Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Pilar Quintana: “La infancia también es el lugar de los errores profundos”

En esta entrevista, la autora caleña habla sobre el carácter gótico y los miedos que quiso reflejar en Los abismos, su más reciente novela.

Andrés Osorio Guillott

30 de marzo de 2021 - 09:00 a. m.
Pilar Quintana, autora de "Los Abismos", obra con la que obtuvo el Premio Alfaguara de novela 2021.
Foto: Carlos Zárrate
PUBLICIDAD

Asistir al fin de la infancia, al momento en que la curiosidad reafirma esa etapa y a la vez nos lleva al desenlace de ella. Inmiscuirse en algunos vericuetos de la vida de Pilar Quintana, en las plantas que fueron una selva en su hogar cuando era pequeña, en los miedos que tuvo por el desamparo, en la vez en que leyó Qué viva la música y descubrió a su “padre literario”, como ella lo llama, y no solamente descubrir lo gótico de su ciudad, sino ver cómo un lugar como el Liceo Belalcázar, que fue su colegio, también es el espacio en el que Andrés Caicedo narró una parte de su novela más recordada. Los abismos exploran los deseos, los temores, los lados humanos del pasado y de un presente que rompe paradigmas.

Lo invitamos a leer Pilar Quintana: “El escritor debe ser capaz de ponerse en el lugar de otro”

¿La maternidad puede ser considerada una obsesión para su obra literaria?

Yo no quería tener hijos. Desde pequeña decía eso. Entre los 30 y los 40 no quería. Y me dieron ganas ya de vieja y tuve mi hijo a los 42 años. Para mí no era un tema, y nunca lo fue porque no deseaba ser mamá. Había algo tremendo que le decían a uno cuando estaba joven y quería ser escritora, y es que para poder serlo tenía que sacrificar la maternidad porque las mujeres o eran mamás o eran escritoras, que ambas cosas no se compaginaban. Yo decía: bueno, menos mal no quiero porque mi deseo de ser escritora es muy fuerte. Y apenas tuve mi hijo salió un caudal creativo impresionante. Fue algo absolutamente contrario a lo que me dijeron siempre. Para mí la maternidad no fue un impedimento. Yo no he tenido una obsesión con la maternidad sino con el deseo, sobre todo con el deseo animal. A mí me gusta mucho tratar el tema de qué tan animales somos. Siempre creemos que nuestra racionalidad nos separa de los animales, pero yo creo que eso hace parte de nuestro ser animal. Más que tratar o explorar la racionalidad, me gusta explorar lo instintivo, y en el deseo sexual, por ejemplo, lo instintivo y lo animal juegan papeles muy fuertes. Mis trabajos anteriores a ser madre se trataban sobre el deseo sexual. Había mucho de eso en mis obras. En cuanto fui madre, esa experiencia me hizo dar cuenta que donde más animales éramos no era en lo sexual, sino en la maternidad, en el deseo de tener un hijo no pasaba lo racional, eso era un deseo animal, biológico. Tenerlo en la barriga, parirlo, darle teta y sentir por este pequeño ser ese amor que tampoco pasaba por la razón, que era un amor de instinto, también era un lugar donde la animalidad estaba. En ese sentido digo que no es la maternidad sino el deseo mi obsesión literaria.

Read more!

¿Puede hablarse del deseo y una relación con la curiosidad de la protagonista por la muerte?

En La Perra hablé sobre el deseo de ser madre, el deseo incumplido de serlo. Los abismos es la otra cara de La Perra. Esto en el sentido de que aquí nos enfrentamos con una mujer, no la protagonista sino su madre. Estamos explorando la otra cara, no la de la maternidad deseada y buscada, no la del deseo animal que sentimos algunas mujeres por tener un hijo, y que se vuelve una obsesión y que toda nuestra vida está ocupada por ese deseo hasta que lo conseguimos y lo tenemos en brazos, sino la de una mujer que nunca sintió eso, que si hubiera podido elegir no lo hubiera tenido. Esta es esa cara, la de la maternidad no deseada. Este libro habla y se pregunta de cómo es ser hijo de una mujer que no tenía claro ser mamá, que tuvo a su hija porque era una imposición social, pero no porque ese hubiera sido su destino. Y ahí surge también no sé si un deseo por la muerte, pero sí la muerte como destino deseable; tengo una vida que no me gusta, estoy viviendo una vida que me impusieron, en la que no soy feliz, busco una escapatoria y no funciona, entonces aparece la muerte como un camino posible de salida y nos encontramos con una niña que descubre, que no había pensado nunca en el suicidio, y que a través de lo que habla con su madre, de lo que ve en ella, se da cuenta de que tal vez hay gente que elige morir, y ella nunca se había imaginado que fuera posible.

Read more!

La muerte rodea constantemente a la protagonista: ¿cómo pensó este tema desde la voz de la infancia?

Nosotros tendemos a pensar la infancia como un terreno donde corríamos y éramos inocentes y felices y no sabíamos nada. Creo que estamos idealizando la infancia, esa etapa también es el lugar de los errores profundos, y uno de los errores más profundos, porque yo lo viví, era pensar que se murieran mis papás y quedara huérfana. Era el miedo al desamparo. Uno necesita a sus papás para sobrevivir y yo recuerdo cuando mis padres salían a una fiesta y se demoraban, entonces a mí me daba terror de que se hubieran muerto. En la novela quería poblar el mundo infantil con esos terrores.

¿Cómo se piensa el mundo y qué tanto cambia cuando lo vemos desde la orfandad?

