Almeida (Lisboa, 1934) dedicó a las artes más de medio siglo de trabajo que dio lugar a una obra polifacética, sobre todo en el área de la fotografía, aunque también contaba con formación en pintura.
Precisamente entre pinceles comenzó su trayectoria, buscando los límites de la tela y el color, para después centrarse en las instantáneas, donde concibió sus piezas más icónicas: sus autorretratos en blanco y negro que pretendían cuestionar la representación del cuerpo femenino.
La confluencia de lenguajes, diseño y "performance" que logró a través del objetivo hizo de ella una de las referencias ineludibles del arte plástico del siglo XX.
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Algunas de sus mayores exhibiciones son de este periodo, como cuando se convirtió en representante de Portugal en la Bienal de Venecia de 1982, y de São Paulo en 1979, tarea que volvió a asumir tras el cambio de milenio en 2005, de nuevo en otra Bienal de Venecia, y en 2004 en la de Sydney.
Además, expuso en galerías de París, Londres, Madrid o Nueva York.
"Ando en círculo; los círculos vuelven. El trabajo nunca está completo, tiene que volver a hacerse. Lo que me interesa es siempre lo mismo: el espacio, la casa, el techo, el suelo; después, el espacio físico de la tela, pero lo que yo quiero es tratar las emociones. Son maneras de contar una historia", afirmó en una entrevista reciente.
Aunque su actividad mantuvo siempre un nivel constante, el interés por su obra fue incrementándose paulatinamente durante los últimos quince años, en los que se sucedieron las muestras sobre su obra.
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La semana pasada, Almeida inauguró la exposición "Dentro de mim" en la galería Helga de Alvear, en Madrid.
Además, está en este momento abierta al público otra muestra suya en la Tate Modern de Londres, donde pueden verse su famosa serie "Tela Habitada e Desenho (com Pigmento)".