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Natalia Reyes: “Si hay algo que transforma a una sociedad es el acceso al arte”

En la segunda entrega de esta entrevista, la actriz habló sobre la presión de las redes sociales, sus posiciones políticas y lo que considera es la razón por la que hay que seguir haciendo y viendo películas.

Laura Camila Arévalo Domínguez

22 de abril de 2026 - 12:00 p. m.
Natalia Reyes, actriz colombiana hablando en el Festival de Cine de Cartagena.
Foto: Natalia Reyes
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Esta es la segunda parte de la entrevista que se le hizo a la actriz Natalia Reyes en el marco de la última edición del Festival Internacional de Cine de Cartagena. Para leer la primera parte, puede hacer click aquí.

Muchas personas, además de trabajar en sus proyectos o negocios, ven la necesidad de mostrar todo eso en redes sociales. ¿Cómo maneja ese tema entre sus responsabilidades?

Con este nuevo mundo, es verdaderamente difícil enfocarse, estar presente, y mi conflicto pasional siempre es: hago redes o vivo. Porque hacer redes es un trabajo y hay gente que vive de eso, lo cual está muy bien, pero no se puede perder de vista que es un trabajo. Y a mí no me da la vida para todo: las redes, la familia, las películas… no me alcanza.

Entonces intento malabarear, porque sí hay que tener una presencia digital. Hoy en día la gente ya ni te pide el teléfono, sino el Instagram o TikTok. Tiene cosas buenas, como la comunidad, el contacto, pero también hay una exigencia a publicar lo privado. Cada vez soy más consciente de eso: está bien si uno quiere compartir, pero no que se lo exijan.

Por eso cada vez disfruto más los espacios que te obligan a no tener el celular. Porque nos tienen que obligar, estamos totalmente adictos a los aparatos. Antes los aviones eran ese lugar, ahora hasta tienen Wi-Fi. Entonces el teatro, el cine, esos espacios donde tienes que soltar el celular, me encantan. Y las redes creo que son un tema que me confronta constantemente.

A lo largo de su carrera, y teniendo en cuenta su participación en producciones tan grandes como “Terminator”, usted ha cargado con la responsabilidad de representar a un país e incluso de abrir camino para que otros hagan cosas similares. ¿Ha tenido momentos en los que se ha dado cuenta de lo lejos que ha llegado y que puede que ni siquiera esa sea la cima?

Yo siento que eso que dices es la representación, y por eso importa tanto. En el mundo uno ve una inmensa diversidad de acentos, de personas, de colores, de razas, y eso debería de verse también en la pantalla, aunque todavía existan estereotipos. Por ejemplo, ver a una mujer negra siendo protagonista de una historia hace que otras crean que también pueden ser dueñas de esas historias.

Esa responsabilidad la sentí con “Terminator”. Y bueno, ahí también tenía momentos en los que fingía normalidad, pero por dentro no lo podía creer. Me acuerdo de un día en Budapest, paramos de grabar un momento, fui a un cuarto a descansar, me acosté y cuando abrí los ojos estaba Arnold al lado, acostado, como roncando. Y yo pensaba: “¿Qué está pasando? Estoy durmiendo con Arnold Schwarzenegger”. Era surreal.

Es algo que todavía me pasa y creo que es bonito poder seguir sorprendiéndose, agradeciendo, pero sin caer en esa necesidad de que todo tenga que ser más grande, mejor, más. Más bien que es como decir: esto sigue, vienen más cosas.

“Aún es de noche en Caracas” es una película con una carga de realidad muy dura. En ese sentido, ¿qué diría que ha logrado en usted el cine con respecto a la necesidad de tomar una posición política sobre algunos de los problemas del mundo?

Yo creo que todo es político, todo acto es una posición política. No necesariamente de partidos o de banderas o de religiones, ni algo ciego que no admite crítica, pero sí siento que en mi caso ha sido un poco inevitable. A veces me gustaría poder evitarlo, pero no puedo.

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Hay temas frente a los que siento que no me puedo quedar callada, que quiero expresar una posición. Pero no creo que nadie esté obligado a hacerlo. Hoy en día también hay una presión, sobre todo con las redes, a opinar de todo y con eso no estoy de acuerdo. Pero, en mi caso no ha podido ser de otra manera. Eso sí, mi línea siempre ha sido que no soy creyente ciega de la izquierda o de la derecha.

Cuando miro hacia atrás, veo que hay una posición en las historias que elijo contar. Por ejemplo, el año pasado estuve con dos películas en festivales: “Aún es de noche en Caracas” y “Noviembre”. Para quienes no la han visto, “Noviembre”, que está en Amazon Prime, habla sobre la toma del Palacio de Justicia y es una película que me hace sentir muy orgullosa porque nace de la necesidad de contar esa historia.

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Ahora, “Aún es de noche en Caracas” parte de un episodio real muy específico, pero que tiene que ver con algo que sigue pasando en Venezuela: la represión del Estado a las protestas estudiantiles. Es la historia de una mujer que sobrevive y tiene que abandonarlo todo para poder seguir viviendo.

