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Libros y naturaleza: así vive una editorial un día en la Fiesta del Libro 2026

Entre las editoriales independientes que participan este año en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín se encuentra Angosta Editores. Su equipo compartió con El Espectador cómo se vive un día de fiesta y lo que implica para ellos.

14 de septiembre de 2026 - 06:00 p. m.
Angosta Editores, editorial independiente creada en 2016, en la Fiesta del Libro y la Cultura Medellín 2026.
Foto: Archivo particular
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A las 10:00 a. m. el día apenas estaba empezando para los expositores de la vigésima Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. En el entorno del Jardín Botánico, donde están las carpas y estands de librerías y editoriales participantes, algunas personas ubicaban los libros, otras doblaban las telas para los espacios durante la noche y otros ya se encontraban en sus lugares listos para recibir el cuarto día del evento, que se extenderá hasta el 20 de septiembre.

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Mientras tanto, los pasillos se llenaban con grupos de niños en uniformes escolares que variaban entre el verde, el amarillo, el negro y el azul. Por todo el espacio se escuchaban las conversaciones animadas de los estudiantes que eran guiados por miembros del personal de la fiesta para llegar a su sesión en el jardín Lectura Viva.

Bajo el techo geométrico del Orquideorama se ubicaban los estands de varias editoriales. Cerca de uno de los caminos que llevaban a explorar el resto de lo que la fiesta tenía para ofrecer, se encontraba Angosta Editores. Entre las estructuras de metal que sostenían su estand y las mesas cubiertas con libros coloridos, la editorial independiente oriunda de Medellín atendía a quienes iban llegando.

Leidi Vásquez, estudiante de la Universidad de Antioquia que estaba trabajando con esta editorial durante el evento, salió de su casa en el barrio Belén hacia las 8:40 a. m. Su trayecto hasta el Jardín Botánico suele ser de una hora. Llegó a las 9:45. A partir de ese momento comenzó la rutina que ella, al igual que Alexandra Pareja, editora, y Natalia Jaramillo, asistente editorial, han seguido durante los días que dura la fiesta. Quince minutos más tarde las puertas abrieron oficialmente al público. Para ese momento el equipo de Angosta Editores ya había hecho un aseo general del estand y organizado los libros para el público. Según contó la editora, después de organizar el muestrario hacen un registro de las ventas del día anterior para enviar el dato a la organización de la Fiesta del Libro.

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Los lunes, martes y miércoles son días tranquilos para esta editorial. A la mesa en la que se encuentran libros de Héctor Abad Faciolince, José Ardila, Juan José Ferro Hoyos, entre otros, se acercaban algunos curiosos. Dos niños con uniformes escolares se aproximaron a Vásquez y preguntaron si vendían el libro “Padre rico, padre pobre”; más tarde, un hombre de gorra azul preguntó por la Biblia. Como estos asistentes a la fiesta, otros se habían acercado a Angosta buscando títulos que esta editorial no manejaba. Sin embargo, Vásquez contó que algunos de los títulos más buscados hasta hoy habían sido “Esta herida llena de peces”, de Lorena Salazar Masso, y “Cómo maté a mi padre”, de Sara Jaramillo Klinkert.

El calor y el clima eran los retos más difíciles de enfrentar: proteger el inventario en caso de lluvias y hacer frente a la sensación de altas temperaturas. Y aunque estar entre árboles y naturaleza era un detalle apreciado, Vásquez habló de lo curioso que era compartir el espacio con animales, como las hormigas que se paseaban entre los libros o las ardillas cuyos pasos se sentían en el techo.

Tanto Pareja como Vásquez contaron que durante los primeros días de la fiesta se habían encontrado con lectores conocedores del trabajo de la editorial, visitantes asiduos de la fiesta, algunos autores y sorpresas como actores que pasaban por el estand. “Llega gente que es muy fanática de Angosta y dice que todos los años se llevan algo y quieren algo nuevo, o que están atrasados en la colección ‘Ópera Prima’ y que quieren comprar la novedad”, contó Vásquez.

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El equipo de Angosta pasa en la fiesta cerca de 12 horas. Durante el día comparten recomendaciones a los visitantes y atienden clientes. “Los perfiles de las personas que se acercan son muy variados. Por ejemplo, los fines de semana vienen más familias o parejas o gente que está dando como la vuelta a la fiesta. Estos primeros días de la semana, lunes, martes, miércoles, asisten grupos de colegio, que no son nuestro público porque nosotros no tenemos cosas infantiles y juveniles, pero a veces nos llevamos sorpresas”, afirmó Pareja.

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También reciben visitantes extranjeros que, sorpresivamente para Vásquez, han llegado hablando español y otras personas que son compradores para bibliotecas en países como Estados Unidos.

Otro gran obstáculo ha sido la red de internet para los pagos, puesto que hay momentos en los que los datáfonos no han funcionado y las aplicaciones o métodos de pago digitales no han respondido como deberían.

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Con cada hora que pasa se acerca el cierre de un día más. Hacia las 8:50 p. m. comienza el cese de actividades, aunque uno que otro comprador que estaba en una charla u otra actividad puede que termine siendo la última venta del día. Para finalizar la jornada tienden a recoger el inventario, guardarlo todo de manera segura y cubrir la parte frontal con una tela negra.

Más allá del día a día

La editora de Angosta contó que este es su octavo año asistiendo a la Fiesta del Libro. Casi una década de participación les ha dejado varios aprendizajes. “En las primeras ferias no sabíamos cuántos libros llevar y nos íbamos con muchísimos ejemplares. Después nos dimos cuenta de que un estand es de todas maneras un espacio muy efímero y puede haber riesgos con tanto inventario. Ahora sabemos que ese no es el camino. Llevamos aproximadamente la misma cantidad que vendimos el año pasado, y si necesitamos más los traemos desde la oficina”, afirmó.

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Para 2026 llegaron con aproximadamente 400 libros en inventario. La inversión para estar presentes en este evento no se limita únicamente a la cantidad de mercancía que traen. Pareja relató que deben pensar en el estand, por el que pagan aproximadamente COP 3,8 millones, la persona que los ayudará durante la fiesta y otras consideraciones como comida, transporte y la caja para pagos en efectivo. Sin embargo, aseguró que este espacio es una especie de zona de confort para Angosta, puesto que, a diferencia de la Filbo, no deben pagar hoteles o transporte aéreo. “Aquí jugamos de locales, la gente nos conoce más, y eso lo hace más especial. Este es nuestro mejor momento”, dijo.

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La editora afirmó, además, que el riesgo más grande que enfrentan es ambiental, puesto que puede suceder que en la noche caiga un árbol o que la lluvia cause estragos.

Uno de los momentos que probablemente queden en la memoria del equipo de Angosta sucedió el sábado 12 de septiembre en la noche, cuando el Jardín Botánico y el sector en el que se encuentra sufrieron un apagón que dejó a oscuras a la Fiesta del Libro y a las personas en su interior valiéndose de las linternas de los celulares para esclarecer la situación. “Fue algo sorpresivo. Todo el mundo gritó, y a los cinco minutos que volvió la luz la gente aplaudió. Creo que quedamos un poco asustados por el terremoto, pero la gente no se fue del estand”, contó.

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Lo que más disfruta Pareja de la fiesta son las realidades que se ven en el evento. Su carácter gratuito y la libertad que, según la editora, caracterizan este acto se han convertido en factores que para ella pesan mucho más que el calor que soportan o las largas horas de trabajo y preparación.

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Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura. Andreajc1406 ajaramillo@elespectador.com
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