Hay mucho de emoción y de curiosidad cuando uno se permite naufragar en las historias de “Navegaciones y viajes fieros. Artistas e intelectuales que visitan Colombia en el siglo XX”, el nuevo libro de Juan Camilo Rincón y Natalia Consuegra. Aunque hay relatos más conocidos que otros, volver a los que se conocen y descubrir unos nuevos nos hace comprender la importancia de esta obra que no solo nos infla el pecho de una especie de orgullo, sino que nos enseña la importancia de este tipo de investigaciones para las memorias de nuestro país, pero especialmente de nuestra cultura.
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“Estamos convencidos de que la historia cultural siempre puede seguir contándose; está en permanente construcción. Queremos que este libro contribuya a esa narración sobre lo que, al final, configura nuestra identidad, rescatando esos momentos en los que Nicolás Guillén, poeta magnífico venido de Cuba, se maravilló viendo el río Magdalena y quiso poner en sus versos al boga, figura pocas veces retratada; reviviendo la historia del pintor alemán Guillermo Wiedemann, que admiró Buenaventura y retrató los ríos, las altiplanicies y el bullicio de los mercados; riéndonos al imaginar al escritor francés André Maurois deleitándose con los amasijos y las obleas: ‘Esta dulce imagen / donde mi corazón disfruta. (…) / Aquellos panes de yuca / ¿un sueño?, ¿una ficción?’. ¡Es sensacional!”, contó Natalia Consuegra, coautora del libro, en entrevista para este diario.
En cerca de 300 páginas, Rincón y Consuegra hacen un recorrido que empieza en las décadas de 1920 y 1930, y que termina en los años 90. Dividido en seis capítulos, la narración de la historia cultural del territorio nacional da cuenta de cómo cada acercamiento y cada relación de artistas e intelectuales con el país se relacionan con distintas tendencias y necesidades que fueron abriendo caminos y situando a Colombia como uno de los destinos más importantes y llamativos para pintores, escritores, cantantes y demás personajes de las artes y la cultura.
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“El factor común de estas historias son los viajes —la mayoría, físicos; unos pocos, mentales— que tantos artistas e intelectuales hicieron a Colombia. Aunque prácticamente todos los que vinieron llegaron en avión, la metáfora náutica nos pareció la más adecuada para pensar en eso, precisamente: el navegar entre territorios, recorrer los espacios geográficos pero también afectivos, en un mar de paisajes que parece infinito, que nunca se puede abarcar del todo”, afirmó Juan Camilo Rincón.
Sobre esto, Consuegra complementó diciendo: “Y bueno, Rafael Alberti nos dio una pista muy bella, de la que nos apropiamos: “Viento contra viento. / Yo, torre sin mando, en medio. (…) / Gentío de mar y tierra, / nombres, preguntas, recuerdos, / frente a frente”. De hecho, su Marinero en tierra también es una idea muy linda de ese navegar que siempre termina con los pies en alguna tierra, propia o extranjera".
Autores y artistas de la talla de Gabriela Mistral, Carlos Gardel, Guillermo Wiedemann, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa, Eduardo Galeano, entre otros, aparecen en estas navegaciones que invitan a seguir descubriendo la profundidad de la relación de Colombia con la cultura de América Latina y el mundo.
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Una de las conclusiones del libro tiene que ver con la importancia de los medios culturales y su papel en la difusión de las artes. Al respecto, Rincón habló, por ejemplo, de la Revista Mito y de la HJCK: “Mito (la revista y el sello editorial) fue esencial para la historia cultural de este país. Ellos fueron visionarios en la necesidad de contar otros relatos, de lanzar otras miradas y perspectivas de la cultura, la literatura, el pensamiento, el arte. De la mano de ellos pudimos leer y conocer a pensadores y artistas de otras latitudes cuya obra no siempre llegaba a Colombia o era difícil de conocer. En sus portadas vimos a pintores como Enrique Grau, Alejandro Obregón, Cecilia Porras… E insisto con la HJCK porque nos puso a escuchar, de su propia voz, a todos estos autores maravillosos. Es esencial que estas iniciativas se sostengan”.
