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Medellín, Capital Mundial del Libro 2027: un recorrido por su ecosistema literario

A partir del reconocimiento que recibió la ciudad por parte de la Unesco, hablamos con el secretario de Cultura, Santiago Silva Jaramillo, y con otros agentes del sector del libro, sobre las implicaciones de esta declaratoria.

Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez

18 de marzo de 2026 - 07:00 p. m.
Exlibris, una de las 113 librerías que existen actualmente en Medellín, de acuerdo con la Alcaldía.
Foto: Exlibris
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En los últimos años Medellín se ha convertido en un refugio en el que libreros, editores, escritores y lectores han logrado tejer comunidad alrededor de la lectura. Este trabajo colectivo se vio reflejado el pasado 14 de marzo, cuando la Unesco anunció la designación de Medellín como Capital Mundial del Libro para 2027. El reconocimiento es el resultado de un trabajo articulado entre la Alcaldía de Medellín, la Secretaría de Cultura Ciudadana y la Biblioteca Pública Piloto, junto con otros agentes del sector del libro.

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A partir de este hito, El Espectador conversó con Santiago Silva Jaramillo, secretario de Cultura Ciudadana de Medellín, así como con libreros y autores, quienes trazaron un recorrido por el ecosistema del libro en la ciudad, con el fin de dimensionar el alcance de esta distinción para el sector.

Silva Jaramillo comentó que el proceso de postulación empezó a gestionarse hace año y medio, y que a partir del diálogo institucional con otros agentes del sector se logró elaborar la propuesta de postulación, la cual incluía un recorrido histórico por la ciudad en el fortalecimiento de la lectura, así como acciones estratégicas enfocadas en el acceso temprano a la lectura, la articulación del sistema de bibliotecas, el fomento de la comprensión lectora, el fortalecimiento de la cadena del libro y la promoción de la creación literaria.

El secretario declaró que estas acciones estaban planificadas para ejecutarse, independientemente de si la ciudad era seleccionada o no. Con el reconocimiento, este plan tendrá acompañamiento por parte de la Unesco, principalmente con recursos humanos e institucionales, pero los económicos serán financiados por la Alcaldía y por la red de aliados y organizaciones que se han vinculado al proceso.

“En la ciudad estamos muy felices. Muchas de las organizaciones que participaron en la formulación de la propuesta, y que además han trabajado durante años para que esto fuera posible, ven este reconocimiento como un logro colectivo. Hay una gran satisfacción: se percibe como un reconocimiento merecido al trabajo sostenido de muchas personas y entidades a lo largo del tiempo”, declaró Silva Jaramillo.

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Este trabajo por la lectura se ha convertido, para muchos, en una forma de reconstruir el tejido comunitario que había sido afectado por el conflicto y la violencia. Como expresó Juan Diego Mejía, escritor y gestor cultural: “Medellín tuvo una época muy oscura hasta finales del siglo pasado. Con la llegada de los años 2000 surgió un deseo de volver a habitar el espacio público, de recuperar la confianza en la ciudad y de hacer actividades en la calle sin miedo”.

Esta percepción es compartida por el novelista y profesor de literatura Pablo Montoya. Aunque para él no hay que olvidar otros problemas que siguen aquejando a Medellín, como la desigualdad o las desapariciones forzadas, este reconocimiento se convierte en una oportunidad de mostrar otra faceta de la ciudad y de seguir impulsando, a través de la literatura, la atención a estas problemáticas. Además, calificó a Medellín como “un entorno que favorece la construcción de imaginarios literarios y el debate en la literatura contemporánea de la región”.

Representantes del sector librero también expresaron su alegría. El reconocimiento fue calificado como una “fortaleza” para la lectura en Medellín, de acuerdo con Gloria Melo, de Al Pie de la Letra, una de las librerías independientes más antiguas de la ciudad. Al ser un tejido en expansión, los libreros identificaron tanto los retos como los avances y los agentes que forman parte del ecosistema en la ciudad.