Esta novela va sobre la orfandad, y ahí se exploran otras maneras de ser huérfano. Todas las generaciones cargamos con traumas. La generación de mi mamá creció en una crianza muy dura. Uno de los traumas de mi generación es que teníamos unos padres que a veces eran incapaces de mirarse al espejo, que uno les nombraba la palabra psicólogo y era como un insulto. Nuestros papás no iban al psicólogo porque pensaban que estaban locos. Tenían problemas para reconocer sus propios errores. A veces era duro crecer. Mi generación de mujeres tenía la obligación de ser mamás. Era ese el mandato social. Tuvimos que cargar con la culpa de ser hijas de esas madres que quizá no estaban a gusto con la maternidad. También cargamos con sus frustraciones y muchas tuvimos que ser mamás de nuestras mamás desde chiquitas, y ese fue el fin de nuestra infancia. La novela va de esa orfandad, de esos niños que se sentían solos, que sentían que tenían que asumir los problemas de los adultos, que vivían en unas familias donde el silencio era un abismo súper grande porque no se hablaban los problemas.

No ad for you

Si le interesa leer más de Cultura, le sugerimos: Pilar Quintana: ‘Es desaconsejable la escritura, a menos de que no se pueda ser feliz haciendo otra cosa’

¿Estoy en lo correcto si digo que hay una crítica implícita al machismo en Los abismos?

Esta novela está situada en los años 80s después de la revolución sexual cuando ya las mujeres no eran consideradas santas, sino que tenían deseos sexuales. Eso está ahí en el aire. También hay algo y es que cuando somos niños sentimos muchas veces que nuestros padres existen para nosotros, y sobre todo pasaba con las mamás, porque los papás salían a trabajar y tenían una vida que los niños no conocíamos allá en la oficina, pero las madres estaban en la casa, y veíamos en ellas personas que solo eran madres. Mi hijo, que ha visto que soy una mujer profesional, cuando era más chiquito creía que la palabra mujer y la palabra mamá eran sinónimos, y yo toda feminista y aguerrida me escandalizaba y le explicaba que son cosas independientes. Aquí estamos en el momento de la pérdida de inocencia de una niña que se da cuenta de que su mamá no existe solo para ella, y no solo eso, sino que tiene una vida aparte de ella y es una vida oscura, prohibida, mediada por el deseo, y la descubre como una mujer que desea.

No ad for you

La naturaleza siempre está relacionada con las emociones. ¿Por qué esa constante metáfora en la novela?

La atmósfera para mí es muy importante, ese es uno de mis temas de autora. Yo quiero hacer sentir al lector que está habitando un lugar en la vida. Cuando a nosotros nos está ocurriendo algo hay una temperatura, un cielo de cierta manera, una luz, ese ambiente está metido en nosotros. Yo quiero que el lector cuando habite mi novela la sienta como si estuviera ahí metido, que sienta el calor, la lluvia. Sería muy débil si pongo el clima por ponerlo y si no tiene ninguna razón de ser en la novela. Yo intento que haya paisaje, temperatura, y lo hago no porque sí, sino para que haya tensión narrativa, para que ese clima narre la emoción del personaje, haga algo por la historia.

¿Y el tiempo cíclico?

A mí me gustan las historias redondas, donde todo lo que vos pongás tenga una razón de ser. Una buena manera de hacer eso es conectando el principio con el final. La selva no está ahí porque qué bonito tener una en un apartamento, sino porque esa selva representa algo para el relato. Me gusta esa correspondencia. Pero por otro lado yo creo que hay algo de eso en la vida. Cuando nosotros nos rebelamos contra nuestros padres en la adolescencia lo sentimos como unos señores vetustos y horribles, y soy diferentísima de ellos y hago lo contrario, pero cuando van pasando los años uno se ve repetido en sus padres, a veces en maneras que nos parecen chéveres, y otras en cosas que siempre odiamos de ellos. Es muy difícil huir del destino de convertirnos en nuestros padres.

No ad for you

Lo invitamos a leer Héctor Abad Faciolince: “El olvido es el gran fabulador”

Ya hablamos de los temores, y la novela está constantemente narrada desde los miedos de la protagonista: ¿cuáles son los miedos o cómo los asume usted desde su condición humana?

Hay una autora que me encanta y es Mariana Henríquez. Ella hizo algo maravilloso. Ella es de mi generación, pero en Argentina. Cuando la leo siento que está poniendo en escena mis miedos. En otro lugar, pero el miedo que ella siente lo sentía yo cuando era niña y estaba jugando a la ouija. Ella hace un cuento donde están jugando con la tabla y ven un desaparecido de la dictadura. Me parece que logró algo tremendo. Y en Los abismos yo quería hablar de los miedos infantiles. Hay algo ahí que está en mis venas por ser caleña, pero también por ser escritora caleña y es el gótico tropical. La gran novela vallecaucana es María, de Jorge Isaacs. Todo el mundo habla de María como la novela luminosa de la selva, y es una novela donde todo es lindo y maravilloso, pero al final se muere la mujer. La novela es luminosa hasta los últimos pasajes. Al final cuando Efraín regresa de Londres se vuelve un relato gótico. Todo es oscuro, los cielos son de tormenta, las aves negras, murciélagos que chupan la sangre. Y no hemos hablado lo suficiente del gótico de María. Y luego Andrés Caicedo, que es mi padre literario, tampoco lo hemos leído en clave gótica. La novela Noche sin fortuna y algunos de los cuentos de él son cuentos perfectamente góticos. Él leía mucho a Poe. Cuando estaba en el colegio leí Cumbres Borrascosas de Emily Bronté, y también leí Rebeca de Daphne Du Maurier, y el personaje de Los Abismos que lleva ese nombre lo lleva por esa obra, es un homenaje que hago ahí. Mis miedos infantiles, mi miedo a la orfandad es un temor que tenemos todos los niños en común.

No ad for you
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.