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“Uno no puede hablar de libros sin hablar de uno mismo”: Laura Camacho (Amazonas Literarias)

Desde la pandemia, Camacho se ha dedicado a construir Amazonas Literarias, una comunidad alrededor de los libros escritos por mujeres. Su objetivo: leer autoras que han sido ignoradas por la academia y, de paso, crear un lugar donde los amantes de la literatura puedan reunirse y conversar.

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Santiago Gómez Cubillos
07 de enero de 2026 - 02:00 p. m.
Este mes, el libro del club de lectura de Amazonas Literarias es “El año del pensamiento mágico”, de Joan Didion.
Este mes, el libro del club de lectura de Amazonas Literarias es “El año del pensamiento mágico”, de Joan Didion.
Foto: Karolyn y Karina Cardenas. Key&Key Studio
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¿Siempre le ha gustado leer?

Desde que tengo memoria, mis papás me leían cuentos por la noche. Me crié con Rafael Pombo, como casi todos los niños colombianos, y también leía mucho a Hans Christian Andersen, porque tenía una obsesión con “La sirenita”. Asimismo, recuerdo mucho un libro en particular que me compró mi papá, “Adivina cuánto te quiero”. Todavía lo conservo en mi biblioteca.

¿Recuerda el primer libro que quiso leer que no fuera para niños?

A los ocho años vi “Crepúsculo”, y me acuerdo perfectamente de un día que mi mamá me llevó a la Librería Nacional, y apenas entré vi una portada con la cara del actor de la película. Para mí en ese momento era un libro enorme, pero igual le rogué que me lo comprara, y lo hizo. Esa fue mi primera experiencia con un libro grande, y fue muy bonito porque me inició en la lectura.

¿Cómo siguió cultivando esa pasión por los libros hasta convertirla en parte de su trabajo?

No estudié literatura, pero hice el énfasis editorial en mi carrera de comunicación social, y creo que jamás había estado tan estimulada intelectualmente como en esas clases en particular. Salía de allá con ganas de transformar el mundo a través de los libros y con una lista de 10 títulos por leer. Además —no sé si tenga que ver con ser Géminis—, siempre he tenido una pasión por conectar con las personas y por compartir lo que me apasiona. La lectura siempre ha sido algo que me ha definido, incluso antes de Amazonas Literarias. No puedo hablar de mí sin hablar de libros, y mi carrera me ayudó a potenciar eso, porque me dio un conocimiento de la industria al igual que me ayudó a desarrollar mi criterio.

¿Cómo fue la creación de Amazonas Literarias?

Amazonas Literarias nació como un “hobby” durante la pandemia. Recuerdo que tenía una amiga del colegio con la que comenzamos a leer libros juntas y, en algún momento, le propuse que hiciéramos algo con eso. En esa época consumía mucho contenido de booktubers, sobre todo de otros países, como Estados Unidos e Inglaterra, así que empezamos con esa motivación. Luego ella y yo tomamos caminos distintos, y cuando quedé sola en el proyecto comencé a verlo ya no como un pasatiempo, sino como un proyecto de vida. De ahí nació el club de lectura, y eso lo transformó todo. Y es muy bonito pensar en esa época, porque incluso entonces Amazonas Literarias ya tenía un norte claro: conectar a través de los libros y convertir la lectura en una experiencia colectiva.

En ese sentido, ¿cree que la lectura se disfruta más en compañía que en soledad?

Es curioso porque yo siempre he visto los libros como una excusa para conectar, a pesar de que muchas veces vemos la lectura como un hábito individual y solitario. Yo no creo que tenga que ser así y siempre intento que eso que leo trascienda mi biblioteca y me trasciendan a mí misma. Ahora lo hago todo el tiempo con los clubes de lectura, conectando con mis lectoras y con mi comunidad, pero también es algo que intento aplicar fuera de ahí. No es necesario que todos estemos leyendo el mismo libro para que la lectura sea un punto de partida para conversar, unirnos y tertuliar.