Entonces era muy curioso, porque de repente estas dos películas me ponían en los dos lados del espectro. O me tildaban de guerrillera o de imperialista y yo decía: “¿En qué momento?”. Primero era Petro y luego María Corina Machado. ¿Por qué vivimos en este sistema tan dicotómico, en el que todo tiene que ser tan blanco o negro? ¿Por qué ese impulso de juzgar y encasillar?

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Siento que el mundo está muy polarizado y las películas que hago hablan de lo que me importa, de lo que me incomoda. Podría hacer cosas más ligeras, como una comedia romántica, y me encantaría también, pero no puedo.

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Recuerdo que hace unos años yo estaba cubriendo el FICCI y justo me quedé encerrada en un baño. Me tocó gritar para que me ayudaran y la que me sacó de ahí fuiste tú. Y me acuerdo también que apenas salimos había algarabía porque alguien al parecer había gritado un insulto racista y tú, que estabas con tu bebé, le dijiste “esa persona debería verse una película”. Entonces, hablemos de eso: ¿por qué le hubiera sugerido ver una película a esa persona?

Mira, yo, por ejemplo, intento no ver noticias. Siempre digo: “Si me tengo que enterar realmente, me voy a enterar”. Y normalmente así es, pero me cuesta ver noticias todo el tiempo porque me llega una energía como muy negativa y desesperanzadora. Mientras que, en el cine, para mí eso no es un problema, porque me parece que tiene un poder distinto.

A veces con las noticias pasa que las vemos y pasamos de largo, seguimos con otra cosa. Pero cuando te sientas en un cine y hay un personaje con el que te conectas, y lo sufres y lo vives, la humanidad te permea. El cine tiene un poder muy grande de humanizar y por eso es tan interesante. A mí me gustan las historias que no son blanco o negro, sino que tocan todos los grises. No todo tiene que ser el policía malo y la monja buena. La monja también puede ser un poquito mala y el policía también puede ser bueno. Y empiezas a encontrar los matices en la humanidad, porque así es.

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Ese señor ojalá pudiera ver una película no solo porque no hay nada más rico en esta vida, sino porque es profundamente humanizante: nos hace reír, nos hace sentir. El cine es un ejercicio de empatía. Esa silla se vuelve un vehículo para ponerte en la vida de otra persona. Y ese es un poder que pocas cosas tienen, y lo tiene el arte, esa sensibilidad.

Y por eso creo tan firmemente que, si hay algo que transforma a una sociedad —leyes públicas, salud, educación, por supuesto—, también es el acceso al arte.

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Como presidenta de la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas —la Academia de Cine—. ¿Cómo diría que está el cine en Colombia en este momento? Sabemos que se producen muchas películas al año, pero angustia que duren tan poco en salas. ¿Cuál es su balance?

Podríamos hacer un conversatorio entero sobre los problemas de distribución del cine colombiano, pero básicamente diría esto: Cuando yo nací se hacían una o dos películas al año, y hoy en día, después de la Ley de Cine y todo lo que ha pasado en Colombia, se hacen más de 60 películas al año. Más de 60. Y entonces yo pregunto: ¿cuántas películas colombianas se han visto ustedes este año?

Ahí empiezan los grandes problemas: ¿dónde se ven? ¿Cuánto duran en cartelera? No hay cuota de pantalla, no hay un mínimo en salas, pero sí hay una voracidad de títulos. Obviamente Hollywood llega con una máquina de marketing gigantesca que aplasta a las películas que tienen mucho menos presupuesto para promoción.

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Entonces estamos en un momento maravilloso del cine colombiano, porque ya no estamos solo en dos géneros como antes —las comedias populares o el cine de festivales que nadie entendía—. Ahora hay de todo: terror, musicales, propuestas arriesgadas, diversas y cine independiente que conecta con el público como “Un poeta”. Es un gran momento creativo.

Pero hay un cortocircuito: no llega al público. Y no llega por muchos factores: distribución, falta de marketing, exhibición. Entonces pasa eso: una película colombiana puede estar un día en salas, mientras una superproducción está meses. Y si no la viste ese día, se fue.

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Entonces es como: tenemos un gran festival en Cartagena, un gran festival de teatro en Bogotá, y un cine maravilloso que tenemos que empezar a ver. Avatar 8 va a estar meses en sala, pero la película colombiana va a estar un día, entonces denle la oportunidad, seguramente se van a sorprender.

¿Qué le diría a alguien que quiere ser artista y la ve como referente?

Estamos en un mundo muy cambiante, muy complejo, que exige adaptarse rápido. Pero eso también puede ser una ventaja. Hoy puedes grabar con un celular, no tienes que hipotecar la casa, el carro, el perro para hacer un corto.

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Entonces mi consejo es: háganlo. Háganlo, háganlo, háganlo. Yo fui la actriz de todos los cortometrajes de la universidad, y esos cortos ni existen ni están en YouTube, pero qué delicia ese momento de curiosidad, de aprender haciendo.

Actúen, escriban, hagan teatro, júntense con amigos, creen comunidad de verdad. Este mundo ya no permite la pasividad de “a ver si me llaman”. No. Hoy hay que producir y crear esas oportunidades.

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Por Laura Camila Arévalo Domínguez

Periodista en el Magazín Cultural de El Espectador desde 2018 y editora de la sección desde 2023. Autora de "El refugio de los tocados", el pódcast de literatura de este periódico.@lauracamilaadlarevalo@elespectador.com
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