La Universidad Nacional le dio el doctorado “honoris causa” a Albalucía Ángel

La escritora nacida en Pereira es autora de novelas, con la emblemática sobre la violencia “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón” a la cabeza, al igual que de libros de cuentos como “¡Oh, gloria inmarcesible!”.

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Lucía Rayo / Especial para El Espectador
25 de septiembre de 2022 - 02:00 a. m.
La escritora Albalucía Ángel Marulanda tiene 82 años de edad. 
/ Cortesía de Édgar Céspedes
La escritora Albalucía Ángel Marulanda tiene 82 años de edad. / Cortesía de Édgar Céspedes
Foto: Archivo particular
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El pasado 23 de septiembre, el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Colombia otorgó a la escritora Albalucía Ángel el Doctorado Honoris Causa, reconocimiento al cual la escritora fue nominada por el Departamento de Literatura debido a los aportes que, mediante su vida y obra, ha entregado a la literatura colombiana y latinoamericana.

Un merecido reconocimiento para la autora pereirana, que ha desarrollado una obra muy importante; empezando por sus publicaciones en el año 1970 con la novela Los girasoles en invierno. En 1973 con la novela Dos veces Alicia, publicada en Barcelona por Seix Barral. En 1975 gana el premio Vivencias con la novela Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón. En 1979 se publica su libro de cuentos ¡Oh, gloria inmarcesible! En 1982, la novela Misiá señora. (Recomendamos esta entrevista con Albalucía Ángel sobre su obra).

En 1984 se publica Las andariegas, un libro que reproduce la métrica y estructuras de los coros clásicos griegos y hace un recorrido por la historia de la humanidad, todo esto desde una mirada feminista. En 1991 publicó Siete lunas y un espejo en Voces en escena: Antología de dramaturgas latinoamericanas, editada por Nora Eidelberg y María Mercedes Jaramillo.

En 2002 se publicó la novela Tierra de nadie. En el presente año fue incluida en la Biblioteca de escritoras colombianas realizada por el Ministerio de Cultura y su libro de memorias Diálogos con un cuaderno anaranjado sale, por fin, editado por la Universidad de Antioquia este mismo año. Albalucía se ha destacado como escritora tanto por su increíble habilidad retórica, como por su estilo único, permeado por sus vivencias que impregnan su escritura de una perspectiva onírica, contundente e impactante. Esto opinan algunos académicos, escritores y editores sobre la obra de la escritora galardonada:

Luz Mary Giraldo, poeta y profesora universitaria:

“Todavía recuerdo el entusiasmo con el que leí por primera vez la novela Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón y los cuentos ¡Oh gloria inmarcesible!, ambos de Albalucía Ángel. Titular dos obras con elementos de los juegos infantiles o de la solemnidad del himno nacional me resultaba claramente insólito. Encontraba allí una autora que me generaba extrañeza, pues establecía una clara ruptura tanto en los temas como en las formas de narrar de las mujeres colombianas y del universo y los lenguajes del ya reconocido Gabriel García Márquez. Es más, me sorprendía que una escritora nacida en Pereira, es decir, de provincia y no del centro del país, Bogotá, se atreviera a escribir de manera diferente, como también notaba que lo hacía Fanny Buitrago. Desde las primeras obras de Albalucía, pasando por Dos veces Alicia, Los girasoles en invierno, Tierra de nadie, hasta el presente, su literatura incomoda y reacomoda, mostrando en su claro trasegar vital y literario profundo sentido reflexivo y crítico sobre la existencia y la historia. Partícipe del canon, esta literatura ha sabido resemantizar temas y obras, tendencias, perspectivas de la realidad nacional, situaciones de la condición humana”.