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Uno de los puntos claves fue la importancia de las bibliotecas en la ciudad. “A las bibliotecas tradicionales se han sumado bibliotecas populares, surgidas de iniciativas comunitarias en los barrios, donde los vecinos reunían libros y habilitaban espacios en sus casas”, explicó Mejía. Daniela Gómez, socia de la librería La Pascasia, añadió que “las bibliotecas han sido espacios de resistencia desde hace muchos años, incluso antes de contar con políticas de apoyo”.

En la progresiva articulación institucional de las bibliotecas, algunas cajas de compensación, como Comfama, han adquirido un rol notable en el fomento y la construcción de estos espacios de encuentro para la lectura. De igual forma, Gloria Melo destacó que estas entidades han contribuido al crecimiento de las librerías de la ciudad, a través del apoyo en la compra de libros y el desarrollo de actividades conjuntas. También se identificaron otros agentes, como el metro de Medellín y recintos educativos como la Universidad Eafit o la Universidad de Antioquia, la cual fue la primera en implementar un doctorado en literatura en Colombia, de acuerdo con Montoya.

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Además, se destacó el trabajo de las editoriales independientes de Medellín, Sílaba, Angosta Editores y Tragaluz, que cerró sus puertas el año pasado. De igual manera, Patricia Melo, de Exlibris, mencionó que la lectura en Medellín se impulsó con la conformación del equipo de eventos del libro, que han logrado configurar espacios destacados como la Fiesta del Libro y la Cultura y la Parada Juvenil, que se realizan desde hace 20 años. Otros eventos importantes son los Días del Libro, que tienen lugar en el barrio Carlos E. Restrepo y el Festival del Libro Infantil, que tuvo su segunda edición este año.

Los libreros repararon en la importancia de estos eventos con acceso gratuito al público, aunque Patricia Melo agregó que la participación para las librerías podía ser costosa y que espera que el siguiente año, debido al reconocimiento, no exista este cobro. “Aun así, siguen siendo escenarios que brindan visibilidad y apoyo”, declaró. También explicó que la conformación de estos eventos suele cambiar dependiendo de la administración, y que espera que para 2027 “se pueda consolidar como un equipo estable”.

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Dentro del gremio han surgido otros espacios de encuentro, como los propuestos por Rodnei Casares, de la Librería Ítaca, en alianza con otros proyectos como La Pascasia, con quien han desarrollado la Noche de librerías o la Escuela de Libreros para Antioquia, un proyecto gestionado el año pasado junto a Lee mi alma, una iniciativa de promoción de lectura en redes, y Comfama.

La percepción de que Medellín es una ciudad lectora parece respaldarse en cifras otorgadas por la Alcaldía, como el hecho de que desde 2007 el número de librerías ha aumentado de 30 a 113, así como que el número de visitantes y participantes en programas de las bibliotecas públicas fue de 4,7 millones de personas en 2025. Asimismo, la Cámara Colombiana del Libro indicó en un estudio de 2023 que Medellín contaba con el índice más alto de personas que leían por placer en el país.

Sin embargo, para Gómez estas estadísticas no siempre se ven expresadas en la compra de libros. “Medellín presenta un panorama interesante: aunque existen políticas públicas fuertes para promover la lectura y la escritura, estas no siempre se traducen en el comportamiento del mercado”, manifestó.

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Para Mejía, deberían realizarse otros estudios adicionales con un enfoque riguroso en este territorio. “Más que afirmar categóricamente que Medellín es una ciudad lectora, el reto es entender con precisión qué tan lectora es, cómo pueden mejorar esos niveles y cómo contagiar a más personas el gusto por la lectura”.

Existen otras problemáticas en el ecosistema, como la competencia digital con plataformas grandes y la falta de una ley de precio único para los libros, así como la centralización de ciertos gremios del sector en Bogotá. No obstante, tanto libreros como autores reconocieron la articulación que existe entre las instituciones y los agentes del libro que los ha llevado a constituirse como Capital Mundial del Libro para 2027.

Por Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez

Comunicadora social y profesional de Estudios Literarios de último semestre de la Pontificia Universidad Javeriana. Apasionada por la gestión cultural, el sector editorial y la literatura latinoamericana.mchiliquinga@elespectador.com
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