Por su parte, Consuegra destacó la importancia de El Magazín Dominical de El Espectador y de Cromos: “Hay que mencionar a El Espectador y su Magazín Cultural, además de la revista Cromos, la más antigua de Colombia y de América Latina, que fueron otros hitos en términos de retratar la cultura descentralizada, la que contó lo que pasaba en otras regiones del país. Que Manuel Zapata Olivella, por mencionar solo uno de los colaboradores de Cromos, haya sido el reportero y cronista que narró historias desde Chocó, la costa Atlántica, etc., dice mucho de la intención de la revista por poner la cultura como un tema clave en la agenda social y política del país”.
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Otro punto interesante tiene que ver con cómo la cultura se fue abriendo a otras ciudades de Colombia. Si bien Medellín, Cartagena, Cali y otras capitales del país reforzaron las raíces de los autores y autoras con nuestro territorio, la relevancia de Bogotá fue clave para la visita de muchos pensadores. Frente a esto, Rincón comentó: “Bogotá fue durante mucho tiempo la primera urbe sobre la que se posó la mirada desde afuera; era el foco del interés por su cosmopolitismo, rica vida cultural pero, además, la Plaza de Bolívar y el cerro de Monserrate, que siempre fueron muy llamativos para muchos. Desde antes de conocerla, autores como Borges la tenían en gran estima por su idea de una ciudad en la que se amaba la literatura. Esto le dijo a un periodista al recibir la banda como ciudadano emérito de Bogotá: ‘¿Quiere saber cuál ha sido uno de los días más felices de mi vida? Dígale a su periódico y a todos los colombianos, que esta tarde ha sido grande. Imagínese quién no es feliz de ser recibido con sincero homenaje por toda una ciudad’”.
Quisiera que cada uno me contara qué historia los apasionó, si hay alguna o algunas en particular que les emocione recordar o contar y que hayan plasmado en este libro.
Juan Camilo Rincón: En 1968 Pablo Neruda volvió a Bogotá, veinticinco años después de su primera visita; se encontró con Miguel Ángel Asturias y viajaron a Manizales como jurados calificadores en el Festival Internacional de Teatro. Una maravilla imaginar a dos premios Nobel caminando por la capital caldense. Otra: en un encuentro hispanoamericano de escritores que se hizo en Cali en 1979 estuvo Camilo José Cela, futuro premio nobel de literatura. El periodista cultural Pedro Pablo Morcillo, junto con las poetas Maruja Vieira y Cecilia Muño lo llevaron por la noche caleña y terminaron en el bar Calandria. A eso sumémosle que también estaban Juan Rulfo y Manuel Puig; debió ser extraordinario ver a esos tres disfrutando de Cali.
Natalia Consuegra: Uf, es difícil porque todas son preciosas. Los españoles de la generación del 27, sobre todo Pedro Salinas feliz encantado con la variedad de frutas; Gabriela Mistral, que nunca vino, pero se encantaba con las mariposas del valle de Muzo; Borges fascinado con el nombre de Cartagena: “Ese nombre lo había escuchado alguna vez, siendo muy niño, en un libro de aventuras de piratas. Pero es un buen nombre para una mujer”.
¿Qué refleja cada una de las épocas que mencionan en el libro y qué dicen sobre nuestra historia y lo que hemos sido como colombianos? Me llama particularmente la atención la década de los 50, pues ustedes la llaman “Diálogos universales y un redescubrimiento de América”, como si aquí se diera un salto importante y un giro en la forma en la que se contaba y se concebía al país…
El siglo XX es como un recorrido que se hace en barco: una navegación por otros mares. En ese periodo se fortaleció una nación cultural y se continuó el proceso de país, uno que sigue hasta hoy. Los años 20 y 30 fueron el trasegar por tierras nuevas y una especie de despertar sobre nuestra identidad, la revivificación del pensamiento propio. Después del 9 de abril y en la década de los 50 se dio una ruptura donde nuevos pensamientos empiezan a hacer camino, con una mirada crítica de la cultura nacional y más allá de las fronteras. Se edificaron otras formas de ver y crear, con nuevos lenguajes. Lo interesante es que en cada década la cultura respondió a los hechos históricos, como en los años 90, por ejemplo, contra el narcotráfico y las violencias, con una producción que no se quedó callada y dio testimonio de su tiempo.
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