Se enfoca en la literatura escrita por mujeres, ¿por qué?

Algo que me pasaba en el colegio, y que me siguió pasando cuando llegué a la universidad, es que me preguntaba: ¿dónde están las mujeres que escriben? Sabía que existían, pero en esos espacios no las veía. Años después me topé con Vanessa Rosales, una intelectual colombiana, y ella recuerdo que siempre hablaba de Marvel Moreno. Decía que todo el mundo tenía que leerla. Le hice caso, la leí y mi vida cambió para siempre. Desde ahí asumí una misión personal, también desde una perspectiva de género: darles un lugar a estas voces, porque no es que no existan escritoras que merezcan ser reconocidas, sino que no se les ha dado el espacio en ese gran canon que nos enseñan en la academia. La idea de que en Amazonas Literarias se lea literatura escrita por mujeres nació de esa curiosidad inmensa por conocerlas y, sobre todo, de una gran insatisfacción con lo que estaba viendo en el ámbito académico.

¿Cómo son las sesiones de su club de lectura?

Creo que cada club tiene su magia, pero el mío, de entrada, se rige por una frase que ya adopté como eslogan: no se puede hablar de libros sin hablar de uno mismo. Este no es un club de lectura académico, sino un espacio que busca unirnos desde nuestras diferencias y que entiende la lectura como una experiencia interseccional. Es decir, nosotros podemos leer el mismo libro, y aun así tener opiniones distintas, porque tú tienes una historia completamente diferente a la mía. Eso enriquece cada mirada y cada perspectiva, y Amazonas Literarias se trata precisamente de eso.

Muchas personas creen que leer es un “hobby” que requiere muchísimo tiempo. ¿Cuál es su rutina?

Leo más que todo en las noches, e igual intento llevar siempre un libro conmigo a todo lado. Para mí, la lectura está muy conectada con mi bienestar, así que ya es algo intrínseco en mi día a día. Sé que a veces uno termina mamado del trabajo, llega a la casa y no quiere leer nada, pero también pienso que uno tiene que soltar el celular y encontrar qué le gusta; interesarse por algo. Si hemos podido sacar el tiempo para estar viendo redes sociales cuatro horas antes de dormir, también podríamos hacerlo para desconectarnos 30 minutos y leer.

¿Qué opina de dejar un libro a la mitad?

No juzgo a la gente que lo hace. Yo lo he hecho. Es normal. Uno a veces no conecta con el libro o simplemente no es el momento de la vida para leerlo. A mí, de hecho, me pasó con “¡Que viva la música!”, de Andrés Caicedo. No lo dejé a la mitad, pero cuando lo leí por primera vez, a los 17 años, no lo aprecié del todo. Luego me fui a vivir a Bogotá, y en mi necesidad de reafirmarme como caleña lo volví a leer. Fue una experiencia completamente diferente. Me permitió ver mi ciudad con otros ojos, y desde entonces me obsesioné con ese libro. Entonces, si tú sientes que una lectura no es para ti, déjala. Puede ser que no sea su momento.

¿Qué libro se propuso leer este año?

Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Quiero volver a los clásicos. El año pasado me enfoqué de lleno en una selección vertiginosa de literatura latinoamericana contemporánea escrita por mujeres y, aunque fue increíble y uno de mis mejores años de lectura, siento que lo latinoamericano está atravesado por experiencias muy desgarradoras y por temas de violencia estructural que a veces resultan demasiado dolorosas de leer. Entonces quiero volver a conectar con la literatura inglesa, que hubo una época en la que la leía mucho, y ese lo tengo pendiente.

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Santiago Gómez Cubillos

Por Santiago Gómez Cubillos

Periodista apasionado por los libros y la música. En El Magazín Cultural se especializa en el manejo de temas sobre literatura.@SantiagoGomez98sgomez@elespectador.com
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