que he vivido en casa, ya que mi madre era una lectora empedernida. Desde pequeña tuve muy inculcado ese amor por la lectura y por los libros, pero nunca me había planteado ser escritora. Eso cambió cuando conocí a Mariana, la protagonista de este libro, que me inspiró profundamente con su historia de vida, de superación y de valentía. Cuando nos contó todo lo que había vivido, las personas que estábamos alrededor terminamos llorando, y entonces le dije que algún día escribiría un libro sobre lo que me acababa de contar. Y ese día, por fin, ha llegado.
¿Cómo fue el proceso de tomar ese relato y construir el personaje?
Mantuve a Mariana tal y como es. Tras muchas conversaciones, intercambiar audios y videos desde su infancia, conocer a su familia y todo lo que la rodeaba, el personaje se fue quedando así. Para mí, la persona es mucho más importante que el personaje. Por eso, Mariana se mantuvo con las cualidades que la definen, teniendo siempre muy clara la línea que quería seguir: contar su historia.
¿Cómo conoció a Mariana?
La conocí en un parque, aquí en Los Ángeles. Ella estaba con unas amigas y yo estaba sola. Escuché que hablaban en español y me acerqué a ellas. Desde ese primer momento sentimos una conexión muy especial. Empezamos a coincidir todos los días en el mismo parque, hablábamos, casi todas teníamos la misma edad, y así nació una amistad muy bonita. Poco a poco fue tomando confianza conmigo, se fue abriendo más y me contó la historia de su vida. Todo surgió de la forma más casual del mundo.
¿Cómo escribir desde la mente de una adolescente que atraviesa un contexto como el que aborda en su novela?
La adolescencia es una etapa en la que se tienen muchos sueños y muchas creencias que no siempre son las más acertadas. Por eso es importante no dejarse llevar únicamente por las emociones, aunque sé que es algo difícil de conseguir. Sobre el papel suena muy bien, pero luego cada persona actúa como puede y como necesita. Aun así, creo que es fundamental intentar pensar las cosas con más calma, sobre todo cuando las decisiones tienen consecuencias tan grandes como las que toma Mariana.
“Mis 16 en el desierto” es su primera novela. ¿Qué fue lo más retador de enfrentarse a su escritura?
Lo más fuerte fue verme frente a la primera página en blanco. Pensaba: “Guau, igual no voy a llegar ni a diez páginas escritas”. Y al final fueron más de 347. Cuando te sientas ante el papel en blanco con la intención de contar una historia con verdad, las palabras acaban saliendo solas. Creo que el mayor desafío ha sido mantener siempre el respeto por todo lo que se cuenta y lograr que Mariana, al leer el libro, se sintiera orgullosa de lo que estaba leyendo.
¿Sigue en contacto con Mariana? ¿Sabe si ya leyó el libro? En caso de que sí, ¿cómo lo recibió?
Sí. Hace unos días le entregué el libro. Siempre lo mantuve un poco en secreto para toda la gente alrededor, incluida ella, así que fue la primera en enterarse de que ya estaba publicado. Se lo di en persona y se emocionó muchísimo. Está muy ilusionada con todo esto y encantada. Siempre me dice: “¿Cómo te acuerdas de todos los detalles? ¿Cómo has plasmado en la portada todos los pequeños elementos que te fui contando?”. Está muy, muy feliz. Toda su familia también está muy contenta; ya lo han leído y están encantados. Y yo, feliz de ello.
La migración ha sido ampliamente representada tanto en el periodismo como en la literatura, ¿por qué sintió la necesidad de abordarlo en su novela?
Porque me parece muy importante que el mundo conozca las historias que cada persona lleva detrás. A veces tendemos a juzgar a la gente cuando la vemos en un determinado lugar o haciendo ciertas cosas, sin saber todo lo que hay detrás. Me resulta muy interesante que, cuando ves a una persona vulnerable, sensible, que se emociona con los pequeños detalles, entiendas que es porque existe una historia previa, y todas las historias merecen ser escuchadas. Eso fue lo que me llevó a querer contar esta vida de Mariana.
¿De qué manera cree que lo aprendido en el mundo del periodismo le ayudó a escribir esta historia?
Me ayudó a escribirla desde el respeto, manteniendo siempre muy clara la regla principal del periodismo, que para mí es la rigurosidad y la claridad. Tenía muy claro lo que quería contar y quise evitar llenar el texto de cosas que no llevaban a ningún lado. Preferí ser fiel a los datos veraces y, por supuesto, mantener siempre el respeto y el profesionalismo.
Después de la novela, ¿ha cambiado su forma de ver y entender la migración?
Todo este proceso me ha enseñado, sobre todo, que no hay que juzgar. Siempre hay que darle a la persona que tenemos enfrente la oportunidad de contarnos lo que está viviendo, lo que ha vivido, los pensamientos que tiene y las situaciones que atraviesa en su casa. Me ha ayudado a ser más empática, que es algo muy importante en la vida.
Teniendo en cuenta los temas que trata en su novela, ¿qué le gustaría que los lectores se lleven de su libro?
Que empaticen, que se acerquen a la historia sin juicios y que aborden el tema desde el respeto con el que está contado. Sobre todo, que no se centren en lo banal, sino que vayan al detalle. Me gustaría que lean la historia de Mariana y que comprendan todo lo que atraviesa una persona hasta tomar la decisión de irse de su país. Que no se queden en lo superficial de pensar que en otro lugar la vida siempre es mejor. Porque ¿y si no lo es?