Mario Barrero Fajardo, profesor asociado, director del Departamento de Humanidades y Literatura de la Universidad de los Andes:

“Con una heterogénea y sólida obra literaria concebida durante más de medio siglo, Albalucía Ángel (1939) se ha consolidado como una de las voces más representativas de las literaturas colombiana e hispanoamericana en el tránsito entre los siglos XX y XXI. En los distintos géneros literarios que ha cultivado –novela, cuento, teatro y ensayo–, su escritura se ha destacado por la consolidación de un discurso que desde sus orígenes ha reivindicado unas válidas y necesarias perspectivas femeninas y feministas. Lo anterior le ha permitido ampliar el horizonte posible de las literaturas en juego y gracias a ello ha concebido un discurso cuestionador frente a los tradicionales imaginarios patriarcales que durante décadas han condicionado los devenires históricos y estéticos de las sociedades hispanoamericanas. Un ejemplo diáfano de esta agencia político-estética lo constituye su reconocida novela Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón (1975). Sin lugar a dudas es la obra más representativa de la literatura colombiana que recrea los años de la violencia bipartidista y el surgimiento de los movimientos armados a mediados del siglo XX en Colombia. Es una novela que sobresale por su arriesgada apuesta experimental, que se traduce en una matizada aproximación a los acontecimientos históricos en cuestión. También constituye una reivindicación del espacio que las voces femeninas han conquistado en la construcción del imaginario contemporáneo colombiano e hispanoamericano”.

Pilar Quintana, escritora y coordinadora editorial de la Biblioteca de Escritoras Colombianas:

“Albalucía Ángel es una de las autoras más sobresalientes de todos los tiempos en Colombia. Fue una de las pocas autoras que hicieron parte del boom latinoamericano y sus obras fueron leídas por el gran público y reseñadas por la crítica y la academia. Sin embargo, ella no ha gozado de los mismos privilegios que sus colegas hombres y sus obras no han tenido la misma difusión ni ocupado el mismo lugar que las de ellos. Esto es porque existe una brecha de género que todavía necesita subsanarse. Históricamente, las mujeres no hemos tenido las mismas oportunidades que los hombres para educarnos y profesionalizarnos, hemos estado lejos de la esfera pública, relegadas a los trabajos del hogar, y nuestro trabajo intelectual ha sido muchas veces despreciado y/o supeditado a la aprobación masculina. Albalucía fue escogida por un comité de especialistas para hacer parte de la Biblioteca de Escritoras Colombianas, un proyecto editorial del Ministerio de Cultura para rescatar y promover el trabajo literario de las mujeres y que consta de dieciocho títulos de algunas de las autoras más destacadas del país desde la colonia hasta las nacidas en la primera mitad del siglo XX. Algunas de sus obras, además, están siendo reeditadas por editoriales grandes y editoriales independientes. Es tiempo que a sus obras y a ella misma se les dé el lugar que les ha sido negado y que merecen”.

Alejandra Jaramillo Morales, escritora y profesora del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia:

“Albalucía Ángel es una grande entre los grandes de la literatura colombiana. Desde inicios de los 70, cuando la empieza a publicar, la apuesta experimental de Ángel ha marcado no solo las compresiones en los estudios literarios, sino los procesos de escritura de muchos autores y autoras contemporáneas. Es una autora determinante para entender procesos históricos de la violencia, de la historia de las mujeres y el diálogo con las innovaciones literarias en la literatura colombiana”.

Aleyda Gutiérrez Mavesoy, profesora de la Universidad Central:

“La escritura como forma de asumir la vida ha sido para Albalucía Ángel uno de sus roles posibles, así como su profunda preocupación por el país y, especialmente, por la especie humana, la ha llevado por caminos de la búsqueda espiritual. Todos los modos de ser sujeto en el mundo le han permitido construir alrededor suyo una cofradía de aprendices que aún seguimos bebiendo de su palabra. Y no sólo es por los universos que abre detrás de lo que dice, sino por la importancia que tiene para América Latina su irrupción en la narrativa desde la vanguardia. Su obra es una muestra clara de que la ley del género (Derrida) es la transformación, cuyo rasgo característico en ella es el tratamiento del lenguaje. Una de las contestatarias del poder, según Rama, supo ubicarse en una posición de ruptura frente a las formas tradicionales de la literatura y frente a la narrativa de la violencia. Ángel reconfigura la realidad con una visión desencantada, mas no se inscribe en el realismo mágico, como tampoco en la tradición del realismo. En su obra, el juego con el lenguaje, la heteroglosia y los recursos señalan una búsqueda por la forma para desplegar un mundo en el que la experiencia de lo real se refracta y cuyos fragmentos constituyen la textualización de la realidad vivida”.

