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La escritora canadiense Margaret Atwood advirtió este lunes sobre el aumento de la censura en países como Estados Unidos, considerado “un faro de libertad” durante la Guerra Fría, y aseguró que nunca en la era moderna se habían prohibido tantos libros como ahora en las bibliotecas y escuelas de ese país.
Atwood se manifestó así en su discurso tras ser investida doctora ‘honoris causa’ por la Universidad de Granada (sur de España), un acto en el que criticó que algunos partidos políticos reivindiquen la libertad de expresión cuando se encuentran en la oposición, pero, una vez alcanzado el poder, promuevan restricciones y ejerzan presión sobre los medios de comunicación.
La autora de novelas como ‘El cuento de la criada’ afirmó que los profesores de humanidades están “sitiados” en las universidades norteamericanas, donde sus materias están siendo tachadas como “no esenciales” en una época caracterizada por el rápido cambio tecnológico y la innovación científica.
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La escritora, que defendió el papel de las humanidades, subrayó que es precisamente esta área del conocimiento la que enseña a las personas a pensar, a crear y a comprender a los demás, especialmente “a quienes son diferentes a uno mismo”.
Sostuvo que es fundamental que los individuos conserven la capacidad de cuestionar sus propias certezas: “Una sociedad que ya no puede pensar con claridad y que ya no puede cuestionar sus propias suposiciones se dirige hacia el precipicio”, dijo.
La también autora de ‘Los testamentos’ recordó que el régimen retratado por George Orwell en su novela ’1984′ persigue consolidar su poder eliminando del lenguaje cualquier palabra que permita a la gente pensar y tener una opinión crítica.
En esa línea, se preguntó si la inteligencia artificial desempeñará un papel similar a esa “policía del pensamiento” de Orwell: “¿Será capaz la IA de lograrlo? Averigüémoslo”, afirmó.
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Atwood enmarcó esta situación de las humanidades y el pensamiento en un contexto internacional que definió como una “tormenta perfecta” de crisis simultáneas, como la económica, las guerras de Ucrania, Gaza e Irán, y la degradación del medioambiente.
En este sentido, compartió su preocupación por la extinción de especies, el deterioro de los ecosistemas y la destrucción de hábitats animales, vegetales y humanos: “Necesitamos oxígeno para respirar, y si destruimos la vida de los océanos, se acabará”, subrayó.
A estos desafíos añadió las dificultades económicas, como el aumento de los precios y la pérdida de empleos, además del endeudamiento público y el riesgo de hambrunas, factores que, como recordó, precedieron históricamente a episodios de gran inestabilidad como la Revolución Francesa.
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