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Antonio Samudio: la exploración del grabado y la pintura entre el humor y lo social

El artista bogotano falleció el pasado 14 de febrero. Su obra, entre pintura y grabado, marcó el arte colombiano con humor, erotismo e influencia de Alberto Durero y los moáis.

Andrea Jaramillo Caro

16 de febrero de 2026 - 01:41 p. m.
Antonio Samudio nació en Bogotá y, a finales del siglo XX, pasó una temporada en Mérida, Venezuela.
Foto: Tomada de redes sociales - Instagram @antoniosamudioartista
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Para Antonio Samudio pintar era como volar. Afirmó hace unos años que, de no haber dedicado su vida al arte, le habría gustado ser aviador. Sin embargo, aseguró que la pintura era una forma de surcar los aires “sin motor alguno”. El artista y grabador colombiano, quien falleció el pasado 14 de febrero a la edad de 93 años, dejó, con su obra de pequeño y gran formato, una huella en el arte colombiano.

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Nacido en 1932, Samudio encontró en la pintura, los colores y las líneas una forma de expresión. Su taller estaba divido entre el espacio que dedicaba los óleos y otro a los grabados. Solía decir que simplemente nació su deseo de pintar y así empezó a crear, algo que nunca dejó de hacer.

Se formó en pintura y dibujo en Buenos Aires, entre 1956 y 1957. Luego, a su regreso a Colombia, estudió Bellas Artes en la Universidad Nacional, entre 1958 y 1952. Allí descubrió la que se convertiría en su segunda pasión: el grabado. En 2023, le contó a El Tiempo que ese gusto por la técnica del grabado comenzó en la Facultad de Artes Plásticas, “recibiendo la enseñanza de los buenos profesores, había que trabajar el linóleo, la madera y otras técnicas. Pero mi afición por el buril empieza realmente con Durero, que me llevó a profundizar y experimentar en algo que es muy dispendioso y enriquecedor, de ahí que sigo encantado trabajándolo”.

Alberto Durero fue una de sus grandes influencias, de la misma manera que admiró a Fernando Botero, Alejandro Obregón, Carlos Rojas, Leonel Góngora, entre otros. Sin embargo, la técnica de Durero con el buril le abrió las puertas a explorar a blanco y negro una nueva forma de expresarse.

“Básicamente lo de él es el óleo, pero a lo largo de los años encontró en el grabado otra forma de expresión; para él es un juego divertido y espontáneo donde logra sentir la vida y sentirse a gusto; fue encontrando en éste una forma de hablar del entorno social, una forma de expresarse y quizás quejarse de lo que le duele. Mi padre ha hecho varios libros de artista, comenzó con ‘el libraco de grabados’, de ahí su enamoramiento por el grabado, sin dejar la pintura, pues nunca ha dejado la pintura”, dijo Patricia Samudio, su hija a Art Nexus en 2015.

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Samudio encontró, además, en los moáis de la Isla de Pascua una fuente amplia de inspiración decía que de ahí nació su estilo. En vida, su obra pasó por Colombia, España, Venezuela, Argentina, Perú, Estados Unidos, entre otros destinos. De acuerdo con Luis Guillermo Moreno, de LGM Galería, que lo representó desde 2022, la obra de Samudio es fácilmente reconocible. “Aunque tiene una carga social y política importante, es graciosa. Pintaba unos personajes muy propios de él, los cuales están llenos de vida y humor”, aseguró el galerista.

Entre las temáticas que abordó Samudio en su obra se encuentra la mujer y el cuerpo femenino. Moreno contó que, al retratar mujeres, siempre lo hizo desde un lugar de respeto. Según dijo el artista a El Tiempo, este interés partió de “la admiración por el ser más importante del mundo. Y porque el atuendo de la mujer es muy plástico, ellas están llenas de color, la mujer es un ser exquisitamente lleno de formas en su vestuario y en su color”. De acuerdo con el galerista, Samudio se enfocaba en ver a la mujer “como ser humano, ama de casa, madre, trabajadora, como un ser cuestionado y señalado, entre” otras esferas que engloban a las mujeres”.

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Sin embargo, su obra también se veía atravesada por el humor, el cual Moreno describió como “sarcástico”. Parte de la obra de Samudio estuvo también ligada al erotismo, y, en ese sentido, sus pinturas fueron vistas con un balance entre ambos conceptos. Al preguntarle por esto, el artista aseguró a El Tiempo: “es el enfrentamiento a la vida y gracias a la imaginación y al humor que hay que asumir para sobrellevar la existencia, puede ser una necedad del espíritu plástico que llevamos los pintores”.

Samudio decía que en la mañana pintaba y en la tarde grababa y, según Moreno, su rutina se mantuvo firme hasta que su cuerpo lo permitió. Su obra fue un ejemplo de una máxima que practicó en vida y que, según Moreno, se trataba de “mantenerse firme y certero”. “En ocasiones era reiterativo en decirme que hay que ser siempre fiel a las creencias. Por eso es por lo que, en su obra, uno puede notar que desde el primer momento y hasta el último su obra se parece, pero no es la misma”.

Juan Manuel Roca fue uno de sus amigos más cercanos y sobre él y su obra escribió en 2016 que Samudio “constata el absurdo, funda lo que no es, juega a las mutaciones, adopta máscaras, convoca el imposible, vulnera el principio de realidad, descubre la belleza del afuera y de adentro, más allá de los linderos del yo. Allí donde nosotros y los otros somos invitados a conocer al desconocido y a visitar una orgía de espacios, de formas que también se desconocían hasta verse atrapadas por la imaginación del pintor”.

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Uno de los recuerdos que Moreno conserva del tiempo que compartió con Samudio, involucra uno de sus cumpleaños, el primero al que el galerista asistió. Contó que al no saber qué regalarle a Samudio, acudió a una de sus hijas quien le dijo que a su padre le gustaba tomarse “una copita de whiskey” y que el Johnny Walker sello negro era su favorito.

Antonio Samudio marcó el arte colombiano a punta de líneas, colores, personajes y grabados. Su paleta de color tan propia lo destacó entre sus colegas, sin embargo, para Moreno, fueron los personajes que creaba en medio de un entorno que viraba hacia la abstracción y la geometría lo que hizo que su obra fuera reconocida.

Más allá de su aporte al arte colombiano, Samudio será recordado por la vitalidad con la que vivió hasta el final. El silencio absoluto no predominaba en su vida, pues Moreno lo describió como un gran conversador. Ahora, tras su muerte, el legado y la obra de Antonio Samudio continuará como embajadoras de su nombre y, de acuerdo con el galerista, el plan es seguir enalteciendo al hombre que, con sus figuras, humor y técnicas, se inscribió en la historia del arte colombiano.

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Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura.@Andreajc1406ajaramillo@elespectador.com
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