Carolina López, editora de Alfaguara:

“Albalucía Ángel es una fuerza de la naturaleza, una abrecaminos sin tregua que nunca se cansa de retorcer las formas del lenguaje, de encontrar nuevos significados para cada experiencia y de poner de manifiesto los temas que otros han querido callar. En tiempos en los que los relatos protagonizados y escritos por mujeres han ganado una fuerza renovada, la obra arrolladora de esta autora cobra más relevancia que nunca, pues su trabajo pionero es terreno fértil e inspiración para generaciones que sabrán reconocer y honrar su inigualable legado”.

Diana Diaconu, profesora de la Universidad Nacional de Colombia:

“Con ¡Oh gloria inmarcesible! (1979), único libro de cuentos, singular en todos los sentidos, Albalucía Ángel inscribe su nombre como referencia ineludible en una historia del cuento colombiano que está todavía por escribir. Su osadía al renovar el género cuentístico es tal que ni sus contemporáneos, lectores y escritores, ni los historiadores de la literatura colombiana y latinoamericana han reconocido en estas audaces formas breves, insólitas, subversivas y provocadoras, el género que, por aquel entonces, parecía identificarse con algunas poéticas modernas muy consagradas, como las de Borges o Cortázar. Sin embargo, la intuición segura y temprana de la manera como se redefine el género cuentístico y de los nuevos derroteros que éste iba a seguir en el siguiente milenio hace que Albalucía Ángel ubique sin vacilar en la portada de su libro el subtítulo “cuentos”, desafiando apariencias formales y lugares comunes”.

Ivonne Alonso Mondragón, docente de literatura y creación literaria de las universidades Central y Andes:

“Como estudiante del pregrado en literatura de la Universidad Nacional, hace casi 20 años leí por primera vez a Albalucía Ángel. Allí me di cuenta de que, como estudiante, mujer, investigadora en formación, tenía temas y preguntas fundamentales que ni siquiera yo sabía que me atravesaban la vida. Albalucía se convirtió en pilar, columna, faro de mi profesión y de mi vida. Su escritura desde entonces ha acompañado mi trabajo como profesional, escritora y docente. Pues me resulta inimaginable mi camino sin esa luz que me mostró la urgencia de buscar y enseñar referentes que han estado relegados de la academia, del mundo letrado y las editoriales”.

Guillermo González Uribe, escritor, periodista y editor:

“Hace apenas cuatro años leí la novela Misiá señora, escrita por Albalucía Ángel a finales de los años setenta del siglo pasado. Quedé sorprendido, atrapado, admirado; primero por la riqueza y diversidad del lenguaje, luego, al ver como sus protagonistas, sin pedir permiso, entran y salen de las historias con desparpajo para atreverse a contar sus vivencias, dejando al desnudo el régimen patriarcal y la condición de opresión de la mujer en la Colombia de mediados del siglo XX. Vendría después la lectura de Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón, su premiada obra, y creció mi admiración por los sorprendentes giros narrativos y la forma de contar en clave poética la historia crítica del país, y como desarrolla la historia del viejo Caldas, al tiempo con las peripecias de la colonización antioqueña en esa región. Albalucía es una maestra de la vida; en todo el sentido del término. Su prolífica vida y obra hablan de la libertad total, tanto para su existencia cotidiana como para acercarse a la creación, sin importarle cuales sean las directrices ni las modas del momento”.

Por Lucía Rayo / Especial para El Espectador

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